De diablos y danza: La singular celebración del Corpus Christi en Venezuela, que es Patrimonio de la Humanidad

Foto: MPPC

El festejo honra el momento en que Jesucristo convirtió el pan y el vino en «su cuerpo y su sangre». Pero en Venezuela implica unos rituales absolutamente diferentes.


Texto: Actualidad RT (Jessica Dos Santos)

Según la iglesia católica, la celebración de Corpus Christi, que se realiza nueve jueves después del llamado ‘jueves santo’, honra el momento en que Jesucristo convirtió el pan y el vino en «su cuerpo y sangre», mientras se encontraba junto a sus doce discípulos en la llamada última cena.

Esta celebración se hizo por primera vez durante el año 1246, en Bélgica. Sin embargo, se instituyó formalmente el 8 de septiembre de 1264 por el papa Urbano IV. Desde entonces, cada país recuerda esta fecha con procesiones formales o himnos eucarísticos. Pero, en Venezuela este momento viene acompañado de rituales absolutamente distintos.

El Corpus Christi a lo venezolano

En el país suramericano, desde mediados del siglo XVII, esta festividad católica incluye los ritmos de unos curiosos bailarines llamados ‘Diablos Danzantes de Corpus Christi’, que en el año 2012 fueron declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por parte de la UNESCO.

«Tienen una característica muy distintiva en relación a cualquier otra celebración del Corpus. En nuestro país participa un número significativo de diablos celebrantes, en más de once localidades de seis estados, tanto de la región de la costa central como de los llanos», dice a RT Benito Irady, presidente del Centro de la Diversidad Cultural de Venezuela.

Estos danzantes, cubiertos con mascaras alegóricas a diablos y animales, así como llamativos vestuarios que incluyen un velo con diferentes diseños y colores, participan en ceremonias religiosas, recorren espacios simbólicos, bailan con secuencias de pasos en forma de cruz y realizan divertidas improvisaciones.

Todo esto en medio de variadas expresiones musicales, que contemplan la ejecución de instrumentos de cuerda o percusión, y el uso de una maraca en la mano derecha, como forma de ahuyentar a los malos espíritus.

Finalmente, estas representaciones buscan mostrar la rendición de los diablos ante el Santísimo Sacramento, como forma de recrear el triunfo del bien sobre el mal.  «Es todo un arte la elaboración de sus mascaras, vestuarios, cantos, música, bailes, así como su forma de creer. Es una tradición se ha mantenido por más de 300 años porque es una de las más significativas formas de celebrar este culto, donde, además, participan descendientes de africanos esclavizados, de europeos y de nuestros propios pueblos indígenas», agrega Irady.

Según el experto, esta celebración surgió en las haciendas para la explotación de cacao y otros cultivos como la caña de azúcar, el café y el añil, en medio de la interacción de estas tres culturas: la indoamericana, la europea y la africana.

Más allá de los religioso

Durante estos bailes siempre se incorporan símbolos cristianos (la cruz, escapularios, entre otros), visibles o no, así como cencerros, pañuelos y cintas protectoras. Pero, aunque la celebración tiene un origen religioso, sus implicaciones culturales son aún más fuertes. «Es una manifestación que le da identidad a Venezuela», dice a RT el Ministro para la Cultura del pais suramericano, Ernesto Villegas.

Foto: MPPC

Los diablos están en regiones como Yare (estado Miranda), Naiguatá (La Guaira), Millán (Puerto Cabello), Orituco (Guárico), Tinaquillo (Cojedes), Maracay (Aragua) y Chuao (Aragua), «el mismo pueblo donde unos humildes pescadores derrotaron a unos mercenarios enviados por Trump» el pasado 3 de mayo, agrega Villegas al respecto.

El ministro destaca que estas manifestaciones también existen en otros países, pero considera que en el caso venezolano «tienen una significación especial». «Es reconocida por la UNESCO, lo que ha implicado una nueva oleada de interés y de afecto de los venezolanos hacia sus diablos danzantes».

Esta manifestación se expresa en el día de Corpus Christi, pero implica una preparación de años para elaborar las mascaras y los trajes. «Por eso se aplaude el trabajo de las familias que se involucran no solamente el día de la salida a la calle, sino todos los meses previos, lo que habla de una dinámica cultural que se ha sostenido en el tiempo«, destaca la autoridad.

Este año, a pesar de la pandemia de coronavirus y de las cuarentenas implementadas por el gobierno venezolano, los diablos tienen luz verde para realizar sus manifestaciones, apegados a las normas de higiene y distanciamiento social dictaminadas por las autoridades sanitarias y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Hasta el momento, Venezuela posee siete manifestaciones consideradas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad: los Diablos Danzantes de Corpus Christi, la Parranda de San Pedro de Guarenas y Guatire, los conocimientos y tecnologías tradicionales relacionadas con el cultivo y procesamiento de la Curagua, el Carnaval de El Callao, la Tradición oral Mapoyo, los Cantos de los llanos y la Palma Bendita.

 

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