EN FOTOS: Dudamel y la Orquesta Simón Bolívar conquistan el Palau de Barcelona

Una descarga de energía y entusiasmo musical sacudió el Palau de la Música Catalana, en Barcelona, el pasado domingo en las dos primeras sesiones de la integral de las nueve sinfonías de Beethoven que dirige Gustavo Dudamel. La excitante aventura musical tuvo en la fuerza dramática de la obertura de Egmont un arranque espectacular, en una sesión matinal centrada en las dos primeras sinfonías. Por la tarde, la carga dramática y la tensión rítmica de la Heroica mostraron el inmenso potencial de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela.

Texto: ElPaís (Javier Pérez Senz) / Fotos: Facebook del Palau de la Música Catalana

Tiene visos de hazaña esta integral de las sinfonías bajo la batuta del carismático director venezolano en cinco conciertos programados en cuatro días consecutivos. En el programa matinal, integrado por la Primera y Segunda sinfonías, más las oberturas de Egmont y Coriolano, Dudamel puso el acento en los lazos con la tradición de un Beethoven aún en deuda con Mozart y Haydn; por la tarde, los hallazgos revolucionarios de la Tercera y las innovaciones de la Cuarta mostraron la poderosa personalidad del genio.

Una gran hazaña es, sin duda, ver a una orquesta latinoamericana rompiendo estereotipos; tras este maratón Beethoven de Barcelona, ofrecerán el ciclo del 19 al 23 de marzo en la Elbphilharmonie de Hamburgo y cerrarán su gira europea del 26 al 30 con otros cinco conciertos en el Musikverein de Viena. Antes —el jueves— recalarán en el Auditorio Nacional de Madrid para interpretar la Novena con los coros del Palau, dirigidos por Simon Halsey, en el marco de un concierto conmemorativo de los 20 años del ciclo Grandes Intérpretes y los 30 de la revista Scherzo.

Se apunta un éxito el Palau al acoger el estreno de la gira de la formación estrella del sistema fundado por José Antonio Abreu (y fuertemente impulsado por el gobierno de Nicolás Maduro). Gira con un reto mayúsculo, pues interpretar las nueve sinfonías de Beethoven es un paso de gigante para cualquier orquesta. Hace 10 años, semejante empresa artística hubiera sido imposible; ahora, la Sinfónica Simón Bolívar ofrece una calidad profesional equiparable a la de las buenas orquestas centroeuropeas.
Otro lenguaje

La cuerda sonó con densidad y calidez, quizá con demasiada contundencia en los episodios más camerísticos de las dos primeras sinfonías, en las que Dudamel modeló un sonido más transparente y adecuado a la herencia del clasicismo que planea en estas luminosas partituras.

La orquesta exhibió músculo en las oberturas, con acentos más dramáticos y mayor brillantez en los metales. Las maderas mostraron finura y agilidad; las cuerdas ganaron flexibilidad y el sonido de la formación fue cada vez más redondo, sin perder nunca esa energía rítmica marca de la casa.

La afirmación del pensamiento sinfónico de Beethoven convierte la Tercera en la puerta de acceso a un nuevo lenguaje que marcará y cambiará por completo el género. La música es ya vehículo de emociones y anhelos con un significado espiritual que conmociona al oyente por su fuerza interior. Y Dudamel exploró los mil matices de la nueva y revolucionaria escritura sinfónica con un pulso dramático y una elocuencia narrativa fuera de serie.

En el empeño le siguieron con entusiasmo los músicos. No han perdido el entusiasmo juvenil, pero la plantilla suma a su imparable energía otros reflejos más profesionales y competitivos. Técnicamente, su respuesta en la Tercera y la Cuarta fue muy buena, más equilibrada y precisa que en la sesión matinal. Pero el secreto de la fuerza comunicativa de este Beethoven está en la actitud y la entrega; frente al tedio funcionarial de tantas orquestas, se dejan la piel en cada nota. Y esa entrega, ese compromiso, esa felicidad en compartir la fuerza de la música, acabó seduciendo al público del Palau en una fiesta musical de las que no se olvidan.

 

 

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