Desmienten suicidio del gran líder socialista: “Mi tío le dio el tiro de gracia a Salvador Allende”

allende01Dagoberto Palacios González, sobrino del general que comandó ‘El Tanquetazo’ contra El Palacio de La Moneda, hizo estas polémicas revelaciones al Diario Las Américas.


Texto: Diario Las Américas

Hace unos meses, el lunes 6 de enero de 2014, la Sala Penal de la Corte Suprema de Chile cerraba la investigación sobre la muerte de Salvador Allende. El sobreseimiento definitivo del caso –causa Rol 77-2011– dictaminaba que en el fallecimiento no hubo participación de terceras personas, avalando la tesis de que se había suicidado con el rifle AK-47 que le regaló su compañero Fidel Castro.

La sentencia, basada en la investigación del magistrado Mario Carroza, echaba por tierra la posibilidad de que el mandatario hubiera sido asesinado por los esbirros del general Augusto Pinochet, aquel fatídico 11 de septiembre de 1973. Una vez más, y tras 40 años de especulaciones, la polémica saltaba de nuevo a la palestra. Muchos siguen sin creer que el médico Salvador Allende, de 65 años de edad, se pegara un tiro en la cabeza. Y dicen tener pruebas para demostrarlo.

El primero en dudar sobre las versiones oficiales es Dagoberto Palacios González, de 55 años, sobrino del general Javier Palacios Ruhmann, quien acaba de revelar al Diario Las Américas que su tío le dio “el tiro de gracia a Allende’. “He confesado ahora porque mi padre acaba de morir y no quería hablar de este tema hasta su muerte. Durante una comida familiar alguien preguntó al general Palacios: ‘¿qué había pasado con Allende el día del Golpe?’. Mi tío nos contó que, tras una balacera, le había dado el tiro de gracia”, explica.

El sobrino del general, encargado de comandar el regimiento Blindado Nº 2 y rodear con tanques La Moneda, añade que “después de llegar a la casa mi padre me hizo rejurar de por vida que no iba a contar lo que había escuchado. Me dijo: ‘Esto queda guardado, porque tú tienes que cuidar el interés de la familia”. Hasta hoy, cuando Dagoberto, a pesar de “la amenaza pinochetista aún presente”, ha decidido contar su historia al Diario Las Américas.

Balacera en La Moneda

Las palabras de Dagoberto coinciden con otros testimonios publicados en el libro ‘Allende: Yo no me rendiré’, escrito por el periodista Francisco Marín y por el médico forense Luis Ravanal, y que está a punto de sacar una nueva edición actualizada, que se publicará en países como Italia y Alemania. En el documento, el chileno residente en Milán, Julio Araya Toro sostiene que su progenitor fue amigo desde la niñez del general Javier Palacios, quien les contó que en el asalto a La Moneda fue recibido con ráfagas de metralletas disparadas por Salvador Allende y algunos de sus hombres.

“Palacios gritó a los miembros del GAP (escolta de Allende) que se rindieran. El representante de Unidad Popular contestó: ‘¡Soy el presidente de Chile y si te crees muy valiente ven a buscarme, ‘conchetumaire!’. Tras unos segundos de sangrientos enfrentamientos dos militares hirieron en el estómago o el pecho a un civil que portaba una metralleta, un casco y una máscara antigás; el civil cayó al suelo”, se lee en el libro.

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“A Palacios le llamó la atención este civil. Se fijó que portaba un reloj fino. Al sacarle la máscara y el casco reconoció al presidente Allende. En ese momento sacó su pistola de ordenanza y disparó a quemarropa en su cabeza. Eran las 14:00 horas. Palacios y sus hombres trasladaron entonces el cuerpo del presidente Allende al salón Independencia para comenzar con el montaje del suicidio”, prosigue el trabajo de investigación.

El propio General Palacios también da sentido al testimonio de Araya. Una semana después del Golpe declaró: “Allende estuvo disparando todo el tiempo porque tenía las manos llenas de pólvora. El cargador de la metralleta estaba vacío. Había numerosas vainillas en la ventana. A su lado también estaba un revólver. Y cuando pasé a identificarlo, tenía un casco y una máscara de gases”. Esta trascendental declaración aparece en el reportaje ‘Recuerdos del General Palacios’, Ercilla N° 1991, del 26 de septiembre de 1973.

Palacios brindó otro testimonio similar en el documental ‘Más fuerte que el fuego. Las últimas horas en La Moneda’ (1978), donde sostiene que “hasta el último momento él (Allende) disparaba contra nosotros”. La evidencia de que Allende combatió hasta el final –y no se rindió- también fue refrendada por el corresponsal de Prensa Latina Jorge Timossi que señala en ‘Las últimas horas de La Moneda’ (13 de septiembre de 1973): “A las 13:52 minutos recibí una llamada desde Palacio. Era Jaime Barrios, asesor económico del Presidente, quien (…) me informó: ‘Vamos hasta el final. Allende está disparando con una ametralladora. Esto es infernal y nos ahoga el humo’”.

En la investigación se publican además una serie de antecedentes forenses que demuestran que Allende recibió un disparo con arma de bajo calibre en la frente, realizado a corta distancia. El más importante es el descubierto en 2011 por Leonel Liberona Tobar, el perito químico de la Policía de Investigaciones (PDI), que escribe en el Informe Pericial Químico N° 261: “En la muestra N° 3 (situada en la frente), se constató la presencia de plomo, bario y antimonio, cuyas concentraciones son compatibles con un orificio de entrada de proyectil balístico generado de corta distancia”.

El último fallo de la Corte en la investigación oficial fue dividido: de sus cinco miembros, uno, Hugo Dolmestch, votó en contra y se pronunció por acoger los recursos de casación presentados por los querellantes y, en consecuencia, anular la sentencia de primera instancia fallada por Carroza. Según el documento de la resolución de la Corte Suprema –número 5778-13–, Dolmestch argumentó que la investigación sumarial de la causa no logró “resolver la discordancia que surge del análisis de los informes periciales realizados”.

Explicó: “Los hallazgos descritos en el Protocolo de Autopsia número 2449-73 establecieron la existencia de un orificio de salida en la zona posterior de la bóveda craneana del ex presidente, incompatible con la destrucción causada por el impacto autoinferido con un fusil de guerra, lo que refuerza la tesis de la ocurrencia de a lo menos dos impactos de bala penetrantes en el cráneo, uno provocado presuntamente por un arma de mediana o baja velocidad y otro de fuente distinta, pudiendo corresponder a proyectiles y armas diferentes, circunstancia que no descarta la intervención de terceros”. Por su parte, las transcripciones de las conversaciones que intercambiaron los militares por radio el 11 de septiembre de 1973, publicadas en el número 539 de Interviú, dejan claro que los golpistas siempre tuvieron la intención de asesinar a Allende y a su familia.

—Que se caiga ese avión… —dice Pinochet.

—¿Cómo que se caiga?

—Que se caiga, que lo bombardeen, que tenga un accidente… Cualquier cosa, pero hay que matar a ese marxista ‘conchesumadre’.

Otro personaje que lleva tiempo declarando que al ex presidente lo mataron es el reconocido director de cine chileno, Miguel Littín. El cineasta recuerda que la comitiva oficial que trasladaba los restos de Allende se detuvo y por un lapso de tiempo de una media hora desapareció. Nadie dio explicaciones de lo sucedido.

Littín, con el que no ha podido ponerse en contacto este periódico, y quien levantó un acta notarial de este suceso por si moría antes de poder contar la historia, lleva tres años preparando una película sobre las últimas horas de su amigo, el ex presidente chileno. Se espera que ‘Allende, tu nombre me sabe a hierba’, en honor a la canción de Joan Manuel Serrat que el ex mandatario tarareaba durante la fatídica mañana de su muerte, se estrene el próximo mes de septiembre.

“Después de estudiar acuciosamente las circunstancias de la muerte del Presidente Salvador Allende me parece una locura que se haya terminado por imponer, en nuestra democracia y avalado por los tribunales de justicia, la tesis oficial de la Junta Militar que señaló que Salvador Allende se rindió y luego se suicidó con el fusil que le regaló Fidel Castro. Esto, en circunstancias que toda la evidencia objetiva que pudo filtrarse hasta nuestros días apunta en un sentido totalmente distinto”, manifiesta Francisco Marín, uno de los autores del libro ‘Allende: Yo no me rendiré’ al Diario Las Américas.

“Para la Junta Militar era imprescindible deshacerse de Allende, pero requería no cargar con la culpabilidad del crimen. Después del asalto a La Moneda la primera tesis que se manejó fue señalar que miembros de la escolta habían matado a Allende. Pero finalmente optaron por la tesis del suicidio”, explica.

“Demoraron 24 horas en darla a conocer porque requerían tiempo para cuadrar los elementos. Afortunadamente cometieron muchos errores, que hoy, a 40 años de lo ocurrido están saliendo a la luz. Tengo fe en que la verdad terminará por imponerse”, concluye emocionado. A principios de la semana que viene, el abogado querellante del caso Allende en representación de la Asociación de Ex Presos Políticos, Roberto Celedón, presentará una demanda contra el Estado chileno en la Corte Interamericana de los Derechos Humanos por denegación de justicia en el Caso Allende.

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