Contra la paz perfecta, por Freddy Ñáñez

(Foto: Archivo)

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Análisis del poeta y ministro del Poder Popular para la Cultura, pone en tela de juicio a quienes promovieron el “No” al plebiscito en Colombia por los acuerdos de paz, argumentando una “paz perfecta”, es decir, sin conflictos, sin tensiones, sin problemas, en otras palabras, sin el otro. “’O la paz perfecta o nada’, fue la dicotomía que manejaron las agencias detrás del No y cuyo mensaje tuvo repercusión en los dubitativos que se abstuvieron”, señala Ñáñez.

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A poco más de una semana del resultado plebiscitario en Colombia abundan los análisis, las movilizaciones de calle y las voluntades para consolidar una salida negociada del conflicto armado más longevo del mundo. Síntoma de que lejos de clausurarse el asunto con los resultados, se abren diferentes caminos hacia el mismo objetivo. Se ha dicho que el pírrico triunfo que cercenó este acuerdo tiene muchas connotaciones implícitas que, aisladas y pensadas en su singularidad, distan de ser consonantes con las razones de los apologistas de la venganza tipo Uribe, Pastrana y demás empresarios anónimos, cuya economía se sirve de la guerra. Otro tanto se puede decir del abstencionismo que alcanzó su mayor récord en la historia y del que aún sabemos poco. En otras palabras, gracias a la valoración política que se le ha dado al quiebre de lo que pensábamos iba a ser una fiesta nacional y continental, este no terminó de sepultar la esperanza.

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Quienes promovieron el impresentable No a este acuerdo de paz que tanto tiempo costó elaborar y sostener; además de valerse de una campaña difamatoria y distractora, y no me refiero únicamente en términos publicitarios sino también desde una perspectiva ética y política del tema; potenciaron en el colectivo el deseo de una “paz perfecta”, es decir, sin conflictos, sin tensiones, sin problemas, en otras palabras, sin el otro. El deseo de lo irrealizable conduce indefectiblemente a la frustración cuyo estado más dañino es la resignación absoluta. “O la paz perfecta o nada”, esa fue la dicotomía que manejaron las agencias detrás del No y cuyo mensaje tuvo repercusión en los dubitativos que se abstuvieron. Hacer de la paz un imposible fue la estrategia de los guerreristas para confundir a los colombianos. La criminalización de esta parte del pueblo que hizo la mayoría contra el acuerdo de paz, es lo que las mismas agencias esperan de nosotros. Creo necesario por ello desentrañar y entender el éxito de esta campaña que trabajó el miedo y el deseo con diestra perversión, sobre todo porque en esa propaganda está la clave de los nuevos desafíos de una cultura de paz.

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Esta emergente razón política que se propone la paz, como dije hace una semana, tiene por delante mucho más que el fin del conflicto armado (esto será, quizá, lo menos difícil de hacer). ¿Qué obstáculos se deben superar para lograr el acuerdo social? Desmontar el prejuicio de “la paz perfecta” que debilita la voluntad pacífica del pueblo. Es claro que no hay mejor manera de prorrogar una guerra que idealizando la paz. Lo que debe construirse desde ya es la dimensión subjetiva para un devenir de postguerra que contemple como un valor intrínseco de la convivencia, la conflictividad política, la divergencia ideológica y la contradicción de intereses, pues ellos hacen posible el desarrollo de la sociedad y la realización de la verdadera democracia. Empecemos por explicar que la paz es realizable porque no pretende el final de todos los problemas sino que ella es en sí un modo distinto de solventarlos. Conviene entender que (digámoslo con Estanislao Zuleta) “sólo un pueblo maduro para el conflicto, está maduro para la paz”.

Contacto: torredetimon@gmail.com / @luchaalmada

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