Elliott Abrams y el uso de la “ayuda humanitaria” para transportar armas a la Contra nicaragüense

Caricatura a propósito de la “resurrección” de Elliot Abrams por parte de Pompeo para intervenir en Venezuela. Fuente: The Real News

El pasado 25 de enero, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, presentó a Elliott Abrams como el nuevo líder del equipo de la Casa Blanca que “mediará” en la crisis de Venezuela. En un momento en el que Estados Unidos presiona para introducir “ayuda humanitaria” por la fuerza en Venezuela, resalta en el oscuro expediente de Abrams el haber transportado armas para la Contra nicaragüense dentro de vuelos de “ayuda humanitaria”. Sin embargo, no es lo único.

Compilación: Luigino Bracci Roa
Fuentes: El Diario (España) | Revista Semana | FAIR | NY Times

“La pasión de Elliott por los derechos y las libertades de todos los pueblos lo convierten en un candidato perfecto, valioso y oportuno”, dijo Mike Pompeo el pasado 25 de enero, apenas dos días después de que el gobierno estadounidense reconociera a Juan Guaidó como supuesto presidente interino del país, tras autojuramentarse en una plaza pública el 23 de enero.

Elliott Abrams (izq.) y Mike Pompeo el 25 de enero (Foto: Agencias)

A pesar de los halagos que recibió de parte del gobierno estadounidense, incluido el presidente Trump, Elliott es recordado en Sudamérica y en Oriente Medio por las intervenciones militares que ha propiciado.

Recordemos algunas:

El escándalo Irán-Contras

En Nicaragua, después de que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN, izquierda) derrocara en 1979 a Anastasio Somoza, un dictador apoyado por los Estados Unidos, Washington creó y financió a los Contras, un ejército de paramilitares que agarró muy mala fama por sus despreciables ataques contra civiles. La administración del presidente estadounidense Ronald Reagan (republicano y guerrerista) intensificó la guerra civil después de que el partido sandinista ganara ese año las elecciones, que fueron reconocidas como libres y justas por observadores internacionales.

Los Contras (Archivo)

Estados Unidos utilizó a la vecina Honduras para el apoyo a los Contras y el ataque al sandinismo, utilizando para ello a su embajador en ese país, John Negroponte. Se usaron numerosísimas bases militares hondureñas para entregar suministros a la Contra. Mientras la pobreza aumentaba, la ayuda militar de los Estados Unidos aumentó de $ 3,9 millones en 1980 a $ 77,4 millones en 1984. El ejército hondureño, especialmente el Batallón 316 entrenado en los Estados Unidos, cometió abusos generalizados contra los derechos humanos, incluidos secuestros, torturas y asesinatos. Negroponte trabajó estrechamente con los perpetradores y encubrió sus crímenes, según el embajador Jack Binns, su antecesor en el cargo.

Presionados por los informes de los medios y las protestas populares contra la intervención de los Estados Unidos en América Central, el Congreso estadounidense aprobó la enmienda Boland, que cortó la mayor parte de la ayuda militar a los Contras.

Ronald Reagan (de espaldas) recibe en la oficina oval a Elliott Abrams (centro) y John Whitehead (fondo), para una reunión sobre un viaje a Centroamérica, 24 de marzo de 1986.

El gobierno de Reagan, para eludir al Congreso y la indignación popular, inició una recaudación de dinero para los Contras desde fuentes privadas y extranjeras. Una de las “buenas ideas” que tuvo el teniente coronel Oliver North, asesor de Reagan y miembro del comité de Seguridad Nacional, fue vender secretamente armas de los Estados Unidos a Irán, que estaba en guerra contra Irak y sufría un embargo tras la toma de rehenes estadounidenses de 1979. Los beneficios de la venta, unos 47 millones de dólares, fueron canalizados a los Contras para financiarlos.

Ronald Reagan (der.) se reúne con Adolfo Calero (izq.), líder de la Contra nicaragüense, y Oliver North (fondo), asesor de Reagan en el tema Irán-Contras. 4 de abril de 1985.

Elliott Abrams participó en la operación, trabajó directamente con North y fue uno de los principales arquitectos de la operación. Fue condenado en 1991, pero solo recibió dos años de pena en libertad condicional por cargos relacionados con el “ocultamiento de información”. Años después, George Bush padre lo indultó.

Teniente coronel Oliver North, testificando ante el congreso por el escándalo Irán-Contras (AP Photo/Lana Harris)

Los contras cometieron más de 1.300 ataques terroristas gracias, en buena parte, al dinero que recibían de Estados Unidos, quienes fueron condenado por el Tribunal Internacional de Justicia por injerencia en asuntos internos, por uso ilegal de la fuerza y por violar la soberanía de Nicaragua. La operación es el ejemplo modélico de injerencia en cualquier manual de derecho internacional público que se precie.

“Los Estados Unidos de América, al entrenar, armas, equipar, financiar y abastecer a las fuerzas contras o al estimular, apoyar y ayudar por otros medios las actividades militares y paramilitares en Nicaragua y contra Nicaragua han actuado infringiendo la obligación que les incumbe con arreglo al derecho internacional consuetudinario de no intervenir en los asuntos de otro Estado”, señalaba el fallo.

Envío de armas en aviones de “ayuda humanitaria”

Una de las acusaciones contra Elliott fue registrada en The New York Times el 15 de agosto de 1987, y consistía en el envío de armas para los contras, camuflada en aviones con “ayuda humanitaria”.

Según el artículo, Robert Duemling, ex jefe de la oficina de asistencia humanitaria nicaragüense del Departamento de Estado, declaró en agosto de 1987 que ordenó dos veces a sus aviones que transportaran armas para los Contras en América Central bajo la dirección de Elliott Abrams, quien en ese momento era Secretario de Estado Adjunto. Los envíos involucraban armas que los contras necesitaban enviar a sus tropas, dijo el funcionario.

Contras nicaragüenses en 1990. Foto: Michael Stravato/AP

Los vuelos se realizaron a principios de 1986, cuando el Gobierno estaba prestando asistencia no militar a los Contras, y estaba vigente una prohibición de darles ayuda militar en el Congreso.

La oficina se encargaba de comprar y entregar alimentos y suministros no militares. Duemling dijo que no gastaron dinero en comprar armas, pero decidieron que las armas que eran propiedad de los contras podrían ser transportadas por los aviones de “ayuda humanitaria” en algunos casos.

El golpe de Estado de abril de 2002 en Venezuela

En un artículo en El Diario (España), el periodista Javier Biosca Azcoiti nos recuerda la participación de Elliot Abrams en el golpe de Estado de abril de 2002 contra Hugo Chávez.

Días después del intento de golpe, The Observer publicó que destacados miembros del gobierno de EEUU, liderado entonces por George W. Bush, estaban vinculados con la maniobra. El periódico británico informó citando fuentes diplomáticas y de la Organización de Estados Americanos que los golpistas, incluido el propio Carmona, se habían reunido periódicamente durante meses con miembros de la Casa Blanca y que el Gobierno de EEUU no solo conocía la operación, sino que la aprobó.

“El personaje crucial en torno al golpe fue Abrams, que opera en la Casa Blanca como director del Consejo de Seguridad Nacional para democracia, derechos humanos y operaciones internacionales”, afirmaba el periódico entonces.

Meses después del intento de golpe de Estado en Venezuela, Abrams fue nombrado por Bush como director de Oriente Medio y Norte de África en el Consejo de Seguridad Nacional, desde donde defendió y presionó a favor de la invasión de Irak de 2003 que acabó con el régimen de Sadam Hussein.

La masacre de El Mozote

Unos años antes, en diciembre de 1981, el batallón de élite del Ejército de El Salvador Atlacatl, apoyado y financiado por EEUU, cometió una masacre en la población de El Mozote y asesinó “deliberada y sistemáticamente” a centenares de civiles, hombres, mujeres y niños, en supuestas labores de contrainsurgencia. El informe de La Comisión de la Verdad de El Salvador de 1993 señaló que en El Mozote se identificaron 500 víctimas, pero “muchas otras no han sido identificadas”. Diversas fuentes señalan que murieron entre 800 y mil personas.

En declaraciones ante el Senado poco después de los hechos, Abrams declaró que las informaciones de centenares de muertos no eran “creíbles” y las calificó de propaganda comunista. “El batallón al que usted se refiere [Atlacatl] ha sido elogiado en varias ocasiones por su profesionalismo y por la estructura de mando y control cercano en que las tropas se mantienen cuando entran en batalla”, afirmó Abrams.

Años después, Abrams calificó la política en El Salvador de “logro fabuloso”.

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