El joropo tuyero, elaborada sabrosura

joropo_tuyero_02-lowresPedro Marín, músico, mandolinista, arreglista y compositor venezolano, nos describe las experiencias que vivió y le hicieron enamorarse del joropo tuyero o central, propio de los estados Miranda y Aragua en Venezuela. “Se constituye así el joropo como un bastión de resistencia cultural, sin chauvinismo y sin entrar en conflicto con lo foráneo, sencillamente porque los tuyeros tienen sentido de pertenencia y no sienten vergüenza de sus costumbres”, explica en su artículo.

Autor: Pedro Marín
Unidad de Investigación y Análisis del Despacho del Ministro

Alguien me dijo por allí, conversando sobre la complejidad de nuestra música, que los venezolanos somos «elaborados y talentosos». Esta frase, maravillosamente alegre, ilustra sin ambages la riqueza de nuestro acervo y de nuestro accionar como pueblo.

Ejemplos de esto abundan, solo hay que prestar un poco de atención y estaremos descubriendo estas «elaboraciones» por doquier. Es curioso por ejemplo, cantarle el cumpleaños a un familiar o a un amigo y escuchar a alguien dar la entrada de la consabida canción, en tiempo de vals, un, dos, tres… cuando el aire de la misma es más parecido a una marcha y sería más lógico contar: un, dos. Quizás, usted que me lee y no está tan familiarizado con términos musicales, pueda entender más claramente lo que estoy tratando de ilustrar, con el siguiente ejemplo: Mientras en muchos países alrededor del mundo, donde se celebra la Navidad, el plato central de la cena de Nochebuena es una pierna de algún animal al horno, nosotros aquí, pasamos días cortando carnes, aliños, adornos, limpiando hojas de plátano y el largo etcétera que implica la preparación de la maravillosa hallaca. ¿Elaborado? si, ¿Sabroso? también.

La única forma de acceder a los complejos códigos de nuestra cultura es, sin duda, estar en contacto con ellos. Si es desde la niñez, mejor. Nuestro pueblo que es sabio, que es culto siempre lo ha sabido. Es por eso que, cuando usted va a un baile de joropo tuyero, se consigue siempre a varios niños que son bailados por los mayores hasta que ya son capaces de bailar por sí mismos y entre iguales.

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Pablo Emilio Ramírez

El primer acercamiento que tuve con la música tuyera, mucho tiempo antes de convertirme en músico, fue a través de los discos. Era la época de los long plays y los pickups. Recuerdo especialmente un disco del maestro, ya fallecido, Pablo Emilio Ramírez «El Ruiseñor de Aragua» que grabara con el arpisto (así se le llama en el ámbito joropero a los arpistas) Alfredo Sánchez, mejor conocido como «El Cieguito del arpa». Descubrí entonces los golpes y los pasajes. Estos últimos me gustaban más pues tenían una parte bien sabrosa, bien rítmica que me daba un placer enorme. Tiempo después, aprendí que esta parte se llama «Yaguazo». En aquel momento, hacía algunos trabajos en mi casa a cambio de un dinerito que invertía todo en discos de música tuyera. Trataba de comprar, siempre, los que incluyeran más pasajes, por aquello de la parte sabrosa esa que tanto me gustaba.

Así empecé a conocer también a algunos de sus intérpretes: Silvino Armas, Manuel María Pacheco «El Turpial Mirandino», Salvador Rodríguez, Dionisio Bolívar, Ricardo Ramos «El Loro de Miranda», Margarito Aristigüieta, Fulgencio Aquino, Gabriel Rodríguez, entre otros.

Camino al baile

El joropo tuyero, goza de una muy buena salud. Todos los fines de semana, hay bailes en muchos lugares de Miranda, Aragua, el norte de Guárico y otras zonas aledañas. No obstante, llegar a un joropo o a un baile, no es cosa sencilla si no se tienen los datos exactos.

La primera vez que fui a un joropo, lo hice en compañía de mi hermano Javier, que también es músico. Fue realmente una aventura pues no conocíamos a nadie que nos indicara cómo llegar y además, no teníamos la certeza de que hubiera un baile. Nos dirigimos a Guatire y allí empezamos a preguntar, la gente nos iba guiando y en un punto alguien nos dijo: «En Salmerón está la feria de la mandarina, ahí hay baile seguro».

Tomamos la vía a Salmerón, que es un caserío en donde se produce toda la mandarina que se consume en esta parte del país, y en cierto punto, nos tropezamos con un río, pensamos que estábamos equivocados de ruta, pero alguien en el camino nos dijo que era atravesándolo y que nos encontraríamos otro más adelante. Una vez que llegamos al sitio, fue sorprendente constatar que estábamos en pleno campo, apenas a una hora y media de Caracas. Digo que fue sorprendente pues uno como citadino, piensa que las zonas rurales están más alejadas y que todo el país es más o menos como Caracas, error que se comete sobre todo por nuestra estructura de pensamiento «pequeño burguesa» que nos hace creer que Caracas es Venezuela.

En Salmerón conocimos al arpisto Alejandro Mejía y al cantante Lino Castro. De allí en adelante, ellos se convirtieron en nuestros aliados y solo con una llamada telefónica ya podíamos ubicar más fácilmente un baile. Después fuimos conociendo más gente: Antonio Armas, Máximo Cañongo, Lino Cardozo, Yustardi Laza «El Príncipe del arpa», José Miguel Arteaga «El Expreso de las Dolores», el gran maestro Manuel de Jesús Ruíz, mejor conocido como «El General del arpa», Xiomara Pérez, Briswell Ríos, Esteban Ramos «El Perico», «El Perico III», Ridel Castro y otra gran cantidad de músicos, bailadores y bailadoras de una calidad impresionante.

En los bailes, la gente va a disfrutar, a dedicarse al coqueteo y a entregarse a las bebidas espirituosas. En ningún caso, las y los jóvenes que asisten, piensan o sienten que están rescatando alguna cosa. Es un medio de socialización en donde se sienten parte de un colectivo que maneja los mismos códigos, en donde conocer los temas y saberse los pasos de baile los hace conectarse. Disfrutan de la danza y del placer corporal que ésta da a las parejas. Lo que ocurre allí, es exactamente lo mismo que sucede en cualquier discoteca, con la diferencia que la música que se escucha y se baila es joropo tuyero, que es bastante más elaborada y densa que el reguetón, la música techno y tantas otras que se emplean en los lugares nocturnos.

Se constituye así el joropo como un bastión de resistencia cultural, sin chauvinismo y sin entrar en conflicto con lo foráneo, sencillamente porque los tuyeros tienen sentido de pertenencia y no sienten vergüenza de sus costumbres. Los músicos además, se desarrollan en su arte pues el circuito de los bailes les permite vivir dignamente de hacer su música.

Estar en un baile en donde hay 400, 500 ó 1.000 personas es una experiencia inefable, es una energía única que todos los venezolanos deberíamos experimentar por lo menos una vez, aunque seguramente usted quedaría atrapado como yo en ella, con ganas de disfrutar una y otra vez de esa elaborada sabrosura, que forma parte sustancial de lo que somos como pueblo y que, no por casualidad, nos ha llevado a ser libertadores y revolucionarios.

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