“Diario venusiano” o la mujer, Dios, y el mar, según la escritora Indira Carpio

Diario venusiano (Libero Editorial, antes Liberoamérica) es el poemario sensorial de la periodista y escritora venezolana Indira Carpio OlivoDiario venusiano es el tercer libro de la autora que pone fin a un tríptico narrativo-poético sobre su genealogía desde la figura de la abuela, mujer que se alza como el mar. Este poemario, escrito mayormente en prosa, es un libro que llama a lo sagrado desde la violencia. La escritora dialoga con todas las mujeres que han sido y con su cuerpo, teje en su libro una red de correspondencias y reflexiones.


Fuente: Bambamag.com

Le ofrece a quien decide leer este libro-manifiesto (el quinto de la autora)  un pasaje por la historia de la carne que es tomada a la fuerza. La autora venezolana, que ha sido mención especial en el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, también ha sido reconocida por sus trabajos anteriores Frutos extraños o Cartas de agua. Es ahora en Diario venusiano donde desarrolla la voz de una mujer que madura su relación con el mundo, una mujer capaz de reconocer en su vida la expresión de la naturaleza, del espíritu universal, capaz de cuestionarse su papel en la historia.

Inés Martínez, editora de Libero Editorial conoció a la autora en el Encuentro de Mujeres y Escritura que se celebró el pasado año en Madrid. “La voz de Indira me guió” explica Inés “fue la lectura en voz alta de un texto que se encuentra ahora en Diario venusiano cuando se produjo esta magia: la conexión”. El texto al que se refiere comienza así:  “Tenía doce años y la piel primera”. Y confirmamos que esa red invisible entre ambas te atraviesa en el prólogo del libro. Parece que la publicación de Diario venusiano no estaba en manos de ambas, sino de algo más. Tenía que gestarse así. La escritura de Carpio despertó en ella apetito “Indira es una mujer muy sabia, muy fuerte; como escribo en el prólogo Indira se alza esbelta y pausada en la lectura, ya sea de sus textos o de nuestras vidas, de toda la narrativa que nos rodea. Quise enseguida tratar temas que gracias a ella cobraban de nuevo interés en mí, para plasmar en mi propia escritura la violencia y la fiereza, algo que ella logra hacer muy bien. Su escritura entremezcla misticismo y cotidianeidad, su escritura es fiera aunque también cálida, sus letras bailan en torno a la luz de una luna roja, con su escritura invoca a todas las escritoras y mujeres artistas que le preceden, a toda una familia. La escritura de Indira es genealógica, ahonda en las raíces, en la etimología, en las escrituras bíblicas. Creo que Indira es una de las voces literarias con más fuerza e ilusión del panorama actual poético y narrativo venezolano, ya solo eso debiera ser suficiente para que quien quiera lea su obra y sienta que la “descubre”. En Bamba hablamos con ella para también, descubrirla.

Diario venusiano es un título evocador, sensorial. ¿Por qué? 

Diario, porque en los otros textos poéticos que anteceden a Diario Venusiano había explorado distintos géneros literarios de la intimidad y la interioridad. Entonces, quise finalizar con un diario, o un intento de diario, esta idea de contar una historia en tres partes.

La verdad es que los últimos dos títulos son una provocación para contradecir y saltar los géneros. Recurrí al uso de las acotaciones del guion teatral para urdir Frutos extraños (Fundarte, 2018), a lo epistolar en Cartas de agua (Índigo, 2020) y por último me pareció preciso adentrarme en el espíritu de este personaje, y sus formas de contar el mundo, en un diario.

Venusiano, porque se trata de la historia de la abuela, a la que en los otros trabajos apodaba Venus roja, para diferenciarla de la nieta, que lleva el mismo nombre. Con su diario quise contar la historia de una mujer que funda tres generaciones vúlvicas de escritoras, representadas por ella misma, su hija y la nieta, cuyas voces se desarrollan en cada uno de los libros, siendo éste último el término de un tríptico poético y narrativo. Éste diario, en la historia, lo recupera la nieta, después de que la abuela muriese. Así las cosas, estamos leyendo el diario de una poeta muerta.

Podría hablar del simbolismo de Venus, del planeta, su representación de lo femenino, su calor, la uve de venus que tiene forma de vagina, etcétera, pero la razón de que se llame así es muy instintiva: se debe a la creación de un personaje que nació sin que se le pensara mucho, como el primer árbol, sin explicaciones, sin que recuerde de dónde le proviene el verdadero nombre, el elegido.

Diario venusiano

¿Por qué decidiste unir en Diario Venusiano a la mujer, el mar y el concepto de Dios? ¿son todo Una?

Es que justamente lo escribí durante una profunda revisión de mi relación con estos conceptos. He sido una mujer en formación, y digo en formación porque todavía dudo de la definición (de ser mujer), que ha estado muy influenciada, en mi caso, por dos generaciones de amazonas adoloridas, dolorosas, dolientes, que encuentran en el padecimiento una forma de sobrevivir y de controlar todo lo que las vive. En ese sentido y, siendo madre de dos mujeres más, me ha sido necesario cuestionar mi relación con esos conceptos de maternidad, para tratar de no heredar las formas de esta institución opresiva y oprimida. Digo Dios como decir Diosas, como decir Universo, como decir origen, nada, vacío, cielo, misterio, y la mujer es, según la tradición (oriental), vehículo de la creación, una especie de dialogante directa con eso que llamamos dios (en minúscula). Y, ¿hay cosa más magnánima y perfecta que el agua, los ciclos del agua? No podría dejar de ser expresión de lo divino cuando sabemos todas y todos que “agua eres y en agua te convertirás”. Sí, definitivamente, estamos hablando del maridaje entre estos tres conceptos, entendiendo que el uno sin el otro subsiste, pero saben mejor si se les combina.

Háblanos de tu proceso de escritura. Cuándo, dónde, bajo qué estado anímico…

—Yo escribo siempre. Ningún estado estado de ánimo me condiciona. Me acostumbré a escribir con dos niñas encima. Claro que hay veces que eso me supera, que necesito tranquilidad, silencio, concentración. Pero creo que el ser periodista me regaló la fórmula para escribir contra reloj, bajo la circunstancia que sea, en cualquier formato. El ser hija de una -en otrora- titiritera, el estar bajo los influjos del teatro durante mi adolescencia, el leer todo lo que se me cruza, estudiar cine, todo eso me mancha. Pero sobre todo, pertenecer  una familia con una historia inenarrable, alguien tenía que contarla después de todo, de lo contrario esa olla de presión podía estallarme en el pecho, volverme loca. Escribir para no enloquecer. Escribir para sobrevivir. Escribir para desintoxicar. Escribir para no matarme. Escribir para matarme. Escribir para comprender porqué todo es tan difícil. Escribir para simplificar los procesos. No sé si algún día voy a odiar la máquina (de escribir) como Simone odió el piano. Aunque para ser honesta, no soy ni por la medida chiquita equiparable a Nina y, expresada esta verdad, tampoco creo que vaya a odiar la máquina. En todo caso, quisiera escribir mientras pueda y hacerlo placenteramente, aunque nunca resulte fácil.

Uno de tus versos en Diario venusiano me ha sobrecogido: Una mujer debe aprender a respirar / debajo del agua / y poder escribirlo. Háblanos de lo que hay detrás.

Cuando escribí ese poema, en específico, lloraba muchísimo, ya no recuerdo porqué, pero quería escribir así y así lo hice. Lamento la literalidad. Me preguntaba más adelante cuál es el origen de las lágrimas, y su destino. No hay respuesta, solo un acertijo. De ese misterio nos alimentamos las curiosas. Si la cabeza es como el cielo, ¿las lágrimas se cuecen por evaporación? ¡Pura literalidad!

Háblanos de tus trabajos anteriores: Mujerícolas, Frutos Extraños y Cartas de Agua. ¿Qué parte de ti has dejado en cada uno de ellos y cuál has reservado para Diario Venusiano?

—No he dejado nada en mí. Cuando he escrito cada uno, di lo que tenía. Sólo que, cada uno se escribió cuando yo creía ejercer un rol, y eso significa que dispuse para cada uno una serie de herramientas que puede condicionar las formas del decir.

Cuando escribí Mujerícolas (El perro y la rana, 2017), por ejemplo, hice una a una las historias para entregarlas semanalmente a una revista digital y para ese momento yo era una periodista, una que estaba interesada en la literatura y no concebía un cuento sin poesía, pero era antes que nada una periodista.

En cambio, con Frutos extraños me atreví a contar esta historia a través de la poesía, en verso y prosa, y todavía más: se me ocurrió participar en un concurso nacional de literatura, y todavía más: se me ocurrió ganar, y todavía más: se me ocurrió que fuera el comienzo de la historia de tres mujeres, y todavía más: lo hice. Aunque Frutos tiene todo de poeta primeriza, es el germen.

Cuando escribía un poema de Frutos Extraños, en el que Gisela se va de casa, se lleva ciento once cartas. Justo cuando conté aquello, me di cuenta de que elaboraría cada una de esas cartas y ése sería el segundo libro, que terminó llamándose Cartas de agua. Cartas de agua vino a significar el puente.

En Diario venusiano se desarrolla la voz de una mujer que madura su relación con el mundo, una mujer capaz de reconocer en su vida la expresión de la naturaleza, del espíritu universal, capaz de cuestionarse su papel en la historia, como mujer, como ser humano, como  madre, como abuela, como amante de hombres y también de mujeres. No es la historia de una abuela, es la historia de una matriarca, dicha en pocas palabras.

Obtuviste mención especial en el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2016, ¿qué supuso para ti?

Para mí fue una sorpresa, porque no me postulé nunca. También porque mis trabajos no eran precisamente académicos o trabajos de investigación documental persé, sino más bien una mezcla ecléctica de todo lo que he precisado saber para poder inventar. Y, como sabrás, el invento, la ficción, no es bien vista por el gremio periodístico, así que fue toda una sorpresa el reconocimiento de eso que hacía y que, hasta para mí, era extraño, un “fruto extraño”, por cierto. Al final, me sentí muy agradecida de no traicionarme.

Hablas en uno de tus textos en Medium sobre el feminismo y su doble filo. ¿Cuál es el feminismo de Indira Carpio a día de hoy?

Pasa lo mismo que con “la” literatura latinoamericana, “el” feminismo no es tal cosa. En todo caso, hablamos de las literaturas, los feminismos. En plural. Con todo y ese reconocimiento, no soy de ponerme etiquetas. Acompaño las luchas de los feminismos más jodidos, aunque me sé blanca, occidental, formada académicamente, y eso me confiere ciertos privilegios que otras mujeres no “disfrutan”. Aun así, hago parte de una masa de mujeres vulneradas: latinoamericana, venezolana, de un origen muy empobrecido, violentada, madre, de la periferia. Milito en colectivos de mujeres que pretenden algunas independencias, la económica por ejemplo, la intelectual también; colectivos donde prevalece el reconocimiento de la diversidad, sin usurpar las voces de las mujeres que han sido solapadas por una especie de moda, una ola -tsunami, le llamarían autoras mexicanas- ola, que podría dejar en el subsuelo lo que está en el subsuelo, eso de que cambie todo para que no cambie nada. Repito la frase de Ángela Davis que explica que “el feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas” para decir que en la generalidad de las cosas, me gustaría ser considerada como una igual, sin que ello represente la eliminación de mi diferencia.

“La clave para ser mujer / toda mujer la sabe / y la olvida”. Dices en otros versos de Diario venusiano. ¿por qué crees que la olvidamos?

Porque nos mantienen-mantenemos distraídas. Sabemos, somos animales de la intuición. Pero la cultura, la sociedad, la religión, la historia, la política, la ley, el matrimonio, la familia, el romanticismo, las instituciones nos borran y somos mujeres borrosas y no mujeres en su totalidad, olvidadas de nosotras mismas. Pero además, en ese poema en específico, hablo del reconocimiento a las abuelas y sus formas arcaicas, las abuelas que nos hablan, nos dicen y nosotras descreemos.

Indira: Consideras a Venezuela como un ‘País de Poetas’ y un ‘Hervidero de talentos’. ¿Qué poetas o escritoras tenemos que descubrir o redescubrir?

Sí, considero que Venezuela es una cantera de mujeres escritoras y también que no soy quién para “descubrir” a ninguna. Pero me atrevo a recomendar contemporáneas (porque las totémicas son publicadas y re-publicadas constantemente): Katherine Castrillo, Yanuva León, Cristina Gálvez Martos, Deisa Tremarias, Minerva Vitti, Alborada Cocolutto, Dariela Tello, Giovannina Rodríguez Torcate, Carla García Citerio, Giordana García, Bolívar Pérez, Pamela Rahn, Angélica Guevara, Paola Muñoz, Mariana Libertad, María Alejandra Rojas, Oriana Orozco, María Alejandra Rendón, Oriette D’Angelo, Aquarela Del Sol Padilla, Enza García Arreaza, María Gabriela Lovera, Caneo Arguinzonez, Amarú Vanegas, Marcela Lunar, Blanca Haddad, Esmeralda Torres, Bolívar Pérez, Diana Moncada, Sol Linares.

Indira: ¿Qué es lo que te mueve para escribir? ¿qué es lo que te inspira ahora? ¿cuál será tu siguiente proyecto?

Tengo un montón de cosas “escribibles” que todavía no ordeno, puede ser que resulten en una novela o un libro de cuentos. Estoy constantemente en vilo, no me deja dormir esto.

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