El arte bajo la mira, por Oscar Sotillo Meneses

Las relaciones capitalistas de producción y todos sus derivados ven las manifestaciones artísticas como potenciales enemigas. En el ámbito individual, la expansión de las capacidades creadoras, imaginativas y poetizadoras, acercan al ciudadano a la práctica constante de imaginar otras realidades, a ser inconforme con las condiciones materiales y a hurgar en la compleja espiritualidad de su tiempo. Los mecanismos capitalistas son por naturaleza cosificadores. Simplifican toda relación humana a lo meramente intercambiable en términos de mercancía.


Originalmente publicado en el Diario Vea

El arte, dentro de la lógica capitalista sacraliza las fetiches de la clase dominante y simplifica los procesos creadores a sus aspectos de producción de mercancía. De allí que la prioridad sea una categorización económica acompañada de sus adláteres: la academia, los mecanismos de difusión y promoción, y la vigilancia severa de todo lo que pretenda perturbar la reproducción de este modelo.

El capitalismo no existe localizado en un territorio acotado. Sus mecanismos funcionan en cualquier tierra fértil para su lógica reproductiva. Incluso en espacios donde se emprenden proyectos alternativos. Uno de los símbolos claros de estos mecanismos es la desvalorización acentuada de la belleza, de la sensibilidad estética, de la no priorización de la naturaleza creadora y creativa del individuo dentro de su tejido social. Ante esto, los mecanismos de naturaleza capitalista prefieren un sujeto alienado, un consumidor que no se hace preguntas, un ciudadano que se conforma con los dictámenes de las maquinarias de propaganda.

El arte, la belleza, la sensibilidad, la poesía, debe ser un lenguaje cotidiano en los espacios que pretenden transformar la sociedad de manera significativa. La belleza es un derecho social, un espacio de expansión del espíritu humano y su dignidad. La razón de la existencia humana es la experiencia plena del universo físico y espiritual que lo contiene. Todo lo que vaya a favor de profundizar esta experiencia ha de ser considerado revolucionario. Todo lo demás son tinglados que el capitalismo y sus mecanismos, no siempre visibles, coloca como obstáculos en el largo camino de la experiencia humana.

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