Motorizado sobrevive y narra su encuentro con una guaya en Mérida

A mediodía del jueves 4 de mayo, Víctor Hugo Alcántara salió en moto, para comprar el pan de la cena, tarea cotidiana del mensajero de 42 años, que sería interrumpida por una trampa mortal, en la calle 1 de la urbanización El Carrizal, en Mérida, estado ubicado en la región andina de Venezuela.

Texto: AVN

“A eso de la 1:30 salí para Alto Chama a buscar pan para la cena (…) Cuando bajo, veo que hay un grupo de ‘manifestantes’ en la entrada de El Carrizal”, comentó el trabajador del Estadio Metropolitano de Mérida y ciclista, en una entrevista concedida a la Agencia Venezolana de Noticias (AVN).

“Mi pasión es el ciclismo. Cada día desde las seis de la mañana, estoy afuera con el grupo para entrenar (…) activos constantemente. Uno no sabe cuándo le toque una competencia y hay que estar preparado”, comenta en un intermedio Víctor, quien convive con su padre, un adulto mayor a su cuidado.

Trampa mortal

Al volver de la panadería, Víctor Hugo decide evitar la intersección de la avenida Andrés Bello, donde antes vio al grupo de agitadores. Toma un atajo por la calle número 1 de El Carrizal.

“Cuando voy pasando para retornar allí en el cruce, siento el tirón hacia atrás. No vi los alambres (…) fue de repente y caí de la moto”, relata.

Salieron varias personas y algunas le ayudaron – comenta el mensajero – y dice que tomó un espejo de la moto para verse el rostro.

“Veo los labios caídos, producto de la guaya que habían puesto (…) Esto no debería estar pasando, sólo porque la gente quiere llegar al poder”, fue uno de los pensamientos que recuerda haber tenido en la conmoción.

“Por la mano de Dios no pasó a mayores cosas. No iba a mucha velocidad. De haber ido a 50 o 60 (kilómetros por hora), creo que no estuviera para contarlo”, sostiene.

Mentiras en la red

Al frustrado homicidio contra Víctor, siguió una “pequeña” campaña de descrédito por las redes sociales, donde acólitos de la llamada oposición lo tachaban como integrante de un “colectivo armado”.

“Que yo estaba armado, que llevaba un chopo (escopeta) y que pertenecía a un colectivo ¡Falsedades! Lo que tenía era una bomba de aire”, asegura Víctor en su hogar y enseña el dispositivo manual, que usa para insuflar aire en el caucho de su moto.

“Hay otras maneras de protestar. Eso que hicieron, es una copia de lo que llaman fascismo y eso no es propio del ser venezolano”, agrega el deportista que amablemente accedió a ser entrevistado en su hogar.

La solidaridad es nuestra valía

Víctor afirma que la solidaridad es divisa y valía del venezolano, para muestra, relata que una enfermera y una doctora, de nombres Aracelis y Lola, trabajadoras del Hospital Universitario, asumieron el cuidado directo de su condición, apenas conociéndole.

En una vivienda, a las afueras de Mérida, lo acogieron hasta la recuperación plena de sus heridas, que ameritaron la intervención de cirujanos plásticos y más de 100 puntos internos y externos de sutura en el maxilar inferior, rostro y cuello.

“Gracias a Dios me encuentro perfectamente (…) creo que por ser deportista, la recuperación ha sido rápida”, afirma Víctor, quien recibió apoyo adicional de su hermana, residenciada en Zulia.

¿Qué le diría a quienes pusieron la guaya?

“Soy cristiano evangélico (…) uno tiene que perdonar. Yo dejo eso en manos de Dios (…) si me toca perdonarlos, que estén frente a mí, yo los perdono. No tengo que tener rencor, ni odio”, asegura.

“La oposición en 18 años ha inculcado odio a sus seguidores. Es lo que vemos ahora. En el páramo – comenta – a un artesano por el solo hecho de pensar distinto, le quemaron su casa. Sólo por el hecho de ser chavistas nos están persiguiendo”, argumenta.

“Supuestamente estamos en una ‘dictadura’ “, apunta sobre la matriz de opinión pública que fomenta la derecha venezolana.

“Con lo que vemos, aquí no hay ninguna dictadura (…) Esa gente, pretende una licencia para matar. Cometen asesinatos a diestra y siniestra”, opina.

El de Víctor es un caso en la escalada de violencia. En Mérida las convocatorias a marchas y “plantones” (parar), efectuadas por voceros de la llamada Mesa de Unidad Democrática (MUD) han derivado en hechos violentos, con saldo de más de una veintena de trabajadores de la Gobernación y de entes públicos, efectivos policiales y de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) heridos por armas de fuego, armas blancas, objetos contundentes y trampas para motorizados. El balance local incluye tres homicidios.

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