Leopoldo Castilla: La poesía debe alertar la extensión de la crueldad

Leopoldo Castilla (Archivo/AVN/Maiquel Torcatt)

Leopoldo Castilla (Archivo/AVN/Maiquel Torcatt)

Nació en casa de poeta, según cuenta. Fue en 1947, en la provincia argentina de Salta. De ahí, del hacer de su padre, que haya estado “comiendo y bebiendo poesía desde chiquito”. Pero no fue sino hasta 1961 (contaba con 14 años para entonces) que decidió escribir su primer poema. “Mis primeros versos, porque de poema no tenía nada”, corrige. Porque para Leopoldo Castilla, ganador de la quinta edición del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora (2014), eso que debe tener un poema es simplemente la poesía misma. Y no sabe cómo se da cuenta de que un poema tiene eso, porque la poesía debe ser reconocida “con el corazón”, y se intuye. Debe ser algo que asombre, que puede ser una emoción estética, sentimental.


Texto: Prensa MPPC

Ya para 1968 habría encontrado esa poesía, pues publicaba su primer libro, El espejo de fuego. Pero, exiliado de su país durante la última dictadura militar, aprendió a ver también la poesía como una trinchera de resistencia ante los horrores del mundo: “Desde hace muchos siglos viene defendiendo la armonía del hombre con la naturaleza, defendiendo las causas más justas, desollando la hipocresía del mundo. Eso hace un cúmulo de valores al cual es necesario que alguna vez llegue la política, llegue la sociedad, mientras tanto, sobre todo en estos tiempos en que la crueldad se ha extendido a límites feroces”.

En ese sentido, ve en la poesía la capacidad de responder ante una necesidad: “Hay que atacar la guerra, acabar con la idea de la guerra. Se supone que se ataca defendiendo la paz, pero no. Hay que desmontar la idea de la guerra, desmontarle el escenario, la falsa escenografía. La poesía tiene que hacer un llamado de alerta, dar una alerta roja frente a la extensión de la crueldad”.

Un canto al Asia, la afición por el viaje

El poemario con el que ganó el reconocimiento que otorga la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg) –y que le será entregado de manera oficial la tarde de este miércoles- es ante todo una obra que responde a algo que considera parte de sí mismo: el viaje.

“Yendo por todo el mundo me he dado cuenta que han ido saliendo poemas que van hablando de los cinco continentes, y ha ido saliendo este proyecto”, cuenta. No se refiere sólo al premiado Gong (canto al Asia), sino a parte de su obra, aunque no se restringe a ser un poeta viajero, como repite insistente.

Con el premio en metálico que otorga el Víctor Valera Mora (100.000 dólares) piensa continuar con los viajes, “para finalizar este proyecto”. Por eso, para febrero del próximo año tiene previsto volver a la Polinesia, un grupo de islas ubicadas en el océano Pacífico.

Relación con Venezuela, su poesía y sus poetas

Su relación con Venezuela ha sido siempre amable, como cuenta sobre su estancia en el país. Además, ve en sus colegas venezolanos algo que describe con asombro: “Poca poesía hay en lengua castellana, donde esté el país, la patria, la tierra con tanta luminosidad como aquí en Venezuela”. En ese sentido, se refiere específicamente a Luis Alberto Crespo, finalista del premio, como “un gran poeta latinoamericano”.

Finalmente, en referencia a las políticas culturales y de masificación de la lectura en el país, valora que se ha hecho “con la difusión de la poesía, de la cultura, una maravilla”. Porque considera que la poesía es parte fundamental de la educación, y debería tener más presencia en los espacios académicos.

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