Historiadora Iliana Morante: José Gregorio Hernández abrió las puertas de la Medicina moderna en Venezuela

Fotos: Prensa MPPC y redes sociales

«José Gregorio Hernández (JGH) era un hombre extraordinariamente excepcional y polifacético, mi acercamiento con la vida del Beato fue prácticamente por gajes de mi trabajo en la Biblioteca Nacional. Al estudiar su vida me encuentro con un hombre científico, médico, dedicado a la investigación que abrió las puertas de la modernización de la Medicina en Venezuela». La afirmación la hizo la historiadora Iliana Morante Osío durante su entrevista en el programa Aquí con Ernesto Villegas, conducido por el periodista y ministro del Poder Popular para la Cultura, espacio en el cual abordó varios tópicos de la vida del médico venezolano.

Texto: Prensa MPPC

Iliana Isabel Morante Osío nació el 5 de julio de 1947. Es historiadora, un área del conocimiento donde tiene estudios universitarios de tercer y cuarto nivel.

Es trabajadora jubilada de la Biblioteca Nacional, institución donde tuvo un encuentro fortuito con las Obras Completas del doctor José Gregorio Hernández, que la convirtieron en una gran conocedora del hombre que se metió en el corazón del pueblo venezolano como el Médico de los pobres, y ahora entre los altares de la Iglesia Católica.

Iliana Morante entrevistada en Aquí con Ernesto Villegas sobre José Gregorio Hernández, 2 mayo 2021
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Su interés en ahondar más sobre JGH obedeció al título de ese libro, que tenía en calidad de préstamo un usuario de la biblioteca y que le tocó recibir a ella cuando lo entregó. Mostró a la teleaudiencia uno de los dos ejemplares.

Detalló que Hernández, nacido en Isnotú en el estado Trujillo, en una época en la que Venezuela había consolidado la paz con el Tratado de Coche y donde se origina un nuevo orden político, social y económico. Era políglota; hablaba, además del español, otros seis idiomas: inglés, francés, portugués, alemán, italiano y latín, además tocaba piano y violín.

«El Médico de los pobres», que se metió en el corazón de los venezolanos, expresó la historiadora, viene de un hogar cristiano. Él decía que independientemente de que la ciencia no se podía cerrar al Positivismo, creía que esa evolución de los seres vivos era por la creación y que Dios le da el alma.

Cuando se vino a Caracas, a estudiar en el colegio Guillermo Tell Villegas, para pagar sus estudios trabajó en una sastrería, donde aprendió a confeccionar sus trajes y dio clases de aritmética, dijo Morante.

Hombre polifacético

José Gregorio era un ser polifacético. Las Obras Completas de José Gregorio Hernández es una compilación hecha por el doctor Fermín Vélez Boza, donde están contenidas desde las recetas médicas, sus clases en la universidad, las principales facetas, fotografías, documentos facilitados por sus alumnos que tomaban sus apuntes, entre ellos los del doctor José Pepe Izquierdo.

En otra parte precisó que el padre de JGH era comerciante en una época bien revuelta, en la que ellos vivían en los llanos de Barinas, y era teatro de la Guerra Federal, la guerra larga, la guerra de los cinco años. El progenitor de JGH se ve obligado a irse a una región más segura como eran las montañas de los Andes venezolanos en el año 1862, y cuando se va a despedir de su novia María Josefa Cisneros, ella resuelve irse con él y se casan en la iglesia del estado Trujillo, donde fundan su hogar.

Afirmó que José Gregorio, quien medía 1,60 metros, pensaba que la evolución de todos los seres vivos eran originadas por la creación. Por ejemplo, cuando se forma un embrión por la unión de un óvulo y un espermatozoide Dios da el alma a ese ser. Esta era un de las polémicas del doctor Hernández con el doctor Luis Razzeti, las cuales están contenidas en muchos documentos, asimismo hizo varios intentos por ingresar a la vida religiosa.

Morante contó que cuando le tocó presentar su examen para Doctor en Medicina en la universidad, él era un orador. Su exposición se convirtió en un monólogo ante los profesores que lo oyeron.

También recordó que estudió Medicina por esa vocación que tenía de atraer de la ciencia médica para ayudar al prójimo con sus dolores, con sus enfermedades. Siempre tuvo esa vocación de servicio, que es una de las virtudes heroicas que le reconocen en el Vaticano, la Congregación de la Causa de los Santos, la Comisión que estudia el reconocimiento de esas llamadas virtudes heroicas de los fieles una vez fallecido y se introduce una causa solicitando su canonización parra llegar a la fase de Santo, incluso cuando se gradúa de médico se fue a Isnotú, una época que había muchas enfermedades endémicas, entre ellas fiebre tifoidea.

La historiadora venezolana destacó que el profesor Calixto González veía en José Gregorio como un ser excepcional para la medicina por su ojo clínico. Por sus notas y por su desempeño como estudiante lo manda a llamar y se lo recomienda a Juan Pablo Rojas Paúl, presidente de la República, quien quiere modernizar la Medicina, así como crear unas nuevas facultades en la universidad a la par de las mejores del mundo, principalmente la escuela francesa que era el modelo a seguir: Histología, Patología, Bacteriología, Anatomía Patológica, pero necesitan el profesor indicado para esas cátedras y es cuando se sugiere el nombre de Hernández.

Rojas Paúl lo beca y lo manda a la Universidad de París, donde las recomendaciones de sus profesores, entre ellos Isidor Straus y Matías Duval certifican que el alumno que llegó de Caracas es excelente, que ha dado la talla, que ha aprendido todo lo que le han enseñado, de allí las mejores calificaciones.

Según relatan sus familiares -señaló Morante Osío- sobre todo su sobrino Ernesto, su biógrafo más importante, antes de empezar sus actividades del día José Gregorio hacía sus votos. Además relató que él no cobraba sus consultas, sino que tenía en la salita anterior al cuarto donde revisaba a los pacientes, lo que él llamaba el Cepillo de los pobres, que era una bandijita donde la persona una vez atendido depositaba su pago; los pacientes pagaban de acuerdo con sus posibilidades, y si no tenían recursos ni cómo comprar los medicamentos, tomaban de ese cepillo para comprar sus medicinas.

Amor por las artes y la cultura

El doctor Hernández tiene una vertiente filosófica, explicó, y hace muchas disertaciones sobre este tema. Habla mucho de la moral cristiana, era muy inclinado a las bellas artes en líneas generales, no solo por la música sino que también él escribía en el Cojo Ilustrado, aparte que sus ensayos se publicaban también en el diario El Universal por entrega.

«Tiene varios ensayos, entre ellos dejó inconcluso referido a las investigaciones que realizó sobre las verdaderas causas de la muerte de Santa Teresa de Jesús, la santa española, con motivo de los 300 años de su fallecimiento», ratificó.

La historiadora expuso que hizo otro que se llamaba Los Maitines, los maitines son las oraciones que se realizan entre las 12:00 de la medianoche y las 6:00 de la mañana en estos monasterios que son de clausura, lo escribió un poco para recordar su época de La Cartuja, cuando estuvo en la Orden de San Bruno.

Aseveró además otro de sus ensayos es un homenaje a su profesor Nicanor, y otro titulado En un vagón, es una enseñanza moral a través de lo que relata, una conversación que tiene con unos pasajeros en un tren.

El doctor Médico de los pobres a través de su faceta de pintor expresaba en cierta forma sus inquietudes religiosas, pinta dos cuadros: uno del Corazón de Jesús y otro del Dulce Corazón de María, piezas que donó a su cuñada Dolores Briceño de Hernández, creo que están en el Palacio Arzobispal, donde fueron donados en su momento, sostuvo.

Voz del pueblo consagró popularidad de JGH en el país

Durante su participación en el programa Aquí con Ernesto, Morante Osío aclaró que JGH pidió su jubilación, se desprendió de todos sus bienes materiales y se fue a La Cartuja, a la orden de San Bruno en La Farneta, Italia, para hacerse sacerdote.

Allí duró nueve meses, pero su temperamento tropical y los cambios climáticos terminaron enfermándolo y tenía en riesgo su vida. El Superior de la Orden le dijo que así no podía continuar, y lo regresan a Venezuela. Eso fue en 1909, precisó la entrevistada.

Posteriormente, en 1914 vuelve a dejar todo y se va a Roma en compañía de su hermana Isolina, al Colegio Pío Latinoamericano, que forma una especie de misioneros, y el latinoamericano era para que divulgaran la doctrina católica en su ámbito, donde les tocara desenvolverse. Allí se enferma y le descubren una tuberculosis.

A finales del siglo 19, le tocó vivir la inestabilidad en el país a consecuencia de tres revoluciones: la Revolución Legalista, la invasión de los 60 con Cipriano Castro, cuando llegan los andinos al poder con el lema de «nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos», y tenemos también el golpe que trata de dar Manuel Antonio Matos con la Revolución Libertadora al gobierno.

Asimismo, argumentó, le toca vivir ese bloqueo que hacen las potencias extranjeras a nuestro país, y es uno de los primeros en alistarse para la defensa de la patria. En esos momentos sufrimos los desmanes de ´la planta insolente’.

La pasión patria, sus inquietudes científicas y sus inquietudes solidarias por el prójimo hacen del doctor José Gregorio Hernández un hombre polifacético, un venezolano modelo a seguir en todos los aspectos, afirmó.

Entre sus discípulos se encuentran los doctores Domingo Luciani, Martín Vegas y Rafael Rangel.

La popularidad de JGH en el país se fue consagrando por la propia voz de pacientes, de los que lo conocían y los pocos medios de comunicación que existían en el país.

José Gregorio Hernández fue, junto con el doctor Francisco Antonio Rísquez y el doctor Luis Razetti, miembro fundador de la Academia Nacional de Medicina, donde ocupó el sillón numero 28. Posteriormente, al momento de su retiro quiso renunciar como Individuo de la Academia, lo cual no pudo concretar porque le dijeron que ese cargo era vitalicio. Sin embargo, él se desprendía de todo objeto material, él no le daba valor a lo material ya que predicaba con el ejemplo y la palabra.

Una muchedumbre en su sepelio

Sobre la muerte de JGH, Morante especificó que ese día tenía una reunión familiar y luego fue a visitar a una señora mayor enferma, que necesitaba de su atención, y ese carro cuyo chofer era Fernando Bustamante, estaba transitando, le tapó la visibilidad y, al mismo tiempo, por la esquina de Amadores en La Pastora venía el tranvía, imagino que el doctor Hernández tal vez venía saliendo de la botica muy apurado, el carro lo tropezó, él dio un traspié, cayó y pegó la cabeza del brocal de la acera de enfrente.

El mismo conductor, amigo personal del médico, lo lleva al Hospital Vargas, pero ya no hubo nada que hacer. José Gregorio era uno de esos médicos que visitaban sobre todo a esas personas más necesitadas, porque no podían desplazarse y porque no tenían dinero para las medicinas, cumpliendo con ese apostolado encontró la muerte, reflexionó la entrevistada.

Morante también afirmó que hubo muchas coincidencias: ese 29 de octubre de 1919 cumplía 31 años de haberse graduado de doctor en la Universidad central de Venezuela (UCV), y el día antes, que se celebraba en la iglesia católica el día de los apóstoles Pedro y Pablo, JGH estaba muy contento porque habían circulado informaciones sobre la Firma del Tratado de Paz que se había suscrito en Versalles, de la Primera Guerra Mundial», reveló.

En cuanto al sepelio del Siervo de Dios la historiadora afirma que se produjo una muchedumbre que lo acompañó, tanto que hubo que solicitar a las autoridades el Paraninfo de la UCV para rendirle honores y sus fieles gritaban José Gregorio es nuestro. Ha muerto un Santo.

Narró que sus estudiantes lo acompañaron y lo trasladaron en hombros desde la casa de sus familiares de Tienda Honda a Puente Trinidad al Paraninfo, luego a La Catedral y finalmente al Cementerio General del sur.

«No solo en Venezuela es considerado un Santo sino en varios países de América Latina», afirmó.

 

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