La cultora barinesa Eufracia Zambrano, galardonada con el Premio Nacional de Cultura mención Saberes Tradicionales, conversó en el Noticiero “Cultura al Día” sobre los 75 años de historia de su emblemático pesebre llanero, la transmisión de sus técnicas a las nuevas generaciones y la emoción de recibir el máximo reconocimiento cultural del país.
Texto: Alba Ciudad (Jorge Pinillos) / Entrevista: Oriana Chirinos / Fotos: Redes Sociales
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A sus más de 75 años resguardando y creando tradición, la maestra Eufracia Zambrano, originaria del estado Barinas, sigue dando muestras de que la creatividad popular no tiene límites. La reciente ganadora del Premio Nacional de Cultura 2024-2025 en la mención Saberes Tradicionales, visitó los estudios de Alba Ciudad 96.3 FM, en el noticiero Cultura al Día, para conversar con la periodista Oriana Chirinos sobre los orígenes de su famoso pesebre llanero, un universo en miniatura hecho con materiales autóctonos que durante tres cuartos de siglo ha capturado la esencia del campo venezolano.
Durante la entrevista, la maestra permitió conocer la génesis de una vocación que nació en la infancia, en un entorno rural donde la observación y el ingenio eran las únicas herramientas. “Yo desde chiquitica me llamó la atención eso”, recordó Zambrano al ser cuestionada sobre qué sembró en ella el interés por los saberes tradicionales. En una época sin acceso a figuras prefabricadas, la cultora barinesa encontró en la naturaleza su principal fuente de inspiración y materia prima.
El origen del Pesebre Llanero Barinés: Ingenio y naturaleza
La narrativa de Eufracia Zambrano transportó a los oyentes a su niñez en el campo, donde la curiosidad la llevó a convertir la naturaleza en arte. “Yo vivía en el campo, pero yo oía a la gente que llegaba y hablaban de pesebre”, explicó. Sin tener un referente visual directo, comenzó a experimentar con los materiales que tenía a su alcance. El primer paso fue el “pepebre” (musgo), que con ingenio aprendió a preparar, y luego la “cachata” de maíz tierno.
Su creatividad no se detuvo ahí. A medida que crecía, también lo hacía la complejidad de su obra. “Busqué el zaparito verde de los jobos y entonces hice vaquita, hice caballito chiquito”, narró con orgullo, detallando cómo replicaba la fauna local. Incluso, dotaba de realismo a sus creaciones: “los caballitos yo les hacía colitas también con los pelos de los caballos”. La entrevistada destacó que todo era un juego de “engañarse a uno mismo” y de profundo respeto, pues aprendió escuchando a los mayores sin interrumpir. “Para eso es que sé lo que yo hice”, sentenció.
La tradición que perdura: Materiales, evolución y resistencia cultural
A lo largo de 75 años de oficio, el pesebre de Eufracia ha evolucionado, pero sin perder su esencia. Chirinos preguntó sobre los cambios en los materiales y la percepción de la gente. Zambrano fue enfática en señalar que, aunque hoy existan más facilidades, hay elementos que son irremplazables. “Nosotros siempre usamos el estropajo, eso ha sido toda una tradición toda la vida desde que yo hago pesebre con el estropajo, eso no se le puede quitar, eso le da como más vida al pesebre también”.
La respuesta del público, asegura, sigue siendo cálida y multitudinaria. Cada año, las paraduras en su casa de Barinas congregan a amigos, vecinos y foráneos que han oído hablar de su obra. “Aquí por lo menos siempre vienen todos los años, las amigas, amigos, gente que no nos conoce y que saben qué hacer los pesebres, por medio de otros, me dicen, ¡ay, esta señora tiene un pesebre lindo y bello!“.
La transmisión a los jóvenes y el relevo generacional
Un punto central de la conversación fue el futuro de esta tradición. La periodista consultó a la maestra sobre el mensaje para los jóvenes que se acercan a su obra. Lejos de verlo como una pérdida de tiempo, Zambrano lo presenta como un acto de amor propio y creatividad. “Yo les digo, ¡eso hay que hacerlo! Y eso no cuesta tanto, porque todo es engañárselo a uno y hacer el pesebre”.
En este punto, reveló un secreto que garantiza la continuidad: su nieto es ahora su principal aliado. Las limitaciones físicas, producto de problemas en las rodillas, no han detenido la producción. “Él se sienta adentro y yo voy guiando la obra de… hay que ponerle la comidita, hay que vestirlo… nosotros ahí vamos”. Este trabajo en equipo asegura que la magia del pesebre llanero se mantenga viva.
“De tal altura me salió esto, con amor”: La reacción al Premio Nacional de Cultura
El momento más emotivo de la entrevista llegó al hablar sobre el reciente Premio Nacional de Cultura mención Saberes Tradicionales, galardón que le fue otorgado por el Estado venezolano para honrar su trayectoria y aportes a la identidad cultural del país . “Ay, muy contenta, muy alegre y satisfecha, bueno! De tal altura me salió esto, con amor”, expresó con una mezcla de sorpresa y gratitud, dando las gracias a Dios.
El reconocimiento, anunciado a finales de febrero por el ministro del Poder Popular para la Cultura, Ernesto Villegas, la coloca en un sitial de honor junto a grandes figuras de la plástica, la música y la literatura venezolana . Para Eufracia, es la confirmación de que una vida dedicada al cultivo de la identidad local tiene un valor incalculable.
Mirando al futuro: 2026 y la fuerza de la familia
Con la vista puesta en diciembre, Eufracia Zambrano ya se prepara para la próxima edición de su pesebre y las tradiciones que lo acompañan. Este año 2026 no será la excepción: habrá hallacas, chichas y paraduras, todo elaborado con el amor que la caracteriza. “Mientras Dios me tenga aquí, siempre lo haremos con el amor de Dios”, aseguró, confiada en que su familia no la dejará sola, pues “todos colaboran”.
El mensaje final de la maestra
Para despedirse, la Premio Nacional de Cultura dejó un mensaje claro sobre la importancia de aferrarse a las raíces. En un mundo donde “hoy en día todo lo viene hecho”, invitó a los jóvenes a animarse a crear con sus propias manos. Destacó el valor del respeto y el amor como pilares fundamentales. “Hacer una cosa con amor es muy importante. Que uno mismo vea aquello y sienta aquella felicidad de que aquello lo hice yo, a donde yo no había visto nunca pesebre”. Una filosofía de vida que, con certeza, seguirá dando frutos por muchos años más.



