Maduro en su discurso en la COP27 llamó a actuar ante la crisis climática creada por el capitalismo

Foto: Prensa Presidencial

Este martes a las 6:50 de la mañana (hora de Venezuela), el Presidente venezolano, Nicolás Maduro, realizó su intervención o discurso principal en la XXVII Conferencia de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27), en Sharm El Sheikh, Egipto, desde donde hizo un llamado a tomar medidas concretas e inmediatas ante la actual crisis climática mundial, e instó a tener el coraje de reconocer que la causa de esta crisis es el sistema capitalista «consumista, voraz, depredador y destructor».

Texto: Últimas Noticias

«Es el momento de rectificar de manera radical. Hoy es el colapso absoluto del sistema que se levanta ante nosotros como un destino fatal. El capitalismo ve recursos donde otras civilizaciones ven la vida y por eso se toma el derecho de destruir lo que encuentra a su paso para acumular capital», advirtió el Jefe de estado venezolano ante la audiencia.

Maduro en la COP27 (Conferencia de Cambio Climático), discurso completo, martes 8 noviembre 2022

«Un sistema que normaliza la explotación entre los seres humanos no tiene condiciones éticas para respetar a las otras formas de existencia» advirtió Maduro. Al respecto,  aseveró que las principales economías capitalistas del mundo han contaminado y continúan contaminando el planeta para el beneficio de unos pocos. «Se agotó el tiempo de los discursos y también el de los lamentos. Sólo queda un presente para actuar radical y certeramente en favor de otro mundo posible», dijo.

«Hemos perdido mucho tiempo, cada hora, cada mes, cada año de inacción, de vacilación, de indolencia, se traduce hoy en ecosistemas destruidos, en especies extintas y en el deterioro de las condiciones de vida del planeta», reflexionó.

Fondo de Financiamiento de pérdidas y daños climáticos

Ante esta situación, el presidente Maduro destacó que es necesario llegar a acuerdos reales y efectivos, así como también a diseñar una agenda concreta para proteger a las poblaciones vulnerables y afectadas por los daños ambientales.

Al respecto, el presidente de Venezuela exhortó a líderes mundiales concretar sin demora el Fondo de Financiamiento de Pérdidas y Daños Climáticos.

Desde el Centro Internacional de Convenciones de Sharm El Sheikh, ubicado en Egipto, aseveró que “la humanidad no puede seguir huérfana”, por lo que es necesario garantizar que los recursos financieros sean distribuidos de manera oportuna a quienes sufren los efectos devastadores de la crisis climática.

“Debemos trabajar hasta el último detalle afinando los mecanismos para que el auxilio financiero sea de forma directa, justa, oportuna y expédita, de manera que llegue a los pueblos más afectados la indemnización por los daños ambientales”, puntualizó durante su intervención en el Segmento de Alto Nivel de la COP27.

El Jefe de Estado enfatizó que cualquier acuerdo debe “atacar de raíz el problema y atender prioritariamente a los más vulnerables del planeta”.

Crisis ambiental y desigualdad

Continuando con su intervención en la COP27, el presidente venezolano comparó al desequilibrio y la crisis ambiental en la naturaleza con las condiciones de desigualdad que crea el capitalismo contra la humanidad, pues «además de producir miseria ambiental, produce miseria social».

Resaltó al respecto la necesidad de reconocer los fracasos civilatorios para rectificar de manera radical, y advirtió que, de seguir a este ritmo autodestructivo, en 30 o 40 años el planeta será inhabitable.

Al respecto, Maduro citó las palabras de Fidel Castro Ruz en la cumbre de Río de Janeiro en 1992: «Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre. Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos hace mucho tiempo». Comentó que ya desde 30 años atrás señalaba como origen de la crisis ambiental al capitalismo salvaje y depredador.

También hizo referencia a las palabras pronunciadas en el 2009 en Copenhague por el Comandante Hugo Chávez: «Cuál es la causa del cambio climático, la causa es el sueño de buscar la felicidad a través de la acumulación material y del progreso sin fin, usando para eso técnicas con las cuales se puede explotar de forma ilimitada todos los recursos de la tierra. ¡No cambiemos el clima, cambiemos el sistema!».

Agregó al respecto que «en la Cumbre de Copenhague se puso de manifiesto la poca voluntad de las élites negacionistas para avanzar con el ritmo adecuado la emergencia y en el sentido correcto de la vida».

Hecho irreversible

Durante su discurso en la COP27, el Presidente Nicolás Maduro destacó que los terribles desequilibrios ambientales que hoy afectan de manera dramática la vida en todo el planeta parecen indicar que el cambio climático es un hecho irreversible. Una profecía autocumplida, y la mayor crisis ambiental desde que la vida existe.

«La dimensión de esta crisis no nos toma por sorpresa. Desde hace 30 años se tenían suficientes indicios para una alerta temprana», dijo, haciendo referencia al acuerdo de Kyoto el cual, en su opinión, dio buenos resultados hasta el año 2009.

También recordó el acuerdo de París 2015, que le dio carácer vinculante al aporte de la ciencia, así como a penosos estancamientos y rupturas como las del 2009 en la cumbre de Copenhague.

Haciendo referencia a las proyecciones científicas, alertó que la crisis climática tiene consecuencias que obligan a rectificar el modelo consumista. Si no se reducen las emanaciones de los gases de efecto invernadero el daño será irreversible para dentro de solo ocho años, aseguró.

Indicó que la existencia tal como la conocemos se ha trastocado para siempre en perjuicio de todas las especies vivas del planeta. El calentamiento global está acabando con las especies de la tierra; los gases de invernadero alcanzaron el nivel más alto de la historia de la humanidad, 54% más alta que en 1990; el ritmo de extinción de las especies se acelera; el nivel del mar sube afectando el agua dulce y comprometiendo los recursos hídricos del planeta.

Alertó que, como consecuencia de estos desequilibrios, aumentaron de manera desordenada los fenómenos extremos como sequías e inundaciones torrenciales.

Responsabilidad desigual

Sobre esta crisis, señaló que si bien la civilización humana es responsable, esta responsabilidad es desigual. A manera de ejemplo, comentó que Venezuela es responsable de menos del 0,4% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero en el planeta, y lamentó que sin embargo el pueblo venezolano debe pagar las consecuencias.

En defensa de la Amazonía

Por otra parte, el presidente Maduro abogó desde la palestra de la COP27 por la protección de la Amazonia. «Son los pueblos originarios quienes deben enseñarnos cómo salvar y cómo convivir con la naturaleza. Las culturas originarias de todo el continente americano han concebido siempre a la tierra y a la selva como un ser vivo que piensa y siente como nosotros», dijo.

En este sentido, instó a salir de la «arrogancia antropocéntrica» que impide ver lo sagrado que es el mundo. Hizo referencia también al infatigable espíritu de lucha y resistencia de los venezolanos y venezolanas, y a su inmenso amor por la vida «que nos eleva a pensar en una nueva humanidad, desde una nueva espiritualidad, una humanidad reconciliada con la naturaleza, reconciliada consigo misma, reconciliada con el futuro».

«La ilusión del desarrollo infinitivo por la vía consumista ha terminado, pongamos límites ahora al daño causado a la madre naturaleza», instó. «¡Cuente el mundo con nuestro pueblo para unir todos los esfuerzos por una nueva humanidad!», enfatizó Maduro.

En este segundo día del Segmento de Alto Nivel, en el contexto de este foro internacional, el Mandatario venezolano tomó la palabra, para traer a este foro la voz de los pueblos del Sur, tal como lo afirmó a su llegada a Egipto.

A continuación, el discurso completo:

Discurso del Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ante la 27 Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático

Buenos días a todas las delegaciones presentes,

Hemos viajado 10.407 kilómetros desde Suramérica, desde Venezuela hasta aquí, Sharm El Sherkh, Egipto, para traer nuestra verdad y traer un saludo solidario y comprometido de la República Bolivariana de Venezuela a todos los países y pueblos del mundo, en especial al Presidente de la República de Egipto, Abdel Fatah El-Sisi, y al pueblo de Egipto, que ha organizado esta fabulosa conferencia mundial contra el Cambio Climático.

Es sabido los terribles desequilibrios ambientales que hoy afectan de manera dramática a la vida en todo el planeta, que parecen indicar que el Cambio Climático —así llamado con incoherente eufemismo— es un hecho irreversible.

Temido por muchos y negado por las élites, aquel escenario distópico del que tempranamente alertó la comunidad científica, algunos líderes mundiales y casi la totalidad de los movimientos sociales, se ha convertido en una profecía autocumplida. La mayor crisis ambiental desde que la vida humana existe. La crisis climática es una realidad insoslayable que sólo puede enfrentarse con hechos concretos, urgentes e inmediatos.

Resulta doloroso por partida doble tener que admitir, además, que la dimensión de esta crisis no nos toma por sorpresa. Desde el inicio de la diplomacia ambiental se contaba con los datos suficientes para declarar una emergencia temprana y actuar en consecuencia. De eso hace ya 30 años.

Con la firma de aquél histórico acuerdo de Kioto en 1997 se logra un importante consenso para la reducción de la huella de carbono, que hasta el año 2009 dio buenos resultados.

El Acuerdo de París de 2015 también apuntó a mejorar los mecanismos para obligar a los países llamados «desarrollados» del capitalismo del norte, a reducir su impacto en el calentamiento global y sobre todo se le da en el Acuerdo de París, por fin, un carácter vinculante a los aportes de la ciencia en el sentido del cambio climático. Pero también hay que decir: hubo penosos estancamientos y rupturas como las que se dieron en 2009 en la cumbre de Copenhague, donde se puso de manifiesto la poca voluntad de las élites negacionistas, para avanzar con el ritmo adecuado a la emergencia y en el sentido correcto de la vida.

Todavía recordamos Copenhagen: la represión policial en las calles contra los movimientos ecologistas y las confabulaciones burocráticas corporativas que se instalaron desde entonces.

Señor Presidente:

Hemos perdido mucho tiempo desde allá hasta acá: cada hora, cada mes, cada año de inacción, de vacilación, de indolencia, se traduce hoy en ecosistemas destruidos, en especies extintas y en el deterioro de las condiciones de un planeta que nos lo había dado todo con generosidad pero que hoy empieza a pasar una enorme factura por los abusos cometidos.

Reconocer los fracasos civilizatorios en esta materia es el comienzo para rectificar de manera radical. Ayer nos amenazaba el cambio climático, pero hoy es el colapso absoluto del ecosistema quien se levanta frente a nosotros como un destino fatal. Lo dicen las proyecciones más vigentes: de seguir a este ritmo autodestructivo, en 30 o 40 años será inhabitable este planeta.

Esta crisis climática, lo sabemos, tiene y tendrá consecuencias definitivas en el planeta que nos obligan a modificar el modelo de vida consumista.

El último informe de la ONU sobre el cambio climático, donde participaron 14 mil científicos del mundo, alertó que, si no se reducen las emanaciones de gases de efecto invernadero como dióxido de carbono, metano y óxido ferroso al 50%, el daño será irreversible en tan solo ocho años: es decir, para el 2030 no habrá vuelta atrás en lo que estamos viviendo: tormentas, huracanes, lluvias, frío y calor extremo que cambian inesperadamente las condiciones de vida y más aún, comprometen nuestra existencia. El calentamiento global está acabando con las especies en la tierra y esto parece ser imparable.

Por mencionar un ejemplo muy conocido: el calor extremo podría extinguir las abejas y si no hay abejas se interrumpe el proceso y el ciclo natural de polinización, si no hay polinización las plantas no se reproducen y esto disminuiría el oxígeno en el ambiente de la Tierra.

Veamos estos datos:

  • La temperatura media anual mundial en los últimos 100 años subió 0,8°C y se espera que para los próximos cinco años supere los 1,7°C.
  • Los gases de efecto invernadero se encuentran en los niveles más altos de la historia de la humanidad. Este nivel, que había caído en 2020, cuando el mundo entró en cuarentena por la pandemia, en el 2021 con la reactivación industrial y comercial superó el récord de 2019, cuando fueron aproximadamente 12% más altas que en el 2010 y 54% más altas en la emisión que en 1990. En 32 años hubo un incremento que se debió registrar en siglos.
  • Ha aumentado en consecuencia y desordenadamente los fenómenos como las sequías y las lluvias extremas: alrededor del 80% de los desastres naturales entre 2001 y 2021 estuvieron relacionados o bien con las sequías o con inundaciones torrenciales.
  • Según estimaciones de los expertos climáticos, para el año 2050 el Océano Ártico quedará prácticamente libre de hielo marino por primera vez en la historia y con un aumento de temperatura de 2°C, que amenaza con perder el 99% de los corales del mundo.
  • De igual forma, los niveles del mar han subido 23 centímetros desde 1880, y casi la mitad de esos centímetros ha aumentado en los últimos 25 años. Cada año, el mar sube, de acuerdo a los científicos, otros 3,4 milímetros.
  • Dicho aumento está causando que el agua dulce se vuelva salada, comprometiendo los recursos hídricos de los que dependen millones de personas.
  • El aumento de las temperaturas puede atraer patógenos mortales a las fuentes de agua dulce y convertirla en un elemento peligroso para el consumo de las personas.

Ciertamente la civilización humana es responsable de esta grave afectación que hoy vive el planeta. Sin embargo, esa afirmación es incompleta y pecaría de hipócrita si no se detalla que esa civilización es profundamente desigual: está compuesta por países que llevan dos siglos explotando indiscriminadamente los recursos naturales del planeta, mientras otros apenas tienen cómo alimentarse y persisten bajo un modo de producción pre-industrial. La desigualdad.

Venezuela es responsable de menos del 0,4% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero en el planeta. No obstante, el pueblo venezolano debe pagar las consecuencias de un desequilibrio causado por las principales economías capitalistas del mundo, quienes han contaminado y continúan contaminando el planeta para el beneficio de unos pocos.

La existencia, tal cual como la conocimos, se ha trastocado para siempre en perjuicio de todas las especies vivas del planeta. El ritmo de extinción de las especies que hasta el día de hoy conforman el complejo organismo de la biodiversidad se acelera y extiende alarmantemente, como lo advirtió el Comandante Fidel Castro Ruz en aquel célebre llamado de conciencia que hizo hace 30 años en la Cumbre de Río en Brasil.

Cito: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre” y agregaba el Comandante Fidel Castro: “Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo”, señalando como gran responsable de la amenaza contra la naturaleza, ya en el año 1992, al Capitalismo salvaje y depredador.

Será inútil, como ha sido hasta hoy, cualquier esfuerzo que emprendamos por paliar las consecuencias de este desastre ambiental, si no tenemos el coraje de reconocer que esa y no otra es la causa del desastre que se avecina: El capitalismo consumista, el capitalismo voraz, depredador y destructor.

En 2009 en Copenhagen, el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías tuvo el coraje de decirlo aquella mañana, de manera directa. Permítanme recordar hoy algunas de sus ideas. Cito: “¿Cuál es la causa del cambio climático? La causa es el sueño de buscar la felicidad a través de la acumulación material y del progreso sin fin, usando para eso técnicas con las cuales se puede explotar de forma ilimitada todos los recursos de la tierra (…) No cambiemos el clima, cambiemos el sistema” sentenció en 2009 el Comandante Hugo Chávez en Copenhagen.

Sr. Presidente,

El desequilibrio y la crisis ambiental creadas en la naturaleza son equiparables a las condiciones de desigualdad e injusticia que el capitalismo ha creado contra la humanidad. Un sistema que normaliza la explotación entre los seres humanos no tiene condiciones éticas para respetar a las otras formas de existencia.

El capitalismo ve recursos donde otras culturas ven la vida y lo sagrado. Se siente por eso con derecho de poseer y destruir cuanto encuentra a su paso para la acumulación del capital.

Es necesario llegar a acuerdos reales y efectivos de cara al problema estructural, pero también debemos diseñar hoy, ya mismo, una agenda concreta para proteger a las poblaciones vulnerables del planeta, que son quienes más padecen las consecuencias de esta tragedia ambiental: la hambruna, la pérdida de millones de hogares, la proliferación de múltiples enfermedades y los desplazamientos humanos que vienen provocando la desertificación y el hundimiento de territorios fértiles enteros como consecuencia diaria del desastre.

La humanidad no puede seguir huérfana. Es necesario concretar sin demoras, ni artificios burocráticos el fondo de financiamiento de pérdidas y daños climáticos del que venimos hablando hace unos años en cumbres anteriores. Sobre esta propuesta impostergable debemos trabajar hasta el último detalle. Afinemos los mecanismos para que el auxilio financiero sea de forma directa, justa, oportuna y expedita de manera que llegue a los pueblos más afectados la indemnización por los daños ambientales.

Cualquier acuerdo que se tome hoy debe atacar la raíz del problema y atender prioritariamente a los más vulnerables del planeta.

La desigualdad abismal entre los países del llamado primer mundo frente al resto, se ha incrementado y profundizado en las últimas décadas al mismo paso de la destrucción ambiental. Hay una correlación entre la crisis ambiental y la crisis de desigualdad que genera pobreza en el mundo. La explotación indiscriminada de los recursos renovables y no renovables, además de producir miseria ambiental, es responsable de la miseria social a escala planetaria, que también se agudiza. Esto no puede ser obviado al momento de trazar medidas drásticas y planes efectivos que corrijan y normen la actividad civilizatoria para el devenir.

Finalmente, abogamos como país soberano por la protección de la Amazonía. Venimos de un encuentro con el Presidente de Colombia, Gustavo Petro; con el presidente de Surinam, con los movimientos sociales suramericanos, para asumir responsabilidades como habitantes de Suramérica en la salvación de la selva y la biodiversidad del Amazonas. Milenios de existencia han dejado una huella irreparable en el Amazonas.

Por el contrario, son los pueblos originarios quienes deben enseñarnos cómo salvar y cómo convivir con la naturaleza. Las culturas ancestrales y originarias de todo un continente, desde los indios originarios Siux del norte de América hasta los Yanomamis de la selva amazónica, han concebido siempre a la tierra y a la selva como un ser vivo que siente y piensa como nosotros. Despertemos a esta verdad y salgamos de la arrogancia antropocéntrica que nos impide ver lo sagrado del mundo.

Los venezolanos y venezolanas no nos caracterizamos por ser pesimistas. Nos asiste un infatigable espíritu de lucha, de resistencia y un inmenso amor por la vida que nos eleva a pensar en una nueva humanidad, desde una nueva espiritualidad. Una humanidad reconciliada con la naturaleza, reconciliada consigo misma y reconciliada con el futuro.

Como decía el filósofo canadiense Marshall McLuhan: “Ya no hay pasajeros en esta nave espacial llamada Tierra: todos somos tripulantes”. Sé que no hay un hombre, ni una mujer de a pie que esté dispuesto a ver eclipsar esta hermosa aventura que puede ser la humanidad nueva, la humanidad salvada. Tampoco nosotros nos quedaremos sentados a ver el final de los días.

Cuente el mundo con este pueblo trabajador y lleno de esperanza, dispuestos a unir todos los esfuerzos con nuestros hermanos. La ilusión del desarrollo infinito por la vía consumista ha terminado: pongámosle límite ahora al daño causado a la madre naturaleza.

Presidente, hermanos y hermanas:

Se agotó el tiempo de los discursos y también el de los lamentos. Sólo queda un presente para actuar radical y certeramente en favor de otro mundo posible y de una vida verdadera. Y aunque el presente sea un instante ante los ojos de la eternidad, será suficiente si hay voluntad de vida.

Y hay voluntad de vida.

Muchas gracias, Señor Presidente.

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