Declaración independentista de Maracaibo: uno de los bastiones para la propuesta de novena estrella en la bandera

Yldefonso Finol (izq.) en entrevista con Pedro Calzadilla

La declaración independentista de la provincia de Maracaibo el 28 de enero de 1821 y su incorporación autónoma a la República fundada por el presidente Simón Bolívar, es uno de los bastiones que los zulianos tienen para proponer la incorporación de la novena estrella en la bandera nacional. Yldefonso Finol, proponente principal de esta solicitud, recuerda esta declaratoria que abraza el Proyecto Bolivariano, declarándose independiente del Imperio Español, manifestando que el corazón y cerebro de este pronunciamiento que este jueves 28 de enero de 2021 cumple su bicentenario, fue el prócer zuliano Rafael Urdaneta.


Texto: AVN

«Fue una operación bolivariana», refirió Finol, constituyente de 1999, cronista, estudioso de la historiografía zuliana y de la etnohistoria, quien expuso que la celebración del bicentenario de esta declaratoria es político-militar-popular, donde el pueblo, «de manera soberana, porque ya no delega su soberanía a ningún monarca europeo, decide constituirse en República».

Basado en esta acción del 28 de enero de hace 200 años, surge la propuesta por parte de Finol, a quien le acompaña un colectivo, de la novena estrella en el tricolor nacional y la cual el gobernador del estado Zulia, Omar Prieto, ha asumido la vanguardia de esa solicitud, que fue autorizada su discusión en la Asamblea Nacional, por el presidente de la República, Nicolás Maduro.

Finol argumenta acciones históricas para verse representado el estado Zulia en el pabellón nacional, en primer lugar la gesta histórica de los pueblos originarios, con el cacique Nigale, la gesta del General Rafael Urdaneta, el nacimiento del nombre de Venezuela, el Bicentenario del 28 de enero de 1821, el triunfo definitivo ante el bando realista en la Batalla Naval del Lago, en la Capitulación y expulsión del último gobernante español en Venezuela y la participación de la mujer como Ana María Campos; a ello le suma la celebración de los 200 años de la primera visita de Simón Bolívar a la provincia de Maracaibo, el 30 de agosto de 1821 y de la creación del nombre del estado Zulia.

«Son argumentos importantes para que tengamos esa novena estrella de unidad y de libertad por la Venezuela eterna que nadie podrá amancillar», puntualizó.

MARACAIBO EN LA INDEPENDENCIA: EL PRONUNCIAMIENTO DEL 28 DE ENERO DE 1821

Por Yldefonso Finol

Miremos en su integralidad el horizonte pasado de una Maracaibo
puerto y pista en el tiempo que la navegación es el único transporte
pesado de que dispone la humanidad del joven siglo XIX, y
rememoremos que por esa condición natural fue apetecida por el
expansionismo mercantil que movió a las monarquías europeas a
invadirnos.

Contra esa dominación violenta lucharon los primeros
maracaiberos, los originarios añú con el cacique Nigale como
símbolo de una centuria de lucha. Trescientos años después, como
haciendo erupción el dormido volcán de las revoluciones, nuevas
generaciones de patriotas se levantan contra el colonialismo
opresor.

Juan Evangelista González, patriota maracaibero, es, desde los
inicios del armisticio acordado entre Simón Bolívar y el jefe realista
Pablo Morillo, el flamante gobernador republicano de Gibraltar por
encargo del General Rafael Urdaneta. El 26 de enero de 1821, una
moneda con un documento van vía Santa Rita como señal enviada
al Teniente Coronel Francisco Delgado, Gobernador militar de
2aquella Maracaibo colonial, a través de la señora María de los
Dolores Moreno, quien hizo la entrega por mano de su pareja,
Antonio Castro, hábil velerista que con ayuda de los vientos alisios
atravesó raudo las agitadas playas de aquella fresca noche.
En Gibraltar, el líder regional Juan Evangelista González, ha
tomado todas las diligencias logísticas y políticas para trasladar en
piraguas cerca de Maracaibo al Batallón Tiradores que comanda el
habanero José Rafael de las Heras, mismo que había colocado en
el puerto sureño el prevenido Jefe de La Guardia, Rafael Urdaneta.
Disuasivo eficaz que desalentó cualquier intento de retaliación por
parte de las sorprendidas armas realistas. Dentro del mismo plan,
unas falsificadas órdenes del general español La Torre, mandaban
que dos unidades militares españolas fuesen movidas hacia los
Puertos de Altagracia para seguir a Coro. Así quedó lista la plaza
para la victoria independentista.

José Rafael de las Heras nació en La Habana el 26 de noviembre
de 1790, y se estableció en Venezuela a mediados de 1818,
habiéndose incorporado inmediatamente en la gesta
independentista a la orden de Urdaneta. Él representa la estirpe
cubana que desde siempre fusionó su historia con la nuestra, en la
sangre de los originarios arahuacos añú y tahínos que combatieron
la primera invasión colonial, y en las ideas de Bolívar que Martí
recogió y multiplicó. Este insigne combatiente cubano-venezolano
muere en la batalla de Juana de Ávila el 24 de abril de 1822, en una
arriesgada acción contra las fuerzas al mando del coronel español
Juan de Ballesteros. El Comandante Heras es uno de los olvidados
libertadores de Maracaibo.

Vicente Lecuna resume la sublevación de esta manera: “ocurrió
entonces un acontecimiento harto favorable, y fue el alzamiento de
Maracaibo a favor de los patriotas el 28 de enero. Equivalía a un
gran triunfo de la revolución. Desde entonces sus adeptos pudieron
comunicarse con el mar. Provocado este movimiento por Urdaneta,
el batallón Tiradores enviado por él desde Trujillo, ocupó la plaza al
día siguiente. Esta gran ventaja conseguida sin esfuerzo de armas,
permitía reunir rápidamente las tropas granadinas a las
venezolanas”.

De hecho, al despertarse las hostilidades con la ruptura del
armisticio, por la ciudad lacustre se acercaron desde Santa Marta el
batallón Rifles y los Húsares de La Guardia, que unidos al Batallón
Tiradores y otro nuevo creado con el nombre Maracaibo, formarían
la División con que el General Rafael Urdaneta coronó la liberación
de Coro y engrandeció el ejército triunfador en Carabobo.

En las biografías más conocidas del Libertador generalmente se
soslaya la rebelión de Maracaibo; algunos autores la desdeñan por
no haber implicado un ensangrentado campo de batalla. Augusto
Mijares dedica algunas líneas al suceso, básicamente orientadas a
comentar las valoraciones que al respecto hiciera Bolívar. Por su
parte Indalecio Liévano Aguirre se salta el capítulo completo.
Historiadores fundamentales de la patria como José Félix Blanco,
Rafael María Baralt, Gil Fortoul, y los especializados en historia
maracaibera, como Manuel Dagnino, Juan Bessón, Romero
Luengo, y otros, dan cuenta de diversas lecturas del glorioso 28 de
enero de 1821.

Existe la polémica sobre si la acción patriota tuvo visos de
infracción del armisticio, asunto que incluso llegó a preocupar
momentáneamente al Libertador, siendo zanjado al exponerse a la
luz las profundas verdades y razones que la motivaron, las
circunstancias intrínsecas que la determinaron, y la manera como
se desarrollaron los hechos, todo lo cual demuestra que en una
plaza dominada por el Imperio Español, sus habitantes se hartaron
de ser súbditos oprimidos, pasando por decisión soberana del
pueblo a ser ciudadanos de la naciente república independiente.
Motivos altruistas guiaron siempre al Prócer Urdaneta, los mismos
que le llevaron a ser protagonista de la emancipación de su patria
chica. A Bolívar le decía el 11 de febrero de aquel año, respecto de
la decisión tomada, cuya autoría asumió responsablemente: “El
motivo que se tuvo para apresurarla fue de que el actual
Gobernador (Francisco Delgado) debía ser relevado muy pronto y
como ya había conseguido ganármelo, parecía que no debíamos
perder la oportunidad, y como Usted me había recomendado tanto
este negocio, yo creí de mi deber aprovechar los momentos. He
escrito dos veces al General (español) La Torre sobre el particular
interesando a favor de mi conducta la razón de que pudiéndose
admitir recíprocamente un desertor o un pasado, con mayor razón
debía admitirse un pueblo entero que se insurrecciona y pide auxilio
a nuestras armas”.

De tal madera estaba tallado aquel guerrero sereno que llevó a la
cima del decoro la elegancia y los principios del honor, sólo
equiparables a su amor por la Patria, la libertad y la justicia.
Desde la profunda cavidad de los milenios, declama Sun Tzu en
tono magistral: “La victoria completa se produce cuando el ejército
no lucha, la ciudad no es asediada, la destrucción no se prolonga
durante mucho tiempo, y en cada caso el enemigo es vencido por el
empleo de la estrategia”.

A poco más de un año de haberse sancionado la Constitución de la
República de Venezuela por el Congreso Constituyente de 1819,
con su corolario en la ley fundamental que crea Colombia
uniéndonos con Nueva Granda y Quito, es Maracaibo la primera
provincia que se incorpora autónomamente a la Colombia
bolivariana.

El 28 de enero de 1821 debería registrarse en la historia como el
día que Maracaibo abraza el Proyecto Bolivariano, declarándose
independiente del Imperio Español y sumándose voluntariamente a
la República creada en Angostura con el nombre de Colombia.
En aquel acuerdo fundacional, adoptado en Cabildo abierto, el
ayuntamiento “declara al pueblo de Maracaibo, libre e
independiente del Gobierno Español, cualquiera que sea su forma
desde este momento en adelante; y en virtud de su soberana
libertad se constituye en República democrática y se une con los
vínculos del pacto social a todos los pueblos vecinos y
continentales, que bajo la denominación de República de Colombia
defienden su libertad e independencia, según las leyes
imprescriptibles de la naturaleza”.

El pronunciamiento del Cabildo de Maracaibo y la adhesión al
mismo del jefe militar de la plaza, fueron posibles en el marco del
armisticio vigente desde el 25 de noviembre y el tratado de
regularización de la guerra del día 26, que Bolívar y Morillo habían
confirmado durante su entrevista en Santa Ana de Trujillo el 27 de
noviembre de 1820. Paradójicamente -como suele suceder en
procesos sociales complejos- la declaratoria de independencia
maracaibera, que se catalizó en las condiciones creadas por el
armisticio, significó el desencadenamiento de los hechos que
llevaron a su fin.

El día 29, Francisco Delgado, gobernador y jefe militar (provisional)
de la provincia, informa al Libertador: “Tengo el honor de anunciar a
Vuestra Excelencia que a las 5 de la mañana del día de ayer, ha
tremolado este pueblo el pabellón de la República, proclamando el
Muy Ilustre Ayuntamiento con las tropas de esta guarnición de mi
mando y un gran concurso del pueblo, su absoluta independencia
del Gobierno Español…”.

De la misma tinta, sin dilaciones, escribe Delgado al General
Urdaneta: “Señor General: Con la mayor satisfacción tengo el honor
de anunciar a Usted la regeneración de nuestro estado político
componiendo ya un solo pueblo, y defendiendo una misma causa
con la República de Colombia, a que de nuestra espontánea
voluntad nos hemos sometido, convencidos de nuestros derechos
tanto tiempo sofocados por la tiranía de un gobierno despótico. Las
delicadas atenciones de Usted exigían de justicia me contentas con
esta sola exposición; pero las particulares circunstancias de nuestra
reforma me imponen el deber de participarle en satisfacción y honor
de este pueblo, haber sido proclamada la más solemne
independencia al amanecer el día 28, con el mejor éxito y sin
presentarse el más pequeño obstáculo en su establecimiento.
Dispuesto este vecindario a sacrificar sus vidas para conseguir
ponerse en el goce de los derechos del hombre, no ha omitido
prueba con su valor, intrepidez y entusiasmo para acreditar su
adhesión al nuevo sistema de gobierno, manifestando en sus
semblantes y aclamaciones el más heroico patriotismo. No omito
indicar a Usted lo interesante que se hace la presencia de su
persona en este pueblo, que tiene la gloria de conseguir su libertad
bajo la inmediata protección de un benemérito hijo, cuyas
particulares circunstancias, prescindiendo de las virtudes que
adornan a Usted serían suficientes para entusiasmar aún a los más
deslumbrados”.

El 28 de enero de 1821 Maracaibo se suma a la República y ese
pronunciamiento desata los acontecimientos que provocarían la
confrontación definitiva del 24 de junio que decidió en gran parte la
emancipación de la Colombia original, la bolivariana. Dos años
después, en suelo y lago maracaibero, se logró completar la derrota
total del ejército realista, sellándose la independencia de Colombia
la grande.

La batalla del 24 de julio de 1823 ganada por los pescadores y
soldados comandados por Manuel Manrique y José Padilla, expulsó
a la última autoridad colonial en nuestro territorio, el Capitán
General Francisco Morales, quién capituló ante el mando patriota el
3 de agosto, yéndose a Cuba custodiado por naves de la
República.

En estos acontecimientos se estaba decidiendo el destino de una
región cuyo significado económico y geopolítico para la dominación
ibérica se basaba en el carácter estratégico de la pista lacustre; de
allí la permanente y considerable presencia militar que, desde las
incursiones conquistadoras de 1529 y 1569, eran la marca
fundamental de la hegemonía española. El estuario de Maracaibo
fue bisagra de operaciones desde y hacia el piedemonte productor
de rubros vegetales y mineros, por el Catatumbo con la ancha
franja andina que va desde Tocuyo hasta Pamplona, y por el Golfo
de Venezuela con los puertos caribeños y la Metrópoli a través del
Atlántico, tejiéndose con esas rutas una relación más expedita y
conveniente que con Caracas.

El concepto país no estaba cuajado, ni se había gestado como en
otras latitudes a partir de la conexión ancestral con el pueblo
originario. Aquí se estaba imponiendo una nacionalidad distinta,
soportada en la hegemonía de los invasores que detentaban el
poder político y económico, así como la preeminencia cultural y
religiosa. Los gentilicios zigzagueaban entre la condición de
colonias hispanas y localismos afectivos sin ningún determinismo
político-institucional. Lo geográfico venía impuesto por el paisaje
inmediato y lo “nacional” por los caprichosos trazos colonialistas
sobre el mapa. Las expresiones locales de gobierno, bajo la forma
que fuera, virreinatos, gobernaciones o capitanías generales, eran
piezas maleables del único poder que regía: el Imperio Español.
Por eso no tiene sentido endilgarle a una u otra ciudad ser menos o
más patriota según la fecha de sus primeros pronunciamientos
independentistas, si en los hechos tal condición no pudo sostenerse
sino con el concurso de toda la militancia emancipadora,
indistintamente del lugar de su procedencia. El propio Libertador no
se conforma con un espacio físico limitado; su escenario de lucha
es de instancia superior: cualquier sitio donde estuviera la opresión
colonial, y sus compañeros lo fueron quienes abrazaron esa causa
libertaria.

La nacionalidad de origen se forma entonces como resultado de la
imposición colonial en cuanto a la división político-administrativa. Y
la republicana, según lo que se pudo lograr durante la guerra
independentista y las mutaciones que sobrevinieron a la
atomización del conglomerado hispanoamericano.

El tiempo de los hechos y circunstancias particulares lo podemos
seguir en las memorias de uno de los artífices principales de la
operación: el General en Jefe Rafael José Urdaneta Farías.
Antes del armisticio se dieron órdenes al Coronel Justo Briceño,
para que con apoyo de los habitantes de la Ceiba y Ceibita,
ocupase las costas del lago Maracaibo entre Moporo y Gibraltar,
tomando para el ejército todas las embarcaciones que encontrara,
para ejecutar el plan pensado por Bolívar, que consistía en enviar
una División a ocupar la ciudad de Maracaibo. Esto no se logró
porque “Briceño encontró inconvenientes que retardaron sus
operaciones, y establecida la tregua para aquellos dos ejércitos, no
debían continuarse” tales acciones.

Una de las ventajas obtenidas en el pacto Bolívar-Morillo, fue que
“los patriotas pudiesen transitar por Maracaibo, siempre que
necesitasen del extranjero alguna cosa, y que para cuando se
rompiesen las hostilidades pudiese venir por allí desde Santa Marta
el batallón Rifles”.

El mando desde Barinas hasta las aguas del Lago estaba en manos
de Urdaneta, como Jefe de La Guardia, que a la vez era el
encargado de garantizar el fiel cumplimiento del armisticio, y de
ventilar cualquier asunto relativo al mismo, con el Jefe del ejército
español.

El papel jugado por Urdaneta en estos días es fundamental.
Coautor de la iniciativa del tratado de armisticio y regularización de
la guerra, fue también el líder inspirador del movimiento de
Maracaibo por la Independencia, y factor definitivo en los casos de
Coro y Barquisimeto. Antes, junto a Briceño Méndez, es el
diplomático acreditado por el Libertador Presidente desde agosto
de 1820 para negociar ante la jefatura española; más meritoria aún
la dignidad con que cumple su tarea, si tomamos en cuenta que el
maracaibero era de la tesis de que todo acuerdo pasaba por el
reconocimiento previo de la independencia de la República por
parte del Reino de España. Y así se logró tácitamente al sentarse a
dialogar de igual a igual: la República es beligerante y gana
legitimidad en el concierto de las naciones soberanas.

En enero Urdaneta está en Trujillo al mando de un distrito militar
que –como hemos dicho- va desde Barinas a las orillas sureñas del
Lago Maracaibo. Los patriotas de la ciudad puerto, Domingo
Briceño y José María Delgado, bajo pretextos, visitan al paisano
General para afinar los detalles del plan independentista que ya no
tiene vuelta atrás. Se le garantizan los empleos y ascensos a
quienes respalden el pronunciamiento, y se dispone de recursos
para la logística; tácticamente, el General Urdaneta mueve al
batallón Tiradores hacia el puerto de Gibraltar, previendo un
desplazamiento rápido en apoyo combativo si el mismo fuese
requerido. Estas medidas constituyeron un estímulo para el
movimiento patriótico maracaibero, que respiraba más seguro bajo
la protección de tan ilustre conciudadano.

Así está reseñado en las memorias de Urdaneta, como notas de los
editores tomadas de lo escrito por José Félix Blanco con base al
testimonio de Briceño y Delgado: “Con el pretexto, pues, de
comprar tabaco, de que se carecía en Maracaibo, y traerlo a la
renta, y con el de hacer algunos reclamos insignificantes, se
nombraron de comisionados a los señores Don Domingo B. y
Briceño, antiguo, ilustrado y decidido patriota, y al capitán de
caballería española Don José María Delgado cerca del General
Urdaneta. Se vieron con aquel Jefe y acordaron que Maracaibo no
necesitaba de apoyo para ser libre; que lo sería por sus propios
esfuerzos; y que lo único que se liaría sería aproximar unas fuerzas
que protegiesen la ciudad, si desgraciadamente volvían los
españoles a degollar a sus indefensos habitantes después de
pronunciados”.

Para que no queden dudas del protagonismo de Urdaneta en la
audaz operación de inteligencia que conllevó a los acontecimientos
del 28 de enero, repasemos esta carta que el Brillante escribe a
Sucre el 9 de enero de 1821, exactamente 19 días antes del feliz
suceso: “la operación de Maracaibo presenta buen aspecto y no
hay duda de que se conseguirá la ocupación de aquella plaza.
Estoy en relación con varios sujetos de allí y he enviado a otros
patriotas de toda confianza a organizar el plan de insurrección”.
Sus amigos y familiares están todos en ese plan dirigido a liberar
“un pueblo que, no habiendo sufrido nada en la revolución, ofrecía
inmensos recursos para el caso que desgraciadamente se abriesen
las hostilidades”.

El Libertador “no ignoraba la opinión que en favor de la
independencia había en Maracaibo”, por ello, con absoluta
confianza en su camarada, “se alejó de la provincia de Trujillo,
confiando el mando del ejército a Urdaneta, en cuyas notas
memoriales podemos leer un comentario cargado de sano orgullo
regionalista: “Las dos provincias, pues, limítrofes, ocupadas por los
ejércitos beligerantes, estaban mandadas por dos maracaiberos: la
de Trujillo, por el General Urdaneta, como queda dicho; y la de
Maracaibo por el Teniente Coronel D. Francisco Delgado”.

Respecto de la conducta del Coronel Francisco Delgado y sus
hermanos, comenta: “Este, como toda su familia, tenía entonces
motivos por qué estar agradecido al gobierno español, que había
premiado con distinciones y recompensas los servicios que en
tiempos anteriores le prestara su padre. Pero él era americano, con
algún tacto en los negocios políticos, y no podía ser tan obcecado
que resistiese a las influencias del triunfo de la opinión en el mundo,
y más aún, a las de su hermano Juan Evangelista, que, amigo de la
independencia desde 1810, había sido llamado por el General
Urdaneta, de Pamplona, donde estaba, para que viniese a decidir a
sus hermanos Francisco y José María, a que abrazasen la misma
causa. Luchaban al principio entre la gratitud al gobierno español, y
sus sentimientos como americanos: triunfaron estos al fin, y quedó
decidido que obrarían de acuerdo con el General Urdaneta para
pronunciar la ciudad”.

Continúa el relato de primera mano: “El importante servicio, pues,
que los Delgados, unidos al valiente pueblo de Maracaibo, hicieron
a la .República, solo puede calcularse por los recursos inmensos
que el General Urdaneta pudo sacar en hombres y dinero para el
paso de tropas, y facilidad para encontrarse en la batalla de
Carabobo, impidiendo que el Coronel Tello aumentase las fuerzas
españolas, que tan superiores en número eran en aquella célebre
batalla. Si el entonces Coronel Carrillo no hubiese detenido con el
batallón Brillante, compuesto todo de Maracaiberos al mando de su
Comandante José María Delgado, al referido Tello en el Tinaco,
problemático habría sido el éxito de aquella batalla no obstante las
combinaciones del Libertador y el arrojado valor de los Páez,
Cédenos, Plazas, Mellados, etc…”

Bolívar evalúa sosegadamente los acontecimientos. Sabe que
tendrán consecuencias en el devenir de la guerra. Para ello se
prepara y comienza a dar instrucciones. Pero, lógicamente, celebra
la adhesión de una plaza tan deseada y que la misma haya sido
ganada sin los desórdenes y desastres de la confrontación armada.
A través de Briceño Méndez escribe a Urdaneta: “Su Excelencia el
Libertador ha visto y está instruido de lo que Usted le participa en
su oficio de 1o del corriente. A pesar de las inquietudes que le
causa el temor de que sea la insurrección de Maracaibo un modo
de rompimiento, porque la atribuya el enemigo a falta de buena fe
por nuestra parte, celebra que la incorporación de aquella ciudad a
la República sea por su voluntad espontánea y sin los inevitables
males y sacrificios de la guerra. Su Excelencia felicita a Usted y le
tributa las más sinceras gracias por la prudencia y tino con que ha
sabido conducirse en este tan extraordinario y delicado negocio.
Usted ha prevenido los deseos y votos del Gobierno, alcanzando la
posesión de una plaza que es de primera importancia para nuestras
relaciones, y que asegura nuestras posiciones militares; y ha dado
al mundo un nuevo testimonio de entusiasmo por la libertad y de
filantropía acogiendo bajo la protección de las armas de la
República a un pueblo oprimido que la reclama, y salvándolo de los
horrorosos desastres del desorden, de la anarquía y de la venganza
de sus enemigos”.

En otra comunicación, vienen las felicitaciones y las instrucciones
precisas: “No pudiendo Su Excelencia el Libertador Presidente
alejarse por el momento de esta frontera, adonde le han llamado las
más graves atenciones, y deseando al mismo tiempo testificar al
pueblo y autoridades de Maracaibo los sentimientos que animan a
S. E. en favor de ellos y sus ardientes votos por la seguridad y
prosperidad de una Provincia que ha sabido elevarse por sí misma
hasta colocarse al lado de las que se glorían de pertenecer a
Colombia, ha tenido a bien disponer y me manda diga a Usted:
“1o Que pase Usted inmediatamente a establecer su Cuartel
General en Maracaibo, a felicitar a aquel pueblo y a las autoridades
constituidas en él por su generosa y noble conducta en su
transformación política, y asegurarle de los sentimientos de
distinción y aprecio con que el Gobierno de la República le acoge
bajo su protección, incorporándole a su seno.

2o Que correspondiendo la Provincia de Maracaibo al distrito de La
Guardia, ejerce Usted el mando superior en ella; Su Excelencia
autoriza además a Usted ampliamente para que tome todas las
medidas que juzgue necesarias para la organización de la Provincia
en todos los departamentos de gobierno; para que provea a su
seguridad interior y exterior por todos los medios que su actual
situación exija, aunque sean extraordinarios, y para que imponga
Usted contribuciones extraordinarias y disponga de sus productos a
favor del ejército y la Provincia, todo conforme a las órdenes e
instrucciones que verbalmente le ha comunicado Su Excelencia.
3o Que confiado plenamente en el celo, talento y virtudes de Usted,
se promete el más brillante resultado de esta comisión: que el
ejército será reforzado, la Provincia asegurada contra cualquiera
tentativa del enemigo y su administración establecida sólidamente
sobre las bases del orden y bajo los principios proclamados por la
República, para todo lo cual se halla Usted competente y
ampliamente facultado. Trujillo, 3 de marzo de 1821. Pedro Briceño
Méndez”.

Al Gobernador Político de Maracaibo, le comunica el 31 de marzo
desde Trujillo, la decisión tomada sobre la designación de Urdaneta
como máxima autoridad plenipotenciaria: “Ocupado en este
momento de grandes atenciones en esta parte para asegurar la
tranquilidad de esa Provincia, me es forzoso privarme por algún
tiempo del puro placer que me inspiraría el ser testigo de las
efusiones de entusiasmo que Usted me anuncia de parte de ese
pueblo. Pero deseando testificar mi gratitud y mis ardientes votos
por la prosperidad de tan virtuosos colombianos y renovar las
protestas con que el Gobierno de la República los acoge e
incorpora al seno de ella para sostenerlos y defender sus derechos
contra la España, he nombrado al señor General de División Rafael
Urdaneta, Comandante en Jefe de La Guardia, para que,
trasladando su Cuartel General a esa ciudad, cuide y se encargue
de la defensa y seguridad de ella, y de la organización de su
Gobierno en todos los departamentos. Yo espero que Usted y el
pueblo entero de Maracaibo reciban al señor General Urdaneta con
la gratitud y estimación a que sus singulares méritos y
circunstancias le hacen acreedor”.

Como anota en sus memorias el General Urdaneta: “Resuelta la
terminación del armisticio, comenzaron a activarse las operaciones
militares; en consecuencia decía el Libertador desde Achaguas al
Subjefe del Estado Mayor General, entre otras cosas: “Que debe
tener Usted entendido que se ha intimado al enemigo el rompimiento
de las hostilidades dentro de cuarenta días,
empezados a contar desde el 20 del corriente. Así, es de primera
importancia que vengan cuanto antes las tropas que deben venir al
ejército, para que descansen algún tiempo; pero sobre todo urge
infinitamente el pronto despacho para Maracaibo de los mil
quinientos fusiles, porque se ha contado con ellos para armar los
batallones que forman la división del señor General Urdaneta, que
es la primera que entrará en campaña”.

Y así fue al entrar sobre Coro el ejército de Urdaneta, donde
destacó una vez más como muchas en la gesta emancipadora
venezolana, la mujer bravía y consciente, en la persona de Josefa
Camejo, Libertadora de Paraguaná, heroína nacional.

Mucho más tendría que dar aún Urdaneta y Maracaibo por la
Independencia Hispanoamericana: “…Y aunque la libertad de Coro
será el principio de su operación, ella no debe retardar nada el
complemento de la empresa, conforme se ha prevenido a Usted”.
(Briceño Méndez, Barinas, 1 de abril 1821)

La velocidad que adquirieron los preparativos de reactivación de las
hostilidades, y el plan previsto por Bolívar de reunir un gran ejército
para la contienda definitiva, el dictado de órdenes y contraórdenes
era un asunto del día a día; así de la orden que Urdaneta se
estableciera en Maracaibo, se pasó a otra: “Que el deseo y objeto
principal de Su Excelencia es que ocupe Usted a Coro a la mayor
brevedad, emprendiendo sus operaciones el día 28 del corriente sin
falta. Que libertada Coro se dirija Usted con su división a la ciudad
de Guanare por el camino del Tocuyo…”.

En marcha desde Coro vía al camino de Carora, en Pedregal, se le
unió a Urdaneta el Batallón Rifles venido con retraso desde Río
Hacha, por tener que enfrentarse en el trayecto a grupos de
guajiros contratados por los españoles. El 6 de junio, antes de
Carabobo, Bolívar propone al Congreso el ascenso de Urdaneta al
rango de General en Jefe, por tantos méritos, entre los que cuenta
haber “completado la libertad de las Provincias de Maracaibo y
Coro”.

El Libertador le reconocía así a Urdaneta: “los importantes servicios
que ha prestado Usted a la República en esta campaña, libertando
dos Provincias que por su situación y recursos han sido los firmes
apoyos de nuestros enemigos en las épocas anteriores”.

Yldefonso Finol

Economista. DEA en Historia. Investigador acreditado en los Archivos Históricos de España. Experto en Derechos Humanos y Derecho Internacional de Refugiados. Investigador de etnohistoria y procesos de descolonización. Escritor. Poeta. Cronista de Maracaibo.

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