La Presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ratificó este miércoles ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) las líneas que definen hoy la proyección del Gobierno de Venezuela, entre las que mencionó especialmente el compromiso con la paz y el diálogo como única salida humana, así como la prevalencia del entendimiento y el diálogo sobre el conflicto, durante una intervención en la que también abordó desafíos actuales como la seguridad energética, el desarrollo inclusivo que tome en cuenta el Sur Global y las sanciones que socavan el desarrollo.
Texto: Telesur
Al intervenir en el 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, Rodríguez expresó la solidaridad con los pueblos en guerra, sostuvo que hoy Venezuela renace tras la confrontación política y el doble terremoto de 2026, y ratificó los derechos de Venezuela sobre la Guayana Esequiba, al tiempo que llamó a Guyana a negociar.
“Venezuela, que hoy sabe lo que es levantar a sus hijos de entre los escombros, extiende su solidaridad más profunda a todos los pueblos que sufren la guerra y reafirma, sin ambigüedades, que la paz —una paz justa, duradera, con dignidad para todas las partes— no es una aspiración ingenua, sino la única salida verdaderamente humana”, destacó la presidenta en funciones de Venezuela, quien también expresó su convicción por “el respeto a los derechos de la naturaleza como única vía de consagración de la vida humana”.
Expuso que el desarrollo inclusivo con justicia social es indispensable para mitigar la pobreza de cientos de millones de personas en el Sur Global, advirtiendo que “las sanciones socavan las libertades económicas y financieras y retrasan el desarrollo humano”.
Seguridad energética y Venezuela en la fórmula internacional
En materia energética, la mandataria encargada de Venezuela afirmó que la estabilidad internacional exige resolver el trilema para garantizar simultáneamente la seguridad del suministro, precios asequibles para el desarrollo y sostenibilidad ambiental. Agregó que la imposición de cronogramas de descarbonización forzados puede ser «una amenaza directa a la seguridad alimentaria, el empleo y la producción».
Tras resaltar que la seguridad energética es imprescindible para el sostenimiento de la economía internacional y el desarrollo, dijo que «sin duda alguna, Venezuela juega y jugará un papel muy importante en esta fórmula internacional», y destacó «el reciente acuerdo binacional EEUU-Venezuela como uno de los más grandes suscritos, que contribuirá al equilibrio energético del hemisferio e internacional».
Al abordar la inteligencia artificial, Rodríguez consideró que «estamos en presencia de un hito tecnológico, que bien empleado significará un desarrollo sin precedentes en la salud, ambiente, los procesos productivos y en la vida en general», e instó a Gobiernos, sector tecnológico y comunidad científica a no desviar «el propósito constructivo y vital de la IA para beneficio de los ciudadanos», así como a no profundizar la brecha y la desigualdad digital en el mundo.
Venezuela y la Guayana Esequiba
Al intervenir este miércoles en la Asamblea General de la ONU, Delcy Rodríguez reafirmó los históricos derechos de Venezuela sobre la Guayana Esequiba e instó a la República Cooperativa de Guyana a volver a las negociaciones, según el Acuerdo de Ginebra, y recordó que «los acuerdos que más perduran son los que provienen de negociaciones bilaterales por encima de organismos externos».
Al señalar críticas al país e incomprensiones sobre su realidad, declaró que, que para quienes se preguntan de qué lado está el país, su bando es el de «los ciudadanos del mundo que procuran su felicidad, su desarrollo y su libertad».
Pruebas dolorosas
Al reflexionar sobre la vida nacional venezolana, la mandataria encargada expuso que la nación ha estado afectada por “una crisis de convivencia política que perturbó la vida nacional y nuestra interacción con el mundo. Se impusieron intereses ajenos al bien común de los venezolanos”.
Señaló que en 2026 afrontó dos grandes y dolorosas pruebas: “Una derivada del estrangulamiento de la política interna y la confrontación agudizada con los Estados Unidos de América. Otra, proveniente de la fiereza de la naturaleza: el doble terremoto del 24 de junio”.
A pesar de estos golpes, resaltó que, como diría el poeta César Vallejo, “Venezuela renace” para resumir la actitud de un pueblo que transformó la confrontación en diálogo, negociación y diplomacia.
“Venezuela Renace resume la actitud que nuestro pueblo ha asumido frente a estos dos acontecimientos”, dijo, y añadió que la nación “aspira con Estados Unidos, con sus vecinos, con todos los países de nuestro continente y con la comunidad internacional, a reconstruir y sostener relaciones de respeto e igualdad”.
Agradeció al presidente Donald Trump y a su Gobierno por la disposición a retomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación, recordando que la última vez que dos presidentes de ambas naciones se reunieron fue en el año 2009.
Detalló que trabajan seriamente para dirimir diferencias, abonar caminos para el relacionamiento energético, la promoción de seguridad, la lucha contra el crimen transnacional y la cooperación económica. También expresó la gratitud de Venezuela a los países de América, Europa, Asia, África, Asia Occidental y al sistema de la ONU por la solidaridad brindada durante las horas más oscuras causadas por los sismos de junio.
“En Venezuela sentimos el verdadero espíritu que inspiró la creación de esta organización”, afirmó.
Nuevo tiempo político: “Un país que busca construir su propio destino”
“Vengo a esta Asamblea como una hija más de Venezuela a presentar las aspiraciones de un país que busca construir su propio destino luego de conflictos políticos que cerraron sus espacios para que las distintas corrientes encontraran un lugar para dirimir sus diferencias y en medio de un duro bloqueo económico que dio al traste con el modelo de desarrollo de inclusión e igualdad”, afirmó este miércoles Delcy Rodríguez al intervenir en Naciones Unidas.
“Durante demasiado tiempo fuimos un país dividido entre trincheras, donde el color de una bandera partidista pesaba más que el apellido común que todos compartimos, venezolanos y venezolanas. Esta etapa debe cerrarse, para dar inicio a un nuevo tiempo político basado en la verdad, la justicia y la capacidad de mirar hacia delante juntos y encontrar en el diálogo político respetuoso un espacio genuino para dirimir las diferencias que como venezolanos tenemos, buscando siempre un horizonte a favor del país”, sostuvo.
Para consolidar esta nueva etapa, reafirmó los pilares del proceso: una reforma jurídica ordenada para brindar seguridad jurídica y evitar poderes arbitrarios, y una apertura política plena que garantice condiciones reales de participación.
Elecciones
“En Venezuela habrá elecciones”, garantizó Rodríguez. “Ya hemos iniciado un diálogo político con sectores de la oposición que conduzca a un proceso en igualdad de condiciones para todos”, afirmo la mandataria encargada y pidió el acompañamiento internacional, respetuoso de la autodeterminación, para que el país pueda respirar libre y sin intromisiones.
“La democracia no se mide por la existencia de elecciones. La democracia se mide por la calidad de la competencia que precede esas elecciones. Una elección debe ser una solución, no un generador de conflictos irreconciliables”, enfatizó.
Rodríguez envió un mensaje de esperanza a los jóvenes, a quienes decidieron partir a otro país y a cada ciudadano afectado por la reciente catástrofe natural, asegurando que vale la pena creer y caminar unidos. «Se trata de construir un país donde nadie tenga que ganar desconociendo al otro, porque todos —especialmente los jóvenes, que apenas empiezan su socialización política— somos Venezuela», dijo.
Recordando la convocatoria del Libertador Simón Bolívar de hace 200 años, convocó a todos los sectores a arrimar su esfuerzo: «Ni un poderoso. Ni un partido, ni una facción: todos juntos arrimemos nuestro esfuerzo para el renacimiento de la Patria próspera que merecen nuestras hijas y nuestros hijos».
“Que Dios bendiga a Venezuela, y que la unión de su pueblo sea, de ahora en adelante, nuestra bandera más grande. Vamos juntos a construir el renacimiento de Venezuela”, concluyó la mandataria en encargada de Venezuela.
Transcripción del discurso
Muy buenas tardes, distinguido presidente de la 81 Asamblea General de las Naciones Unidas, distinguidos jefes de Estado, jefes de gobierno y de delegaciones.
He estado en este estrado en diferentes momentos de mi vida como funcionaria. Primero como Canciller, luego como Vicepresidenta Ejecutiva y ahora como Presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela.
En todos estos momentos han sido motivo de reflexión los grandes temas, aspiraciones y preocupaciones de la humanidad: la paz, el desarrollo, la igualdad, la crisis climática, el libre comercio, seguridad energética y, más recientemente, la inteligencia artificial.
Sobre estos desafíos, Venezuela ha mantenido y mantiene líneas muy claras:
Su apego a la paz y el rechazo a la violencia; que sea el entendimiento y el diálogo sobre el conflicto. Creemos firmemente en el poder del entendimiento y el diálogo. Venezuela, que hoy sabe lo que es levantar a sus hijos de entre los escombros, extiende su solidaridad más profunda a todos los pueblos que sufren la guerra y reafirma sin ambigüedades que la paz, una paz justa, duradera, con dignidad para todas las partes, no es una aspiración ingenua, sino la única salida verdaderamente humana.
El desarrollo inclusivo con justicia social para mitigar la pobreza y aliviar el sufrimiento de cientos de millones de personas concentradas principalmente en el Sur Global. Sabemos que las sanciones socavan las libertades económicas, financieras y retardan el desarrollo humano.
Creemos en el respeto a los derechos de la naturaleza como única vía para la consagración de la vida humana.
De igual forma, el fracaso institucional del comercio global es evidente, porque ninguna nación puede prosperar bajo esquemas supranacionales que no promuevan la industria nacional y premien la deslocalización.
Por otro lado, la estabilidad internacional exige resolver el trilema energético: garantizar simultáneamente la seguridad en el suministro, precios asequibles y sostenibilidad ambiental. Promover cronogramas de descarbonización forzados es una amenaza directa a la seguridad alimentaria, el empleo, la producción. Debemos evitar colapsos industriales, quiebres productivos y costos energéticos insoportables para los pueblos. La seguridad energética se hace así imprescindible para el sostenimiento de la economía internacional y el desarrollo. Sin duda alguna, Venezuela juega y jugará un papel muy importante en esta fórmula internacional. Resalto así el recién acuerdo binacional Estados Unidos-Venezuela como uno de los más grandes jamás suscrito y que contribuirá al equilibrio energético del hemisferio y de la economía internacional.
Mención aparte, la inteligencia artificial, que supone una verdadera revolución tecnológica. Estamos en presencia de un hito de transformación de la humanidad, que bien empleada significará un desarrollo sin precedentes en la salud, en el ambiente, en los procesos productivos y en la vida en general de los seres humanos. Los gobiernos, los sectores tecnológicos, la comunidad científica tenemos la inmensa responsabilidad de no desviar el propósito constructivo y vital de la IA en beneficio de los ciudadanos, así como de no profundizar la brecha y la desigualdad digital en el mundo.
No puedo dejar de mencionar en este espacio, sede de la legalidad internacional, nuestra reafirmación de los históricos derechos de Venezuela sobre la Guayana Esequiba y el llamado a la República Cooperativa de Guyana a resolver y volver a las negociaciones tal como lo ordena el Acuerdo de Ginebra. Los acuerdos que más perduran son los provienen de negociaciones bilaterales por encima de organismos externos.
Para quienes se preguntan de qué lado está Venezuela, ahí están nuestras líneas y referentes. Nuestro bando es uno solo: el de los ciudadanos del mundo que procuran su felicidad, su desarrollo y su libertad.
Mucho se dice sobre Venezuela, muchos opinan sobre Venezuela, algunos intentan interferir en los asuntos de Venezuela. Vengo a hablarles de una Venezuela cuya vida nacional ha estado afectada por una crisis de convivencia política que perturbó la vida nacional y nuestra interacción con el mundo. Se impusieron intereses ajenos al bien común de los venezolanos.
En 2026, Venezuela ha vivido dos grandes y dolorosas pruebas en su vida como nación: una derivada del estrangulamiento de su vida política interna y la confrontación agudizada con los Estados Unidos de América; otra proveniente de la fiereza de la naturaleza, el doble terremoto del 24 de junio.
A pesar de estos golpes de la vida tan fuertes, como diría el poeta César Vallejo, para los venezolanos y venezolanas hoy Venezuela renace. Renace, resume la actitud de nuestro pueblo que ha asumido frente a estos acontecimientos la transformación de una relación política fundamentada en el diálogo, la negociación y la diplomacia. Por eso hoy Venezuela aspira con Estados Unidos, con sus vecinos, con todos los países de nuestro continente y de la comunidad internacional, reconstruir y sostener relaciones de cooperación, respeto e igualdad.
Quiero en esta 81° Asamblea General de la ONU agradecer al presidente Donald Trump y a su gobierno por su disposición a retomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación con Venezuela. La última vez que dos presidentes de Venezuela y los Estados Unidos se reunieron fue en el año 2009.
Hoy trabajamos seriamente para dirimir a través del diálogo las diferencias existentes, pero principalmente para abonar los caminos para el relacionamiento energético, la promoción de seguridad, la lucha común contra el crimen transnacional y la cooperación económica en beneficio de ambos pueblos y de nuestro continente.
Por otro lado, la reconstrucción material, moral y espiritual de nuestra patria, azotada por una devastadora tragedia natural. Quiero agradecer a todos los países de América, de Europa, de Asia, de África, de Medio Oriente, así como a todo el sistema de las Naciones Unidas, que brindaron su solidaridad al pueblo venezolano durante las horas más oscuras causadas por el doble terremoto. Allí se sintió el verdadero espíritu fundador de esta organización.
Vengo a esta Asamblea como una hija más de Venezuela, a presentar las aspiraciones de un país que busca construir su propio destino luego de conflictos políticos que cerraron sus espacios para que las distintas corrientes encontraran un lugar para dirimir sus diferencias, y en medio de un duro bloqueo económico que dio al traste con el modelo de desarrollo de inclusión e igualdad.
Durante demasiado tiempo fuimos un país dividido entre trincheras, donde el color de una bandera partidista pesaba más que el apellido común que todos compartimos, venezolanos y venezolanas.
Esta etapa debe cerrarse, para dar inicio a un nuevo tiempo político basado en la verdad, la justicia y la capacidad de mirar hacia delante juntos y encontrar en el diálogo político respetuoso un espacio genuino para dirimir las diferencias que como venezolanos tenemos, buscando siempre un horizonte a favor del país.
Me complace anunciar que Venezuela ha iniciado un proceso de transformación democrática para su renacer, un proceso ordenado, institucional y verificable para construir un país más libre para todos, más próspero y más reconciliado consigo mismo. Un proceso de cambio político, económico, espiritual, de reformas estructurales para el renacer de Venezuela, para el renacer de nuestra nación, para el renacer de nuestro pueblo. Se trata de construir un país donde nadie tenga que ganar desconociendo al otro, porque todos, especialmente los jóvenes que apenas empiezan su socialización política, somos Venezuela.
Tenemos que aspirar a una Venezuela cuya clase política esté íntimamente comprometida con los intereses nacionales por encima de cualquier cosa y no esté secuestrada por algoritmos mediáticos.
Conozco muy bien a Venezuela, agradezco a Dios la oportunidad que me ha brindado para conocer los espacios institucionales en distintos sectores de la vida pública. Sé dónde están las puertas que se deben abrir para la transformación profunda de Venezuela y para la edificación de nuevas bases para una economía al servicio del desarrollo nacional, de una justicia cabal para todos sin distingo de clase social o política y de consolidar un sistema de justicia e igualdad social como lo concibió nuestro padre libertador Simón Bolívar.
Quiero que de los escombros de la división levantemos los cimientos de una república nueva, plural, profundamente espiritual y en paz consigo misma, pero también en paz con un mundo cada vez lamentablemente cada día menos integrado.
La historia nos ha enseñado que algunas de las transiciones democráticas más sólidas del mundo contemporáneo no nacieron de la ruptura, sino de la transformación conducida con firmeza desde las propias instituciones. Esa es la inspiración, no la reproducción de una historia ajena ni pasada, sino el aprendizaje de una idea universal: la legalidad puede ser el camino hacia una legalidad mejor.
Una nación no renace solamente reconstruyendo edificios, renace cuando reconstruye la confianza en sus instituciones. Por eso quiero anunciar y reafirmar con precisión ante ustedes los pilares de este proceso:
Primero, una reforma jurídica ordenada. Venezuela ha emprendido un proceso de revisión institucional para fortalecer el funcionamiento del Estado y poder brindar la seguridad jurídica que no solo los inversionistas nacionales e internacionales necesitan, sino también nuestros ciudadanos, que no se sienten atropellados por un poder arbitrario, sino que esté a su servicio. La reforma de la justicia y de su sistema es impostergable.
Segundo, ejercicio responsable y pleno de la política. Venezuela garantizará condiciones reales de participación para todas las fuerzas políticas del país.
La democracia no se mide por la existencia de elecciones. La democracia se mide por la calidad de la competencia que precede esas elecciones. Una elección debe ser una solución, no un generador de conflictos irreconciliables.
Quiero decirlo muy claro en esta Asamblea General: en Venezuela habrá elecciones. Y en esa dirección hemos iniciado un diálogo político con sectores de la oposición que conduzca a un proceso en igualdad de condiciones para todos.
El pueblo venezolano, con su sabiduría ancestral, determinará el momento correcto y sus instituciones estarán preparadas para garantizar ese proceso inclusivo y transparente, un país que no esté sometido a restricciones económicas de ningún tipo para que se garantice su derecho al desarrollo. El resto y las reacciones espasmódicas de adentro y de afuera forman parte del espectáculo que ya no quieren ver los venezolanos.
Venezuela definitivamente debe abandonar el camino que permitió que el extremismo y la intolerancia se impusieran sobre la convivencia democrática y pacífica. Y allí pido el acompañamiento de la comunidad internacional para que respalden de buena voluntad los cambios que Venezuela necesita desde el respeto a la autodeterminación de mi país.
Venezuela quiere respirar libre, ejercer sus derechos como nación soberana sin ningún tipo de intromisión, una Venezuela admirada y respetada. Vengo a asumir hacia adelante una responsabilidad histórica, la de conducir a Venezuela desde una etapa de incertidumbre y conflicto hacia una etapa de democracia plena reconocida por su propio pueblo y por el mundo. Una nueva etapa de bienestar para el renacer de Venezuela.
A mi pueblo amado le digo: este no es el final de un discurso, es el comienzo de un compromiso. A la comunidad internacional le digo: Venezuela está lista para caminar de la mano de quienes crean en una relación internacional respetuosa, sin intromisiones ni prejuzgamientos.
A los jóvenes que han crecido viendo un país fracturado y que muchas veces decidieron partir buscando lo que en nuestro país no encontraban, les digo que vale la pena creer de nuevo. Este es el momento de construir el país al que muchos quieran regresar y no solamente aquel del que muchos quisieron huir.
Y a cada venezolano que hoy, en medio de la pérdida material o humana que dejó el terremoto, que se pregunta si vale la pena seguir de pie, les respondo que sí, que la fuerza de este pueblo no se mide en los momentos fáciles, sino precisamente en momentos como este; que de cada catástrofe que hemos vivido como nación siempre hemos salido más unidos de lo que estábamos antes de que ocurriera.
Venezolanos, no prometo un camino fácil. La recuperación del país tomará un tiempo. La reconstrucción del alma nacional será nuestra prioridad. Caminaremos unidos como una sola nación que decidió, después del dolor, elegir la esperanza.
Que este momento político y geopolítico quede en la historia como el día en que decidimos levantarnos todos juntos para construir el renacer de Venezuela.
Este 16 de diciembre se cumplirán 200 años del llamado angustiado del Libertador Simón Bolívar al pueblo de Venezuela para salvarlo de la disolución, la división y la guerra civil. Dijo: “Venezolanos, seréis consultados para que digáis cuándo, dónde y en qué términos queréis celebrar la gran Convención Nacional. Allí el pueblo ejercerá libremente su omnipotencia, allí decretará sus leyes fundamentales. Tan solo él conoce su bien y es dueño de su suerte, pero no un poderoso, ni un partido, ni una facción, sino el pueblo es soberano. Ni un poderoso, ni un partido, ni una facción, todos juntos arrimemos pues nuestro esfuerzo para el renacer de la patria próspera que merecen nuestros hijos y nuestras hijas”.
Que Dios bendiga a Venezuela y que la unión de su pueblo sea, de ahora en adelante, nuestra bandera más grande para mostrar al mundo y para mostrar de lo que somos capaces los venezolanos de bien, dignos y con moral histórica para seguir adelante. Muchas gracias.








