La Gran Pulpería de Libros resistió con Bolívar el doble terremoto

Prensa MPPC (29/07/26).- Hay hechos que encuentran sentido, maravillosamente, en nuestra fortaleza histórica. Esa fue la impresión que tuvimos al recorrer La Gran Pulpería de Libros Venezolanos, ubicada en Sabana Grande de Caracas, un auténtico templo de 832 metros cuadrados que resguarda cerca de tres millones de ejemplares.


Prensa MPPC (Texto: Stiven Rodríguez Volcán / Fotos: Roiner Ross)

Tras el doble sismo del pasado 24 de junio, la estructura de la edificación no sufrió daños. Sin embargo, varios de sus estantes colapsaron en uno de sus costados, hasta topar con un pilar en donde se encuentra la sección dedicada a Simón Bolívar.

“¡Bolívar aguantó!”, exclamó Rómulo Castellanos, quien hoy lleva las riendas de esta emblemática librería fundada por su padre, el historiador y escritor Rafael Ramón Castellanos.

El eco de sus palabras llegó a oídos de Raúl Cazal, ministro del Poder Popular para la Cultura, durante un recorrido por este espacio cuyos pasillos los dividen unos 500 estantes; un universo casi borgiano donde las historias reales y las ficciones se entrecruzan a cada paso.

Cazal, como un apasionado lector, escritor y promotor de la lectura, que en otras épocas visitaba asiduamente, le expresó a Castellanos el apoyo del ministerio para que La Gran Pulpería y el sector del libro se mantengan en pie después de estos embates que ha sufrido el pueblo venezolano. En el encuentro también estuvo presente Carlos Ortiz, editor y profesor universitario, quien desde el primer día ha acompañado a Castellanos en la rehabilitación de esta librería tan querida por los caraqueños.

Como un involuntario juego de palabras, Castellanos expresó que “se cayó Derecho”, para luego ir mencionando otros estantes que se derrumbaron, como las secciones de Psicología y Esoterismo; y es que, al igual que el propio suelo de su espacio geográfico, ese rinconcito de Caracas hecho de libros también se movió.

“Pero Bolívar fue el soporte”, contestó Cazal, tras la reafirmación del librero sobre el tramo dedicado a El Libertador.

Castellanos recordó que al día siguiente del desastre la librería estuvo a oscuras, y que gracias a que detectó a tiempo un cortocircuito, logró evitar un incendio.

Muy pocos fueron los libros afectados. Apenas a algunos se les desprendió la portada de tapa blanda; pero la mayoría terminó demostrando que “los libros son indestructibles”, como lo manifestó el propio dueño de La Gran Pulpería.

Ortiz añadió que el terremoto también desenterró joyas de la literatura que se hallaban traspapeladas. Uno de esos ejemplares apareció de pronto en las manos de Castellanos para enseñarnos las “Obras completas” de Teresa de la Parra, publicada por la Editorial Arte en 1965 sobre fino papel biblia. “Este me lo llevo, lo compro”, reaccionó de inmediato Cazal, a lo que el librero, con rápida ocurrencia, le respondió: “Te hago un descuento”.

Recordando a Rafael Ramón Castellanos

El encuentro fue también un emotivo cruce de memorias. Se recordó allí la amistad que unió al revolucionario Joel Atilio Cazal, padre de Raúl, con el propio Rafael Ramón Castellanos.

Asimismo, el titular de la cartera cultural rememoró la cercanía que mantuvo con el fundador de La Gran Pulpería, en especial durante su gestión al frente del Centro Nacional del Libro, a través de la digitalización de “Historia de las librerías en Venezuela”, obra en dos tomos escrita por el historiador Castellanos.

Rómulo reveló que aún hay libros de su padre que no se han editado: por ejemplo, uno sobre el pintor Tito Salas y otro sobre el Hotel Humboldt. Igualmente, Cazal recordó que la obra de Castellanos sigue vigente, con obras como la edición del Perro y la Rana de “El milagroso médico de los pobres en Isnotú” y “Sucre, creador del Derecho Internacional Humanitario”, entre otros títulos.

Un detalle curioso de esta familia de libreros es que cada uno lleva colgado al cuello un medallón. Rómulo detalló que aparecieron entre los tesoros de La Gran Pulpería que dejó su padre, y que ahora lucen con orgullo como si pertenecieran a una logia; “pero no masónica, sino amazónica”, acotó pícaramente entre risas.

La solidaridad de los jóvenes

Todo está volviendo a su lugar gracias a las manos de los jóvenes que forman parte de La Gran Pulpería. Pero también al trabajo de voluntarios que aman los libros: talentos provenientes de las letras o de otras áreas del saber que siempre encuentran un refugio en este búnker de la lectura.

Castellanos manifestó que la librería se mantiene firme en continuar su servicio, aunque de manera transitoriamente flexibilizada mientras rehabilitan y reorganizan el espacio. Sin embargo, el lugar sigue abriendo sus puertas para vender e incluso obsequiar algunos ejemplares, sobre todo a quienes han sumado su apoyo.

Cazal se despidió con las manos llenas de libros esenciales, por mencionar “Historia y antología de la literatura venezolana”, de Pedro Díaz Seijas, y la “Cartografía antigua de Guayana”, junto a otras obras dedicadas a la historia patria que alimentan ese espacio de memoria en el que siempre hallamos nuestro punto de encuentro como venezolanos.

El ministro también le informó a Castellanos que ha tenido contacto con los directivos de la Cámara Venezolana del Libro para hacer un inventario sobre los bienes culturales afectados por el doble terremoto y evaluar acciones en favor del sector editorial.

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