Rodolfo Porras estrena “Tan cierto como la nada”: Una reflexión sobre la humanidad perdida en las colas del 2017

El reconocido dramaturgo y director venezolano conversó en el Noticiero Cultural Día, transmitido por Alba Ciudad 96.3 fm sobre los últimos días de la temporada de su más reciente obra, una pieza que utiliza el humor y la música en vivo para explorar el vacío existencial y la necesidad del otro, en medio del contexto de la cotidianidad venezolana.

Texto: Alba Ciudad (Jorge Pinillos) / Entrevista: Angie Vélez/ Fotos: Luigino Bracci

Escucha la entrevista aquí:

El teatro venezolano contemporáneo encuentra en Rodolfo Porras una de sus voces más lúcidas y comprometidas. Director, escritor y guía detrás de “Tan cierto como la nada”, Porras visitó los estudios del Noticiero Cultural Día para conversar con la periodista Angie Vélez sobre los últimos días de la temporada de esta pieza, que se presenta en el Teatro Alberto de Paz y Mateos, sede de la Compañía Nacional de Teatro (CNT).

La obra, escrita en 2017 y ahora llevada a las tablas, surge de una experiencia profundamente arraigada en la memoria reciente de los venezolanos: las largas colas para conseguir alimentos. “Surge de eso, de levantarse a las 3 de la mañana e ir a hacer las colas esas, a comprar harina pan si conseguía harina pan, de lo que fuera”, confesó Porras al iniciar la entrevista. “Era muy loco levantarse a esa hora, llegar a su casa a veces porque después a las 7, 8 de la mañana no había nada”, agregó.

La nada como metáfora de la alienación

El título de la obra no es casual. Para Porras, esa experiencia de vacío y fracaso al no conseguir nada se convirtió en “una buena metáfora de lo que nos pasa por dentro”. “Cuando la gente está como alienada o cuando no tiene mucha intencionalidad de vivir la vida, sino caer en una rutina, está en la nada. Eso es tan cierto como la nada”, explicó el dramaturgo, revelando así la profundidad filosófica que subyace en una anécdota aparentemente cotidiana.

La pieza cuenta con dos personajes principales, interpretados por Orlando Suárez y Horacio Méndez , aunque en el escenario hay cuatro personas en total. “Hay dos músicos, Gilberto Simosa, que es un musicazo, y una muchacha llamada Jinmei Jimón, que canta como los dioses”, detalló Porras. Los músicos se encuentran al fondo del escenario, visibles para el público, mientras los actores, con un aspecto que evoca el humorismo de los años 40, desarrollan la trama: “están haciendo su cola y pelean, y están tratando de colarse, el otro que no se le colea, y eso termina en una pelea, y esa pelea los lleva a la nada”.

El humor como herramienta, no como fin

Consultado sobre cómo logró combinar el humor con la carga emotiva de aquellos años difíciles, Porras fue enfático en señalar la diferencia entre escribir comedia y utilizar el humor como recurso expresivo. “Yo creo que toda mi dramaturgia tiene mucho de humor, soy una especie como de costumbre allí, pero yo no quiero escribir comedia, sino que uso el humor, que es distinto”.

El director, quien también escribe sobre teatro en medios como Ciudad Caracas, explicó que el humor funciona como “una defachatez, una manera de decir”. Esta aproximación le permite abordar temas complejos sin caer en el panfleto, apelando a lo que él denomina “mensajes al hipotálamo”, en referencia a aquellas películas de comedia que, sin mencionar explícitamente ideologías, terminan transmitiendo una carga ideológica profunda.

La música en vivo: el sonido de lo que no está

Uno de los elementos más distintivos de la puesta en escena es la presencia de músicos en vivo. Se preguntó sobre el rol del sonido en una obra titulada Tan cierto como la nada, a lo que Porras respondió con una reflexión sobre la naturaleza del arte: “Se supone que si es nada, no debería haber nada, ¿no? Pero la nada teatral tiene dos espacios”. Explicó que la música no está dentro del argumento, sino que lo acompaña, igual que en el cine cuando una escena de tensión tiene su banda sonora característica. “Eso ayuda al argumento, o los sonidos, o las luces, los efectos”, precisó.

La solidaridad y el otro como ejes fundamentales

Al ser cuestionado sobre la reflexión que espera dejar en el público, Porras reveló la médula de su obra y, en realidad, de toda su dramaturgia. “Un poco el retorno que esperábamos era una reflexión sobre la unidad con el otro, el entender que hay el otro. Ese amor solo se da con la solidaridad, con la presencia del otro. El ser humano es ser humano si está el otro ser humano; si no, no lo es”.

Aunque la pieza fue escrita en 2017, su estreno en 2026 ha encontrado resonancias inesperadas con la actualidad. “Mira, mucha gente se sorprendía, me preguntó: ‘¿cómo escribiste eso y lo montaste tan rápido?’ porque creían que me estaba refiriendo al bombardeo específico del 3 de enero”, comentó Porras, evidenciando cómo la obra ha sabido dialogar con nuevos contextos de violencia y vacío.

El director amplió el concepto de “nada” más allá de lo físico: “Cuando nos alejamos de lo humanos que somos, o cuando nos alejamos de la solidaridad, o cuando pasan cosas, por ejemplo, el genocidio en Gaza, si para ti no existe, estás en la nada. Si hay un genocidio en tu momento histórico y a ti eso no te mueve, entonces es nada”.

Últimas funciones en el Teatro Alberto de Paz y Mateos

La entrevista concluyó con un llamado urgente al público, pues la temporada de Tan cierto como la nada se encuentra en sus últimos días. Las funciones se realizan en el Teatro Alberto de Paz y Mateos, específicamente en la sala Román Chalbaud, ubicado en la prolongación Los Manolos, cruce con la Avenida Andrés Bello, a la altura del Colegio Nacional de Periodistas .

Los horarios son: jueves, viernes y sábado a las 5:00 de la tarde, y domingo a las 3:00 de la tarde. La obra tiene una duración aproximada de una hora y diez minutos. El director destacó que la sala cuenta con buena acústica, hay estacionamiento disponible y cafetín, lo que facilita la visita. “La pieza yo creo que es divertida, la gente sale de allí, muchos dicen que la van a volver a ver”, aseguró Porras.

Las entradas tienen un costo de 1.700 bolívares, con promociones especiales que se adaptan a la economía del público. Además, el sábado se realizará un foro posterior a la función, en un espacio contiguo al teatro, para que los asistentes puedan conversar con el equipo creativo “sobre esta nada que nos habita”, acompañados de una cerveza y algo para comer.

“Vayan a verla. La sala está chévere, está muy buena, y la pieza vale la pena irla a ver”, concluyó Rodolfo Porras, extendiendo una invitación abierta a cruzar el umbral de esa nada que, paradójicamente, nos devuelve a lo más humano que tenemos.

Publicado por Jorge Pinillos
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