Con la calidez de quien entreteje memorias, la artesana Lérida Ortega definió su oficio como un camino de sanación y reconexión. “El mundo de la muñeca es un mundo sanador que nos conecta con nuestra niñez”, afirmó durante una entrevista en el noticiero Cultura al Día, transmitido por Alba Ciudad 96.3 FM, conducido por la periodista Angie Vélez. En el marco de la celebración del Día Nacional de las Muñequerías de Trapo (2 de febrero), la creadora, oriunda del emblemático barrio de La Pastora en Caracas, desgranó las dimensiones culturales, sociales y afectivas de un patrimonio textil que vive en sus manos.
Texto: Alba Ciudad (Jorge Pinillos) Entrevista: Angie Vélez / Fotos: Juan Cano
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Su ingreso a este universo fue un acto de amor materno. “Entré al mundo de la muñequería a través del nacimiento de mi hija, Sara Escalona Ortega”, confesó. A partir de ese momento, el aprendizaje del corte, la costura, el bordado y el tejido se convirtió en el cimiento de un lenguaje artístico que hoy utiliza para narrar historias colectivas. Aunque su formación inicial fue en pintura (en 2017) y luego se especializó en técnicas textiles en la Escuela de Arte y Oficios, Ortega fusiona ambas disciplinas: ve sus muñecas como “lienzos en tres dimensiones”, donde cada puntada es una pincelada de identidad.
La técnica: un diálogo entre tradición e innovación
El proceso creativo de Ortega es un ritual de precisión y paciencia. Los rostros de sus personajes —siempre dibujados a mano alzada y bordados a mano, nunca pintados— capturan una expresividad única. Durante la entrevista con la periodista Angie Vélez, la artesana demostró cómo combina técnicas de lencería, tejido y reciclaje. “Es para demostrar que lo que pensamos que es basura lo podemos transformar en cosas maravillosas”, explicó, al destacar que utiliza retazos de tela que muchos considerarían desecho.
Domina y enseña dos técnicas tradicionales venezolanas: la de “saquitos” (coser, voltear y rellenar) y la de “rollitos” (tela enrollada, sin relleno, que no requiere patrón). “Recomiendo usar patrones al principio para economizar material, pero cuando se aprende a manejar la tela, se puede crear sin límites”, aconsejó, subrayando el empoderamiento que surge del dominio del material.
Iconos nacionales hechos de tela y memoria
Sobre la mesa del estudio, una colorida galería textil daba testimonio de su visión. Allí estaban, en forma de muñecas, el comandante Hugo Chávez Frías (“uno de los libertadores del siglo XXI”, según Ortega), el “cantor del pueblo” Alí Primera (“su canción enciende el alma”), Simón Bolívar y la cultora Zobeida Jiménez, representada en vibrantes tonos multicolor. Cada figura es más que un retrato: es una interpretación afectiva de la historia, un diálogo entre el presente y el legado de quienes han moldeado la conciencia nacional.
Una misión comunitaria: tejer futuro desde la raíces
Sin embargo, el corazón del trabajo de Lérida Ortega late fuera de su taller. Su verdadera pasión es la transmisión del saber. Dedicada a impartir talleres en colegios, parques y, especialmente, en comunidades de bajos recursos, busca “incursar a los niños y niñas en el mundo de la muñequería tradicional venezolana”. Esta labor la realiza a través del “Movimiento Colora Pueblo*”, una iniciativa familiar que concibe el arte como herramienta de inclusión y rescate cultural.
“¿Qué tiene una muñeca de trapo hecha a mano que nunca tendrá un juguete de plástico?”, preguntó la periodista Angie Vélez. La respuesta de Ortega, sencilla y profunda, resonó como el núcleo de su filosofía: “Tiene mucho amor. Es un juguete que nos lleva a nuestros ancestros, de donde nosotros venimos”. Para ella, cada muñeca es un vehículo de memoria, un antídoto contra la despersonalización y un acto de resistencia cultural.
Reconocimiento y una invitación abierta
Con una trayectoria activa en la Red de Arte desde 2016, Ortega ha expuesto su trabajo en espacios como la Galería de Arte Nacional. Actualmente, una de sus piezas forma parte de una exposición de Elsa Morales en el Museo de Arte Armando Reverón (Parque Central). La artesana extendió una invitación al público a visitar estas muestras, donde el oficio de la muñequería se celebra en toda su riqueza.
“Mientras tenga vida y salud, a esto me seguiré dedicando”, concluyó, dejando claro que su camino no es solo el de una creadora individual, sino el de una guardianas de tradiciones que merecen seguir vivas en las manos de las próximas generaciones.




