Madre de Orlando Figuera, 2 años después: «A mi hijo lo quemaron vivo por ser chavista»

Inés Esparragoza, madre de Orlando Figuera, el joven apuñalado y quemado vivo en Caracas durante las protestas opositoras de 2017. FOTO: JAIRO VARGAS, Público.es

El medio español Público entrevistó a Inés Esparragoza, madre de Orlando Figuera, a propósito de que el próximo 20 de mayo se cumplen 2 años desde aquel trágico incidente en el que fue atacado por manifestantes violentos opositores en las cercanías de la plaza Altamira en Caracas, quienes lo apuñalaron y le prendieron fuego.

Fuente: Público.es

Publicamos fragmentos del artículo original de Jairo Vargas:

A Inés Esparragoza le duele cerrar los ojos. “No es fácil porque lo primero que veo al cerrarlos es a mi hijo así”, se desahoga. Le gustaría recordarlo de otra forma, y lo consigue casi siempre, pero hay dos escenas agarradas con fuerza a su retina. La primera es la de su hijo en la unidad de cuidados intensivos del hospital. “Cuando abrí la puerta… Trágame tierra, pensé. Estaba allí, desnudo. Me dijo: Bendiciones, mami. Puso la boca para que lo besara pero yo no encontraba por dónde. Estaba todo golpeado, con un ojo morado, la cara hinchada y el cuerpo lleno de quemaduras”, describe la mujer entre largos silencios durante los que aguanta el llanto pero no las lágrimas. La segunda imagen que muerde sus ojos cerrados la vio por televisión, justo después del funeral, después de “aquellos 15 días de pura agonía”, los peores que ha pasado en sus 44 años de vida. “Muere Orlando Figuera”, rotulaba el noticiario del 4 de junio de 2017 mientras mostraba un cuerpo envuelto en llamas que corría sin rumbo ni esperanza, buscando ayuda a tientas entre la multitud que le había prendido fuego. “Fue la única vez que vi esas imágenes. Me avisó mi nieta. Mira, el tío Orlando está en la televisión, me dijo”. Otra vez silencio y lágrimas.

Seguramente el nombre de Orlando Figuera no signifique nada fuera de Venezuela. Seguramente ocurra lo propio con el de Víctor Salazar. Sin embargo, la imagen del segundo, también cubierto de fuego durante una protesta antichavista, fue la portada con la que los medios de comunicación internacionales cerraron filas (aún más) en su condena a la represión del Gobierno de Nicolás Maduro contra la movilización opositora de 2017. La fotografía de Salazar, captada por el fotógrafo venezolano residente en México Ronaldo Schemidt, fue distribuida en todo el mundo por la agencia AFP. Le valió el prestigioso galardón World Press Photo en 2018 y ha sido un potente símbolo de la inestabilidad política y social que atraviesa el país, aunque el joven estudiante Salazar no fue víctima de la violencia gubernamental. Acabó con quemaduras en el 70% de su cuerpo después de que ardiera la moto de un guardia nacional venezolano que los manifestantes habían afanado durante su protesta y zarandeaban —Salazar incluido— como si fuera un trofeo.

La imagen ganadora del World Press Photo 2017, del venezolano Ronaldo Schemidt. AFP

Continúa Vargas:

A Figuera, en cambio, sólo se le recuerda en Venezuela. Su atroz historia apenas cruzó el Atlántico. Tenía 22 años cuando falleció en el Hospital Domingo Luciani, en El Llanito, Caracas. En el mismo hospital por el que pocas semanas después pasaría Salazar antes de ser trasladado a la clínica privada que le salvó la vida. Figuera no pudo salir de allí, “no somos pobres pero sí gente de bajos recursos”, lamenta su madre en la puerta de su casa, un pequeño bajo de uno de los bloques de viviendas en medio de ninguna parte, cerca de la ciudad de Cúa, en Los Valles del Tui, estado de Miranda. Esparragoza no entiende por qué el calvario de su hijo no dio la vuelta al mundo cuando Venezuela era el centro del foco mediático. Quizás sea —piensa la mujer— porque a Figuera lo mató la misma oposición que llama asesino a Maduro.

El periodista explica que todo ocurrió en medio de las guarimbas o protestas antigubernamentales ocurridas en 2017, que duraron más de 130 días. Él opina que los encapuchados opositores constituían una «guerrilla urbana» que «luchaba contra la crisis económica». Nosotros discrepamos.

Sin embargo, ese no es el tema del artículo. Es Orlando:

Aquel día, como todos, Figuera había salido de su casa de madrugada para ganarse la vida ayudando a encontrar aparcamiento y cargando bolsas de la compra de los clientes de un mercado de Las Mercedes, en Caracas. Se le hizo tarde y avisó a su madre de que no volvería a casa. Eran casi dos horas de viaje en tren desde la capital y prefirió pasar la noche en casa de un tío suyo, en el barrio de Petare. Pero nunca llegó hasta allí. Dice su madre que por el camino se cruzó con el odio antichavista. El joven vestía camiseta color vino tinto y llevaba una mochila, recuerda la mujer. A la altura de Altamira, Figuera se topó con la turba.

Inés Esparragoza muestra un recorte de prensa sobre el asesinato de su hijo Olando Figuera en 2017.- Foto: JAIRO VARGAS

“Lo apuñalaron, lo lincharon, le echaron gasolina y le dieron candela. Lo quemaron vivo porque era negro y porque era chavista”, sentencia Esparragoza. Así se lo explicó su hijo con el hilo de voz que le quedaba cuando lo localizó en el hospital, al día siguiente de que la turba de encapuchados que pedía democracia se cebara con él de esta forma.

“¿Tú eres chavista sí o no?”, le preguntó uno de los manifestantes. “Mami, respondiera lo que respondiera me iban a matar. Dije que sí. Soy chavista, qué pasa”, dice el hijo por la boca de la madre. Antes de eso, el joven ya había recibido varias puñaladas en el abdomen y las piernas.

“Primero alguien le acusó de ser un ladrón y varios le empezaron a pegar. Echó a correr cuando sintió la primera puñalada, en la nalga. Después lo metieron en un corro de gente y uno de los que estaban allí le preguntó si era chavista. Lo quemaron y él corrió pidiendo ayuda pero decía que sólo le insultaban, que le golpeaban con los escudos que llevaban y que se burlaban de él. Le decían que era un maldito negro”, rememora Esparragoza.

Pero Figuera nunca había militado en ningún partido político. “Era un muchacho que trabajaba en lo que podía, como yo he hecho toda mi vida para salir adelante”, deja claro su madre.

“Estamos agradecidos al chavismo. Hizo mucho por la gente que menos tenía. Yo, por ejemplo, pude graduarme gracias a la misión educativa para adultos y gracias a eso pude encontrar trabajo ayudando a las personas de bajos recursos como yo a hacer sus solicitudes para vivienda y otros trámites”, defiende la mujer.

El periodista Vargas señala que, según la Fiscalía y el Gobierno venezolano, hay hasta cinco crímenes similares documentados, además de 23 agresiones de grupos de opositores en las que las víctimas resultaron heridas, algunas también quemadas, al ser tachadas de chavistas.

Pero también recuerda que a Esparragoza todavía le falta justicia. “Hubo investigaciones pero creo que no fueron suficientes. No hay nadie condenado por lo que le hicieron a mi hijo”, se lamenta. Según la Fiscalía, el caso sigue bajo investigación. “Se logró identificar a uno de sus agresores, a quien se le dictó orden de aprehensión por los delitos de instigación pública, homicidio intencional calificado y terrorismo, pero se encuentra evadido en Colombia”, confirma a Público la oficina del Ministerio Fiscal.

No obstante, Esparragoza apunta más alto. “En la guarimba que atacó a mi hijo había varios dirigentes de la oposición, creo sinceramente que ellos son los responsables políticos de las muertes como la de Orlando, por eso no quise ir cuando me invitaron recientemente a un acto de homenaje a los muertos de las protestas”, argumenta mientras levanta un dedo por cada nombre de los políticos opositores que pasaron por Altamira aquel doloroso 20 de mayo: María Corina Machado, Julio Borges, Lilian Tintori, Miguel Pizarro.

Desde entonces, Esparragoza está en tratamiento psiquiátrico, su estado depresivo la ha alejado de la pareja con la que había compartido 15 años y ha intentado acabar con su vida en varias ocasiones, confiesa. Sabe que ya se han cruzado demasiadas líneas rojas por parte de todos los actores y pide diálogo entre el chavismo y la oposición porque, a pesar de todo, quiere paz.

“Creo que el país ha aprendido la lección después de tantas muertes. Creo que puede haber reconciliación entre las dos Venezuelas”, asegura. Aunque es difícil saber si sus palabras son realidad o sólo deseo, por eso tiene claro que no va a volver a pasar por Altamira. “Tengo mucha rabia dentro y, a veces, se me meten ideas malas en la cabeza y me entran ganas de tomarme la justicia por mi mano”, advierte. Prefiere quedarse en su piso, ese que le dio el Gobierno después de enterrar a su hijo. “Orlando siempre decía que iba a sacarme del ranchito en el campo en el que vivíamos, porque allí no teníamos agua corriente y el suelo era pura tierra”, recuerda. No pensó que tuviera que dar su vida para cumplir su promesa, lamenta.

La urbanización de viviendas sociales en la que el Gobierno de Venezuela alojó a la familia de Orlando Figuera tras su muerte.- JAIRO VARGAS

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