Lleno de frescura y juventud, “El Principito” cumple 76 años

“El Principito” ha sido mundialmente considerado un fenómeno editorial, con más de 1 300 ediciones  y cerca de 200 millones de ejemplares vendidos, se ha traducido a más de 250 idiomas, lenguas y dialectos, incluso en el sistema Braille. A 76 años de su primera publicación, su mensaje se mantiene fresco y vigente.

Texto: Biblioteca Nacional

Se trata de una obra única, difícil de clasificar dentro de un género literario, ya que buena parte del texto la constituyen sus propias ilustraciones, que acompañan una sutil prosa poética, que leen y disfrutan personas de todas las edades.

Ciertamente, aun cuando se le considera un clásico de la literatura infantil y juvenil, también los adultos se conmueven con la historia del pequeño príncipe proveniente de un asteroide, al punto que su texto fue adaptado a la radio, el cine, la televisión y la danza.

Este 6 de abril se cumplen 76 años de la primera publicación de El Principito, de Antoine de Saint Exupéry, considerado entre los mejores libros franceses del pasado siglo XX; sin embargo, su primera edición se llevó a cabo en los Estados Unidos de Norte América, a cargo de la editorial Reynal & Hitchcok, en 1943.

Lamentablemente, Antoine de Saint Exupéry no logró ver la obra publicada en su lengua materna, porque no fue sino tres años más tarde que la editorial Gallimard lo editó y publicó en francés (Le petit prince), y el autor murió en 1944; mientras que la primera edición en español la llevó a cabo la editorial argentina Emecé en septiembre de 1951, con traducción a cargo de Bonifacio del Carril.

Muchas han sido las especulaciones y suposiciones que los críticos literarios han tejido en torno a este texto, ya que ninguna pudo ser corroborada por el autor, quien falleció al poco tiempo de que la primera edición en inglés viera la luz.

Sin embargo, resulta inevitable establecer paralelismos entre la vida del autor y la obra, por la gran cantidad de similitudes y rasgos autobiográficos que ella presenta.

Antoine de Saint -Exupéry estudió Arquitectura en la escuela de Bellas Artes de Francia, carrera que no terminó pero que lo animó a ilustrar El Principito; y aunque no se consideraba bueno en el dibujo, y al inicio de la obra se burla de ello, dichas ilustraciones complementan esta extraordinaria historia.

Después se convirtió en piloto y volar fue una de sus grandes pasiones, a pesar de que se estrelló en varias ocasiones. Uno de sus accidentes más recordado ocurrió el 30 de diciembre de 1935 en el desierto de Sahara, del cual sobrevivió milagrosamente.

Ese terrible accidente en el desierto se convirtió también en el punto de partida de “El Principito”, que al igual que sus otras obras está plagado de gran simbología y episodios de la propia vida de Saint Exupéry.

Durante un descanso de 27 meses en Estados Unidos, después de la batalla de 1940 entre Francia y Alemania, el autor aprovechó para escribir el texto, a partir de infinidad de apuntes que había realizado durante la batalla y que le sirvieron para completar el libro.

En este relato, el autor intenta que los mayores recuerden su etapa de niños, que traten de ver el mundo con la mirada limpia y libre de prejuicios con la que miran los niños; y expresa su disgusto por la falta de imaginación que observa en los adultos.

Ejemplo de ello es cuando, al mostrarles el dibujo de una boa constrictora que se traga un elefante, que él realizó cuando niño, ellos no vean más que un sombrero. Ante tal decepción, decide abandonar la pintura y convertirse en piloto de avioneta, situación que inevitablemente se relaciona con que Antoine abandonó la arquitectura para convertirse en piloto.

A partir de allí, en el libro pueden encontrarse un sinfín de coincidencias entre la vida del autor y la del piloto, que, al tener una avería, debe quedarse en el desierto de Sahara donde conoce a El Principito.

Luego de muchos intentos, comienzan a entenderse, y el pequeño príncipe del asteroide B-612 le pide que le dibuje una oveja, le narra su historia y le cuenta sobre todas las aventuras vividas, y personajes extraños que había conocido desde que abandonó su planeta hasta que se encontró con el aviador.

Antoine de Saint Exupéry recibió muchos reconocimientos post mortem. En 1975, un asteroide fue llamado 2578 Saint-Exupéry; y en su honor, otro asteroide descubierto en 1993 fue denominado 46610 Bésixdouze, que en español es B-seis-doce, en honor al asteroide B-612, donde vivía El Principito.

Igualmente, se creó la Fundación B612, que se encarga de rastrear asteroides; y el Gobierno francés acuñó una moneda conmemorativa que de un lado tenía el rostro de Saint-Exupéry y del otro la imagen de El Principito; su rostro también se reflejó en los billetes de 50 francos, antes de que ese país hiciera uso del euro.

Al celebrarse 76 años de su primera publicación, el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas pone a disposición de todos sus usuarios las distintas ediciones, tanto en español como en inglés, de este maravilloso libro, disponibles tanto en su colección Bibliográfica General como en la Red Nacional de Bibliotecas Públicas.

Sí aún no ha leído este gran clásico de la literatura, lo invitamos a disfrutar de este libro, que nos recuerda que las cosas importantes de la vida se encuentran en el interior de las personas.

Otros títulos de ese autor que aparecen en las 17 entradas del Catálogo Público SISBIV sonPiloto de guerra” y “Vuelo nocturno”.

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