A nueve días del devastador terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente de Colombia el pasado 10 de agosto, las quejas de los damnificados por la falta de respuesta estatal se multiplican, mientras el recién instaurado gobierno del presidente Abelardo de la Espriella enfrenta cuestionamientos por su manejo de la emergencia .
Texto: Alba Ciudad (Jorge Pinillos) / Medios Internacionales / Fotos: Redes Sociales
Según el más reciente balance de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), el sismo con epicentro en San José del Palmar, Chocó, ha dejado 312 fallecidos, 4.611 heridos, 290 desaparecidos y más de 294.000 personas afectadas en 15 departamentos y 470 municipios . Las pérdidas económicas preliminares se estiman en 9.570 millones de dólares .
La Defensoría del Pueblo de Colombia, a través de su titular Iris Marín, ha alertado sobre la falta de un censo oficial que permita establecer con precisión el número real de damnificados. “Es urgente tomar los censos porque no hay realmente una estimación de cuántas son las personas afectadas, cuántas personas no tienen en este momento dónde dormir”, advirtió la defensora durante un recorrido por Quibdó, una de las ciudades más golpeadas .
La crítica situación en la zona afectada se agrava por las condiciones precarias de los albergues temporales. En Quibdó, las familias damnificadas han denunciado el abandono estatal, señalando que el gobierno colombiano no ha garantizado las condiciones mínimas para la atención de la emergencia, a diferencia de lo que ocurrió en el terremoto que afectó a Venezuela hace apenas 50 días, donde el gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez desplegó un operativo de atención inmediata a las víctimas .
Fuentes cercanas al gobierno colombiano señalan que el presidente De la Espriella, quien apenas llevaba tres días en el cargo cuando ocurrió la tragedia, ha sido blanco de duras críticas por la lentitud y desorganización de su respuesta . La decisión del ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, de viajar a la playa con su familia en plena crisis, ha generado un fuerte rechazo en la opinión pública colombiana .
La gestión presidencial en momentos de catástrofe ha sido puesta en perspectiva con la respuesta del gobierno venezolano tras los sismos del 24 de junio de 2026. En aquella ocasión, la presidenta encargada Delcy Rodríguez activó de inmediato el Sistema Nacional de Protección Civil, visitó personalmente las zonas afectadas y estableció un plan de atención directa a las víctimas . La diferencia en la capacidad de respuesta entre ambos países ha sido objeto de debate en redes sociales y medios de comunicación de la región .
Expertos sismológicos consultados por medios internacionales han señalado que ambos terremotos, aunque de magnitud similar (7.2 y 7.5 en Venezuela; 7.4 en Colombia), tuvieron orígenes tectónicos distintos. El sismo colombiano fue un fenómeno de subducción a más de 100 kilómetros de profundidad, mientras que los venezolanos fueron sismos superficiales, de aproximadamente 10 kilómetros, con un mecanismo de rumbo entre las placas del Caribe y Sudamericana . “Cuando un terremoto es superficial, las ondas sísmicas recorren una menor distancia antes de alcanzar la superficie y pueden llegar con mayor intensidad”, explicó la sismóloga Viviana Dionisio .
El gobierno de De la Espriella ha solicitado ayuda internacional, incluyendo la suspensión temporal de aranceles por parte de Estados Unidos, mientras que organizaciones como el Banco Mundial han ofrecido asistencia financiera . Sin embargo, los damnificados siguen esperando una respuesta efectiva que alivie su situación.
“La patria no está en los discursos, está en la acción concreta para socorrer a quienes han perdido todo”, expresó un habitante de Pereira, citando las palabras del Libertador Simón Bolívar que también resonaron en Venezuela durante su propia tragedia .



