Lula da Silva se convierte por cuarta vez en presidente de Brasil

Foto: Agencias

A los 80 años, Luiz Inácio Lula da Silva ha vuelto a hacer historia y se ha convertido por cuarta vez en presidente de Brasil, el país más grande de América Latina. Lula obtuvo en la victoria en una jornada que estuvo cargada de tensión durante el conteo y divulgación de los resultados. El actual mandatario comenzó con ventaja sobre su contendiente Flávio Bolsonaro, pero durante un rato de la publicación de las cifras, este le sacó ventaja; volviéndose a revertir los números posteriormente.

Texto: Actualidad RT

Así, de acuerdo con los resultados del Tribunal Superior Electoral de Brasil (TSE), con el 99,99 % de secciones electorales totalizadas, Lula alcanzó el 51,78 % (64.255.124 votos votos); mientras que Bolsonaro consiguió el 48,22 % (59.825.488 sufragios).

Con estos resultados, Lula consiguió revertir la escena que había dejado la primera vuelta, celebrada el pasado 4 de octubre. En esa ocasión, el mandatario, respaldado por el Partido de los Trabajadores (PT), alcanzó el 45,16 % de los votos (53.879.538); quedado detrás del aspirante del Partido Liberal (PL), que consiguió el 47,03 % de los sufragios (56.104.503).

Además, Lula rompió la llamada ‘maldición de la primera vuelta’, una tendencia que se mantenía desde 1989, con el retorno de la democracia en Brasil. Desde entonces, ningún candidato que había quedado en segundo lugar en la primera ronda había conseguido revertir el resultado en el balotaje.

Lula Da Silva desde su comando de campaña tras victoria en elecciones este 25 de octubre de 2026

“Quiero agradecer al pueblo brasileño por su generosidad”, dijo Lula visiblemente emocionado desde su comando de campaña tras conocerse los resultados definitivos. El líder de izquierda fue particularmente agradecido con los jóvenes, que “salieron a la calle para defender la democracia“.

“Esta elección fue una derrota para el negacionismo, fue una derrota para la mentira. Y les confieso que cada vez que iba al debate, me sentía incómodo. Porque ya he debatido con mucha gente, ya he participado en muchas elecciones, ya me reúno todos los años con el G20, con los BRICS, con el G7 (…), pero nunca pensé que me encontraría con un representante genuino del milicianismo de este país. Nunca imaginé que una persona pudiera mentir tanto, con tanta descarada desvergüenza. Como si no tuviera en su interior ni una pizca de humanidad”, dijo sobre su adversario.

“Lo que yo vi en este segundo turno en las elecciones, en todos los estados brasileños, y lo que vi en la Avenida Paulista, era algo que yo no creo que nunca vimos, no solo por la cantidad de gente, sino por el entusiasmo”. añadió. En este marco de la manifestación multitudinaria, el líder del Partido de los Trabajadores manifestó: “Que nuestra patria sea libre o moriremos por Brasil. Nuestro país no será el patio trasero de nadie“.

“Tengo que gobernar para millones”

En su intervención, Lula agradeció especialmente al diputado federal por Minas Gerais, André Janones, quien se convirtió en pieza clave en la candidatura presidencial del petista. El presidente brasileño destacó la campaña en redes sociales que implementó Janones, junto con su entorno.

“Lo que realmente ganó estas elecciones fue una contienda en la que tuvimos que vencer la intromisión que venía de afuera hacia adentro, a través de las plataformas digitales. Y vamos a tener que regularlas. No es posible que no seamos conscientes de que el delito en el mundo digital debe tratarse igual que un delito en la vida real”, manifestó.

Pese a la victoria, Lula recordó la responsabilidad que conlleva su encargo. “Una vez más, quiero decirle a ustedes que, en la medida que ganamos en las elecciones, no tenemos más adversarios: tengo que gobernar para millones (de brasileños), para todas las edades”, añadió.

Durante el discurso, el presidente reelecto también se comprometió en materia educativa, señalando uno de los retos que tiene el gigante sudamericano. “Vamos a universalizar escuelas de tiempo integral hasta la escuela secundaria”, dijo.

De Caetés a sindicalista

Nacido en Caetés, entonces distrito de Garanhuns, una pequeña ciudad del estado de Pernambuco, en el noreste brasileño, vivió una infancia llena de privaciones materiales; luego, en busca de mejores oportunidades, la familia, conformada por su madre y siete hermanos, recaló en Sao Paulo, donde trabajó como limpiabotas y en otras labores igualmente precarias. Tenía solo 12 años, pero desde los ocho ya había renunciado a su infancia para ayudar con el sustento en casa.

En esa urbe, considerada la mayor de Brasil e impelido por la necesidad económica, Lula ingresó a los 14 años a una fábrica de tornillos. Abandonó la escuela, pero optó por una formación técnica que le permitiría conseguir un trabajo en la industria metalúrgica. En 1964, un accidente laboral hizo que perdiera el dedo meñique de su mano izquierda.

A finales de esa década, mientras su país estaba gobernado por una dictadura militar, comenzó a implicarse de más en más en la actividad sindical y a luchar por la defensa de los derechos de los trabajadores.

En 1975 había ascendido a puestos de dirigencia sindical, a través del voto de los afiliados y empezó a destacar por su oposición abierta al régimen, con acciones que incluyeron la organización de huelgas masivas, duramente reprimidas por los militares. Cinco años más tarde fundó el Partido de los Trabajadores (PT), una organización abiertamente de izquierda, que proclamaba sin tapujos el socialismo.

El camino al poder

Con el regreso a la democracia, tanto Lula como el PT acumularon un amplio respaldo popular. Eso les permitió obtener bancas en el Congreso y ganar alcaldías de ciudades importantes, pero no bastó para que el obrero metalúrgico devenido en líder político nacional se alzara con la primera magistratura del gigante suramericano. Perdió tres veces: una contra Fernando Collor de Mello (1989) y dos contra Fernando Henrique Cardoso (1994 y 1998).

La racha de derrotas se rompió en 2002, cuando ganó su primera presidencia. En ese lapso implementaría un conjunto de programas sociales destinados a combatir la pobreza y la desigualdad, que acompañó con un fuerte respaldo a la industria local, el alineamiento geopolítico con otros líderes de izquierda que por entonces gobernaban en América Latina y el reposicionamiento del país en el concierto internacional. Esas directrices de gobierno le garantizaron su primera reelección en 2006.

Impedido constitucionalmente para presentarse a un tercer mandato, le cedió el testigo a su  exjefa de gabinete, Dilma Rousseff, quien obtuvo la victoria electoral y se encargó de continuar el proyecto político iniciado por Lula.

A mediados de la década de 2010, el PT se enfrentó al megaescándalo de corrupción Odebrecht, que derivó en el encarcelamiento de Lula, demostrado luego como el producto de un proceso judicial amañado. Volvió a la primera línea de la política y en 2022 se impuso al presidente ultraderechista y candidato a la reelección Jair Bolsonaro.

Su tercer mandato estuvo caracterizado por el choque con el bolsonarismo —que intentó un golpe de Estado a inicios de 2023— y por confrontaciones políticas y económicas con EE.UU. Lula no se arredró y le plantó cara a las dos situaciones: de un lado, la Justicia procesó y condenó a Bolsonaro por golpismo; de otro, también salió al frente a las amenazas y acciones agresivas de Washington —que incluyeron la imposición de aranceles a la mayor parte de los productos brasileños— con un discurso abiertamente soberanista, foco principal de la campaña, que junto a los innegables logros sociales de su gestión, le garantizaron ahora su cuarta estancia en el Palacio de Planalto.

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