A propósito de la conmemoración del 12 de octubre, Día de la Resistencia Indígena, el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, difundió desde el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn (MDC Brooklyn), en Nueva York, Estados Unidos, donde está ilegalmente detenido, un mensaje a través de su canal oficial en la red social Telegram para exaltar la «historia viva de nuestra resistencia», reivindicando el legado de los pueblos originarios del continente.
Texto: Últimas Noticias
En la publicación, extendió un mensaje de saludo firmado de manera conjunta con su esposa, Cilia Flores, resaltando la identidad ancestral que los une a las luchas históricas de la región:
«Cilia y yo, orgullosos de nuestra sangre caribe, les enviamos nuestro saludo y nuestro abrazo de siempre, un día especial en el que nuestros pueblos indoamericanos reivindican los valores de más de cinco siglos de perseverancia en la búsqueda de la vida, la libertad y la felicidad», expresó.
En su escrito, hizo alusión a líderes indígenas históricos de la resistencia venezolana frente a la colonización, apelando al sentido de unidad e identidad colectiva:
“Hoy más que nunca decimos: Guaicaipuro somos todos. Urimare somos todos. Ellos somos nosotros”, enfatizó.
Invoca la protección divina para la región y reafirma su compromiso con la emancipación histórica de las comunidades indígenas: “Que Dios Todopoderoso siga bendiciendo a nuestra patria indoamericana. ¡Viva la vida y la libertad!”.
Reflexiones tras la lectura
El Presidente venezolano, en su canal de Telegram, publica en su mensaje una serie de posts en donde plasma algunas reflexiones tras la lectura que habría hecho a propósito del tema, según indica.
En el primer mensaje destacó:
“Hasta aquí nos llegan los cantos, tambores, bailes y recuerdos de nuestros amados pueblos indoamericanos, que hoy, 12 de octubre, reivindican los valores de más de cinco siglos de perseverancia en la búsqueda de la vida, la libertad y la felicidad. En estos días hemos leído libros que no conocíamos y que dan luces sobre los acontecimientos de nuestra vida pasada: Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela, del cronista José de Oviedo y Baños, publicada en 1723; El conquistador español del siglo XVI, del venezolano Rufino Blanco Fombona, publicado en 1921; lecturas sobre los nativos americanos de autores estadounidenses; y Grandeza, de Andrés Manuel López Obrador, entre otros textos que nos alimentan en la justa y correcta comprensión del proceso histórico que se inició aquel 12 de octubre de 1492 y de sus consecuencias hasta nuestros días”.
En una segunda publicación, precisó respecto a la crónica de Oviedo y Baños:
“Oviedo y Baños, desde una visión colonial y un lenguaje que muchas veces resulta soberbio y cruel, describe la conquista y formación de lo que sería Venezuela. Recoge la explicación del surgimiento de su nombre a partir de las poblaciones indígenas construidas de madera y bambú sobre las aguas del lago de Maracaibo, que ellos denominaron ‘la pequeña Venecia’. Da detalles de ciudades y regiones recorridas y sometidas como Caracas, Coro, Maracaibo, Trujillo, Valencia, El Tocuyo, Carora, Barquisimeto, San Sebastián de los Reyes, Guanaguanare, Nirgua, San Carlos, Araure y La Guaira; y también narra las fundaciones de Borburata, Caraballeda y San Juan de la Paz, en donde se impusieron a sangre y fuego, calificando como ‘justicia y civilización’ a la violencia con la que se impuso el dominio colonial”.
En el tercer texto prosigue afirmando:
“En nuestra lectura de este libro tan antiguo resaltan el carácter heroico, noble, laborioso y generoso de los pueblos que pacíficamente habitaban cada territorio. También queda a la vista cómo el engaño y la fuerza sirvieron para someterlos, esclavizarlos y destruir sus comunidades. El propio Oviedo y Baños deja constancia de la extracción continuada de indígenas y de las poblaciones reducidas a las cenizas de lo que fueron”.
En la cuarta entrega, resalta el papel de los líderes indígenas citados por la historiografía colonial:
“También logra transmitir, en medio de su visión colonial, la admirable presencia de caciques y guerreros indígenas que, de generación en generación, hemos reivindicado como patrimonio de nuestra verdadera identidad y espiritualidad: Paramaconi, Naiguatá, Uripatá, Guaicamacuto, Araguaire, Chacao, Carapaica, Baruta, Macarao, Caricuao, Terepaima, Tiuna, Tamanaco, Sorocaima, Paramacay, Aramaipuro”.
En el quinto mensaje, completa la lista de caciques e incluye la cita exacta de la muerte de Guaicaipuro:
“Aricabacuto, Anarigua, Mamacuri, Querequemare, Prepocunate, Guarauguta, Urimare y nuestro gran cacique Guaicaipuro. Nos impresionó profundamente, y así lo compartimos, la narración del ataque contra Guaicaipuro en su morada en Los Teques y de su muerte resistiendo. Pero también la forma en que el autor describe a nuestro abuelo común, cuando escribe en el capítulo XII, página 326:
“Este fue el paradero del Cacique Guaicaipuro, a quien la dicha de sus continuadas victorias subió a la cumbre de sus mayores aplausos… bárbaro verdaderamente de espíritu guerrero y en quien concurrieron a porfía las calidades de un capitán famoso, tan afortunado en sus acciones, que parece tenía a su arbitrio la felicidad de los sucesos: su nombre fue siempre tan formidable a sus contrarios, que aún después de muerto infundía temores su presencia, pues poseídos los nuestros de una sombra repentina, al ver su helado cadáver (con haber conseguido la victoria), se pusieron en desorden, retirándose atropellados, hasta llegar a incorporarse con Francisco Infante en lo alto de la loma, de donde, recobrados del susto, dieron la vuelta a la ciudad’.
Ellos no podían entender que no había muerto, que apenas había cambiado de paisaje, como decía Alí Primera, y que su espíritu inmortal sería fuerza de inspiración para nuestros pueblos por los siglos de los siglos”.
Finalmente, concluyó sus reflexiones manifestando:
“Fueron leyenda y legado; hoy son raíz profunda de todo lo que se construye para el renacer de la tierra que ellos abonaron con sus vidas. Son historia viva que reivindica los valores humanos de pueblos nobles, solidarios, laboriosos y guerreros, cuya memoria trascendió la masacre y el exterminio.
Hoy más que nunca decimos: Guaicaipuro somos todos. Urimare somos todas. Ellos somos nosotros.
Cilia y yo, orgullosos de nuestra sangre caribe, les enviamos nuestro saludo y nuestro abrazo de siempre en un día tan especial. ¡Que Dios Todopoderoso siga bendiciendo y protegiendo a nuestra Patria indoamericana! ¡Viva la vida y la libertad!”.







