Italia vivió este sábado una jornada de protestas contra el alto costo de la vida y los bajos salarios que derivó en enfrentamientos violentos en Milán, tensiones en Turín y Bolonia, y el anuncio de una huelga general para el próximo 20 de noviembre. Miles de manifestantes se concentraron en las principales ciudades del país, mientras los colectivos organizadores advertían que la conflictividad social continuará si no hay respuestas concretas a sus demandas.
Texto: Alba Ciudad (Jorge Pinillos) / Medios Internacionales / Fotos: Redes Sociales
Milán, epicentro de los disturbios
La plaza del Duomo de Milán fue el escenario más crítico. Grupos de manifestantes, algunos con el rostro cubierto, lanzaron piedras, petardos y mobiliario urbano contra las fuerzas de seguridad, que respondieron con cañones de agua y gases lacrimógenos. Se registraron incendios, destrozos en locales comerciales y el cierre preventivo de estaciones de metro. Fuentes policiales citadas por Reuters reportaron más de 60 detenidos solo en la jornada del domingo, tras una cifra similar de arrestos el sábado . Al menos dos agentes resultaron heridos, según reportes de la agencia LaPresse.
La conflictividad se extendió a otras ciudades. En Bolonia, jóvenes manifestantes se enfrentaron a la policía cerca de la estación ferroviaria, que fue cerrada de forma preventiva. En Turín, las fuerzas de seguridad emplearon gases lacrimógenos y granadas de humo para dispersar a los manifestantes.
Las demandas detrás de la protesta
El descontento tiene múltiples frentes. Las consignas centrales apuntan al aumento del costo de la vida, los salarios estancados y el deterioro de los servicios públicos. A ello se suma el rechazo al incremento del gasto militar y la exigencia de redirigir esos fondos hacia salud, educación y protección social.
La tasa de inflación anual en Italia alcanzó el 4,2% en septiembre, impulsada principalmente por el encarecimiento de los combustibles, según datos del Instituto Nacional de Estadística citados por AFP . Los salarios y la productividad, sin embargo, llevan décadas estancados, lo que amplifica la presión sobre las economías familiares.
En Roma, miles de personas participaron en la manifestación convocada por la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL) y más de un centenar de asociaciones laicas y católicas, bajo el lema de exigir salarios más altos, servicios públicos dignos, impuestos más justos y menor gasto militar . El secretario general de la CGIL, Maurizio Landini, anunció desde allí la convocatoria de una huelga general para el 20 de noviembre, que coincidirá con una huelga estudiantil europea.
Condena oficial y llamado a la calma
La primera ministra Giorgia Meloni condenó los episodios violentos en un mensaje publicado en redes sociales. «Manifestarse es un derecho. Incendiar nuestras ciudades no lo es», escribió . Meloni expresó respeto por quienes protestaron pacíficamente, pero calificó de «vándalos» a quienes «aprovechan las manifestaciones para sembrar el caos, agredir a quienes garantizan la seguridad y tomar como rehenes ciudades enteras» . Asimismo, hizo un llamado a la oposición a condenar la violencia «sin ambigüedad».
El alcalde de Milán, Giuseppe Sala, se pronunció en términos similares: las razones de la protesta pueden comprenderse, pero la violencia contra los agentes y la destrucción de la ciudad no son justificables.
Un calendario de movilizaciones en curso
La jornada del sábado no es un hecho aislado. Octubre ha sido un mes de alta conflictividad laboral en Italia, con paros sectoriales y generales convocados por distintas centrales sindicales. Para el 30 de octubre está prevista una nueva huelga general convocada por sindicatos de base como USB y USI-CIT, que abarcará los sectores público y privado . El movimiento estudiantil ha anunciado su adhesión a esa fecha y ha declarado una «movilización permanente» en escuelas y plazas, con una asamblea prevista en Roma el 23 de octubre para coordinar acciones.
La ola de protestas italianas se inscribe en un contexto europeo más amplio. En semanas recientes se han registrado movilizaciones estudiantiles y sociales en Francia, Bélgica y Portugal, con demandas que cruzan el costo de la vida, el acceso a la vivienda y el financiamiento de los servicios públicos.





