Chávez y el chavismo: 5 claves identitarias, por Pedro Calzadilla

Chávez irrumpe en la historia del pueblo venezolano el 4 de febrero de 1992. Ese mismo día nace el chavismo; un proyecto cultural, anclado en el ser popular. Identidad nacional e identidad política se fusionan. Al hacer de la Revolución Bolivariana un proyecto cultural emancipado, rompe con la tradición política de la izquierda y construye una nueva cultura política: el chavismo. ¿Cómo lo logra y cuáles son las claves para entender esa hazaña?

Chávez hilvana al chavismo a un rico y profundo tejido cultural. Cinco claves identitarias pueden avanzar una explicación de una conexión Chávez-Pueblo indisoluble:

  • Clave Primera. La sociabilidad. Contiene las maneras de ser y estar en el mundo. El trato con los otros. Las maneras de reír, de estar triste, de llorar a nuestros muertos, de amar, de ser madre, padre, hijos e hijas. Chávez es y representa a la vez el carácter común de los venezolanos. Celebra sin tapujos los rasgos que configuran nuestra sociabilidad y logra que el pueblo se sienta feliz y orgulloso de ser como es.
  • Clave Segunda. La estética. Lo que gusta y no gusta, lo bello y lo feo, lo que suscita placer. La inclinación común por disfrutar de un tipo de música, preferir algunas comidas, paisajes, colores, olores con las especificidades creativas de los venezolanos. Chávez participa de este goce -popular, general- y lo saca del territorio de la vergüenza. Convierte en motivo de regocijo nacional los gustos, las preferencias y los placeres estéticos del pueblo venezolano.
  • Clave Tercera. La religiosidad. Abarca el universo de la espiritualidad, el ámbito de la fe, los lugares de refugio y de las explicaciones divinas. Una sensibilidad universal permite a Chávez -sin exclusiones- reconocerse dentro del amplio espectro de todas las religiones, adscripciones espirituales y creencias. Las trata a todas por igual. Hace suyo el ideario cristiano y se incluye como parte activa de la religiosidad toda de su pueblo.
  • Clave Cuarta. Lo telúrico. Esta dimensión alcanza el complejo de sentimientos que atan a un pueblo a su terruño, al paisaje próximo. Los lazos afectivos con el ámbito natural que nos rodea. El lugar en el cual se nace y donde transcurre la infancia y la juventud entra en la dimensión de los afectos, de la identidad. Chávez comparte sin tapujos su amor por el río, la sabana, el canto de las aves, el olor de las flores, el árbol. Así mismo de una calle de infancia, de un cuartel, de la plaza Bolívar del pueblo donde se nace. Festeja todo esto como parte del sistema vertebral del alma de un pueblo. Somos parte amorosa del ámbito natural y humano donde nacemos, crecimos y vivimos.
  • Clave Quinta. La memoria, la historia. En Chávez esta clave figura en letras mayúsculas. Una poderosa operación descolonizadora abre las puertas para hacer surgir una lectura de nuestra historia que libera el presente. Chávez es Libertador del Libertador: lo pone en libertad para volver a los brazos del pueblo. El proyecto de inclusión y justicia se hace bueno primero en la memoria colectiva, memoria recobrada. Late la fuerza de las luchas pretéritas en el presente como historia insurgente. Somos porque fuimos: allí el Comandante da la vuelta de tuerca. Con Chávez vuelven a irrumpir los millones que estuvieron antes.

La sociabilidad, la estética, la religiosidad, lo telúrico, la memoria. Todo junto, articulado, componen una figura profunda. No por casualidad nuestro Arañero cala hondo entre nosotros. A sus cualidades de líder excepcional se suma la conexión íntima, familiar, amorosa, que proporcionan estas cincos claves; esqueleto cultural primordial. De esta suerte abre el Comandante las puertas de una nueva etapa histórica. Deja atrás la tradición política de la izquierda histórica y alza una nueva: el chavismo y el bolivarianismo del siglo XXI.

El Chavismo -nuez del legado de Chávez- está templado sobre ese esqueleto cultural, labrado en la trama sensible en el corpus identitario de los venezolanos. Esta dimensión señala la vía posible para la toma del poder. Enrumba a su pueblo al horizonte utópico-concreto de redención colectiva, el socialismo. Chávez corazón del pueblo.

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