La Orquesta Filarmónica Nacional interpretó un repertorio de contraste transatlántico este domingo 12 de abril, con el concierto “Sonidos de Palenkumbé”. Bajo la dirección del maestro invitado, Miguel Pineda Záccara, el evento fue un despliegue de virtuosismo y un diálogo magistral donde el rigor de la tradición europea se rindió ante el pulso indómito de la música de nuestra región.
Prensa MPPC (Texto: Oriana Chirinos / Fotos: Elina Tineo)
Desde la sala Juan Bautista Plaza de la Biblioteca Nacional, y ante la presencia del ministro Raúl Cazal y el maestro Rubén Capriles -director titular de la OFN-; el concierto gravitó en torno a “Palenkumbé”, de Paul Desenne. Esta obra se erigió como un manifiesto sobre los “Palenques” y “Cumbes”, espacios donde los cimarrones forjaron su soberanía y resistencia cultural.
Esa misma esencia democrática fue subrayada por el maestro Pineda Záccara, quien recordó que la música clásica nació para ser compartida: “se le tocaba a las cortes y después se les tocaba a la población. Toda la música clásica es música para la población en general”. Esta visión fue celebrada por asistentes como Magaly Rodríguez, quien valoró el acceso a “la música que no es cotidiana”.
La jornada alcanzó otro punto álgido con el estreno mundial del “Concierto para Corno y Orquesta” de Miguel Astor. El solista Dieter Barrios -cornista principal de la OFN- asumió la responsabilidad de dar vida a esta pieza, navegando sus complejidades con una sonoridad cálida y un dominio técnico excepcional que cautivó a la audiencia.
El programa continuó tejiendo un viaje por diversas latitudes con la icónica obertura de “La Gazza Ladra” de Gioachino Rossini hasta las “Danzas Folklóricas Rumanas” de Béla Bartók, demostrando cómo el alma popular encuentra su máximo esplendor en el formato sinfónico.
Con este encuentro, la Orquesta Filarmónica Nacional reafirma que la música es un territorio conquistado por la memoria y el sentimiento. Al fundir el rigor de la academia con el pulso vibrante de nuestras raíces, la OFN convierte el escenario en un espacio de soberanía cultural que se eleva como un tributo imperecedero a la libertad.










