El reconocido juguetero tradicional, papagallero y restaurador de materiales bibliográficos Nicolás Agüero, conocido cariñosamente como “Nicolasito”, recibió una mención honorífica en los Premios Nacionales de Cultura 2026. En entrevista concedida al noticiero Cultura al Día por Alba Ciudad 96.3 FM, Agüero compartió con la periodista Oriana Chirinos su emoción por el reconocimiento, dedicado a los niños del mundo y al presidente Nicolás Maduro; reflexionó sobre la importancia de los juegos tradicionales frente a la tecnología; y anunció un taller de fabricación de papagayos que dictará este sábado 7 de marzo en la Casa de la Libertad y la Cultura Alí Primera (Antiguo Cuartel San Carlos). Con su característico humor y sabiduría popular, “Nicolasito” ofreció una lección de vida, memoria y resistencia cultural.
Texto: Alba Ciudad (Jorge Pinillos) /Entrevista: Oriana Chirinos/ Fotos: Paola Pertuz
Escucha la entrevista aquí:
La periodista Oriana Chirinos daba la bienvenida a un invitado muy querido por el pueblo caraqueño. Nicolás Agüero, “Nicolasito” para propios y extraños, llegaba a los micrófonos de Alba Ciudad 96.3 FM para conversar sobre un hito en su larga trayectoria: la mención honorífica que le otorgaron los Premios Nacionales de Cultura 2026.
Un premio con sabor a reconocimiento popular
“Bueno, gracias, bienvenido ustedes también conmigo, un placer tenerla aquí en este 2026”, expresó Agüero con la calidez que lo caracteriza. Consultado sobre cómo recibió la noticia, explicó las particularidades del proceso: “Este premio tiene una particularidad porque yo oy patrimonio cultural de la ciudad de Caracas, y tengo todos los premios de Caracas. Soy doctor honoris causa de la Universidad Simón Rodríguez, entonces bueno la universidad también me postuló, me postularon varios personajes”.
Sobre la dedicatoria del galardón, Nicolás compartió una reflexión que revela su esencia: “En estos días hice una entrevista y me preguntaban a quién le dedicaba el premio. Bueno, mira, uno, a los niños que son mis maestros, los chamos del mundo entero, de Palestina, etcétera. Y el otro, yo quisiera que cuando me tocara, me tocaba a mí, Nicolás Maduro el bigotón, porque el año pasado entregó los premios. Yo dije: también se lo dedico a Nicolás y a Cilia. Y gracias a todos los que me postularon y gracias a todos los niños del mundo entero. Mientras yo tenga vida, estoy pendiente de mis niños, como decía Andrés Eloy Blanco: ‘el que tiene un hijo, tiene todos los hijos del mundo'”.
De los papagayos a la restauración de libros: Un artista multifacético
Oriana Chirinos indagó sobre los inicios de Nicolás como juguetero tradicional y papagallero. “Yo creo que tengo su razón siempre, por lo menos el fuerte mío que me conocen a nivel mundial es el de los papagayos. Porque yo así, pobremente como soy, me he dado el lujo en Caracas de hacer dos exposiciones de papagayos”, recordó.
La primera exposición la realizó en el parque Alí Primera (antes Jovito Villalba), cuando se fundó la Fundación del Niño. La segunda fue en La Carlota, en un aniversario de las Fuerzas Aéreas, durante un concierto de la banda mexicana Maná. “Yo fui el que hice la exposición. Y lo demás es juguete y juguete, y aviones y carros y volar con los niños”.
Agüero participó en todos los festivales de Venezuela, destacando el de Santa Ana de Coro. “Y volando papagayos todos los días en los barrios. Porque también me hacen una pregunta: ¿cuándo se vuela papagayo? Los intelectuales, llámense ministros de educación, las universidades, tienen un rollo que dicen que los papagayos se vuelan en Semana Santa o en vacaciones. Los curas tienen otras fechas. No, el papagayo se vuela cuando hay aire. Porque tú vas para un barrio y todos los días del mundo tú ves un niño volando papagayo”.
Pero además de los juguetes, Nicolás es restaurador de materiales bibliográficos. “Eso es otro mundo y otra magia. Porque tú no te imaginas el libro que va a pasar por tus manos”. Relató una anécdota fascinante: en plena pandemia, encontró un libro en una bolsa mientras buscaba materiales reciclables. Lo restauró y organizó una exposición titulada “Sexo del antiguo Perú”, que presentó en el museo Carlos Cruz-Diez y, con ayuda de la tecnología, también en Perú. Gracias a ello, pudo conocer a uno de los escritores del libro, ya mayor.
“La importancia de recuperar esos materiales es enorme, porque hay un montón de libros que no están digitalizados, que no son de fácil acceso”, enfatizó.
La trascendencia de los juegos tradicionales en un mundo digital
En la segunda parte de la entrevista, Chirinos planteó una pregunta clave: ¿cuál es la trascendencia de dedicar su labor cultural y artesanal a juguetes tradicionales, sobre todo en un mundo mayormente digital?
“En lo personal, yo creo que eso está ahí, eso no hay que rescatarlo ni nada. Lo que pasa es que la tecnología y el mundo van avanzando. Esto siempre ha sido por la educación que nos dan. Somos nosotros los responsables, los intelectuales”, reflexionó.
Agüero compartió una experiencia reveladora: “Yo he ido a festivales de juegos tradicionales organizados por el gobierno, en el parque. Cuando tú entras, lo primero que consigues es un trompo de plástico chino, y ellos hablan de juegos tradicionales. Las personas que están coordinando los juegos… yo he estado ahí. Pero todavía tú vas para el campo y cualquier viejito te hace un trompo de palo”.
Denunció la pérdida de los cantos infantiles y los juegos tradicionales. “Cuando uno dice juego tradicional, ¿por qué se ha perdido? En internet te aparecen los juegos tradicionales, te aparece una zaranda que hacían las matronas, un trompo, una perinola. Todos esos juguetes yo los hago, pero con plástico, porque es lo que está a la mano, con el desecho. Por eso es que a mí me reconocen, porque yo todos los juegos tradicionales los hago pero con plástico, con material reciclable”.
Sobre la enseñanza a los niños, explicó: “Yo enseño a los niños en los barrios, en los basureros, con pedazos de madera vieja. Les digo: ‘mira, esta madera es vieja, con los palos de escoba que la gente bota, con eso se hace un carro’. Un martillo, un clavo, un pedacito de lija”.
La riqueza de los nombres del papagayo en Venezuela
Nicolás destacó la diversidad cultural venezolana a través del papagayo. “En México hay zonas donde le dicen chichigua, pero en el centro le dicen papalote, como en todas las islas. Lo bonito es que Venezuela es el país que más nombres tiene para sus papagayos, porque cada quien le pone el nombre que él quiera”.
Un oficio que se renueva cada día
Preguntado sobre algún momento que lo haya marcado e incentivado a seguir en esta labor, Nicolás fue contundente: “Todos los días. Cada vez que yo veo un niño, voy andando paseando y veo un niño volando un papagayo y digo: ¡vergüenza, qué envidia! Eso es todos los días”.
Y lanzó una declaración de principios: “Yo siempre lo digo en mis ponencias: para hacer juguetes no necesito que el ministerio me contrate, ni que me contrate Pedro, ni que me contrate Antonio. A mí me interesa que me contraten los niños. Son los clientes primarios, los que juegan, los que están”.
Con su característico humor, agregó: “No es fácil ahorita la situación. Pero yo siempre digo: si yo no hago esto, ya yo soy un viejo, ¿quién me va a dar trabajo a mí? Además, tengo otro problema: yo soy músico profesional, egresado de la Escuela Superior de Música, y duré 25 años de esclavo del pentagrama. ¿Quién me va a dar trabajo a mí en esta fecha? Nadie”.
Nicolás reivindicó su herencia cultural: “Yo vengo de mi evidencia cultural, de mi familia, de mi tatarabuelo, de mi abuelo, de mi abuela. Aquí hay mucha experiencia. El caraqueño sabe de muchas experiencias. La parroquia que siempre se identificaba mucho con los papagayos era La Pastora y la parroquia Antímano, toda la vida, desde que existe Caracas”.
Mensaje a los jóvenes: Materiales reusables y educación
Para cerrar, Oriana Chirinos pidió a Nicolás un consejo para los jóvenes que quisieran dedicarse a la artesanía, sobre todo desde una perspectiva consciente como el reciclaje.
“Ahorita en los liceos y en las universidades hablan mucho de reciclaje. Yo no digo reciclaje, yo digo reusable, materiales reusables. Yo creo que es cosa de los maestros, es cosa de la escuela”, afirmó.
Recordó su propia formación: “Yo estudié primer grado, como todos los chamos, y desde primer grado empecé a ver de todo. En sexto grado vi teoría y solfeo. Ahí veías todo: lo que era el arado, el agricultor, nosotros sembrábamos. Y los juegos tradicionales, porque ahí aprendimos qué era la burriquita, el baile del sebucán, todo lo que era el folclor para ese momento”.
Nicolás insistió en la importancia de reforzar estos conocimientos desde la escuela, las clases de historia, arte y cultura, y desde la familia, para que sea una alternativa real frente al mundo tecnológico.
Taller de papagayos: Sábado 7 de marzo en el cuartel San Carlos
Antes de despedirse, Nicolás aprovechó el espacio para invitar al público a un taller que dictará:
Fecha: Sábado 7 de marzo
Hora: A partir de las 2:00 p.m.
Lugar: Casa de la Libertad y la Cultura Alí Primera (antiguo Cuartel San Carlos)
“El que me quiera ver, porque me están mandando muchas cosas, bueno, personalmente los espero, hermano. Y felicidades a todos los niños de Venezuela. Y que me traigan al bigotudo, hermano, por favor”, dijo entre risas, en referencia al presidente Nicolás Maduro.
Un legado de amor y resistencia
La periodista Oriana Chirinos cerró la entrevista recordando las coordenadas del taller y agradeciendo a Nicolás por su visita. “Muchísimas gracias por estar el día hoy con nosotros en Noticiero Cultural Día. Seguiremos en contacto”.
Nicolás Agüero, “Nicolasito”, premio nacional de cultura, patrimonio cultural de Caracas, doctor honoris causa, juguetero tradicional, papagallero, restaurador de libros y, sobre todo, amigo de los niños, se despidió con la misma humildad y grandeza con la que ha recorrido el país durante décadas: con la certeza de que los juguetes tradicionales son memoria viva y de que mientras haya un niño volando un papagayo, la cultura popular venezolana seguirá resistiendo.

