Se cumplen 100 años del natalicio de Aquiles Nazoa, humorista y poeta de “las cosas más sencillas”

Fotos: Archivo de la Biblioteca Nacional y otras fuentes

Este domingo se conmemora el centenario del natalicio del reconocido escritor, dramaturgo, humorista, periodista venezolano y poeta de “las cosas más sencillas”, Aquiles Nazoa, considerado el máximo exponente del humor venezolano del siglo XX, tanto por su obra periodística como por su obra poética y literaria. Nacido el 17 de mayo de 1920 en el barrio El Guarataro, ubicado en la parroquia San Juan, en Caracas, creció en el seno de una familia muy humilde, por lo que a los 12 años de edad decidió empezar a trabajar para ayudar a sus padres, al tiempo que estudiaba de manera autodidacta.


Texto: Prensa MPPC

Trabajó como aprendiz de carpintería, recepcionista, botones y empleado de una bodega, hasta que en 1935 ingresó como empaquetador en el diario El Universal, luego pasó al archivo de clisés y finalmente aprendió tipografía y corrección de pruebas.

Durantes este tiempo el joven se interesó por leer en francés e inglés, lo que le permitió obtener un puesto como guía turístico en el Museo de Bellas Artes en 1938. En el desempeño de esta profesión su padre fallece, razón por la cual a los 18 años edad asume la responsabilidad de su familia y se trasladó con su madre y sus cuatro hermanos -Elba, Aída, Haydee y Aníbal- a la ciudad de Puerto Cabello, estado de Carabobo.

Allí colaboró como corresponsal de El Universal con el diario El Verbo Democrático. Sin embargo, una de sus publicaciones, donde criticó la indolencia de las autoridades en torno a la erradicación de la malaria, lo condujo a ser detenido en 1940.

Tras su liberación regresa a Caracas, donde ingresa a trabajar en la emisora Radio Tropical y mantiene en El Universal una columna titulada “Por la misma calle”. Además, comienza a publicar en el diario Últimas Noticias sus poemas humorísticos en la sección “A punta de lanza”, con el seudónimo “Lancero”.
Asimismo, se incorpora al semanario satírico “El Morrocoy Azul” donde desarrolla sus dotes como humorista, bajo el seudónimo de “Jacinto Ven a Veinte” y, a partir de agosto de 1943, empieza a colaborar en el diario El Nacional.

Consciente del poder de la palabra, en sus columnas Nazoa hizo periodismo combativo, en contra de la burguesía y usó su vena humorística para satirizar la democracia representativa que muchas veces fue represiva.

Dos años más tarde publica en Caracas su libro “El transeúnte sonreído” y colabora en las revistas “Élite” y “Fantoches”, convirtiéndose incluso en director de ésta última.

En año 1953 el Gobierno de Marcos Pérez Jiménez toma el control de “El Morrocoy Azul”, lo que obliga a Nazoa a colaborar para la revista humorística “El Tocador de las señoras”. Sin embargo, la persecución política se incrementa, por lo que decide exiliarse en Bolivia.

Tras la caída de la dictadura, regresa a Caracas donde escribe para la revista “Dominguito”. En marzo de 1959 crea junto a su hermano Aníbal la publicación humorística “Una señora en apuros” y en 1960 “El fósforo”. Tanto esta última como “Dominguito” fueron clausuradas por las autoridades gubernamentales, por lo que se dedicó a seguir produciendo nuevos libros y publicaciones.

Su haber literario está compuesto por un sinfín de obras, entre las que destacan: “El transeúnte sonreído” (1945), “Credo”, “El ruiseñor de Catuche” (1950, 1958, 1960), “Caperucita roja criolla” (1955), “Arte de los niños (1957)”, “Poesía para colorear” (1958), “El burro flautista” (1958), «Los dibujos de Leo” (1959), “Caballo de manteca” (1960), “Los poemas” (1961), “Cuba de Martí a Fidel Castro” (1961), “Mientras el palo va y viene” (1962), “Poesías costumbristas, humorísticas y festivas” (1963), “Pan y circo” (1965), “Los humoristas de Caracas” (1966), “Caracas física y espiritual” (1967),“Historia de la música contada por un oyente” (1968), “Humor y Amor” (1970), “Retrato hablado de matapalo” (1970), “Venezuela suya” (1971), “Los sin cuenta usos de la electricidad” (1973), “Gusto y regusto de la cocina venezolana” (1973), “Vida privada de las muñecas de trapo” (1975), “Raúl Santana con un pueblo en el bolsillo” (1976), “Genial e Ingenioso: La obra literaria y gráfica del gran artista caraqueño Leoncio Martínez” (1976), y “Aquiles y la Navidad” (1976).

Nazoa no solo se dedicó a escribir, sino también se interesó por el rescate de los juguetes tradicionales, como elementos de la esencia popular del venezolano, de allí que usó parte de su talento para elaborar muñecas de trapo.

Además, dictó charlas y conferencias y volcó su ingenio y vasta cultura en el programa “Las cosas más sencillas”, que transmitió la Televisora Nacional (canal 5) entre 1968 y 1975. También fue un fiel defensor de la naturaleza y combatiente tenaz de la destrucción Caracas por la voracidad modernizadora y capitalista.

No en vano, organizó un célebre congreso de arquitectura con el objetivo de buscar soluciones a los problemas de urbanismo, en el cual participaron los habitantes de los cerros caraqueños.

Su talento lo hizo merecedor de múltiples reconocimientos, entre los que se encuentran: el Premio Nacional de Periodismo, en la especialidad de escritores humorísticos y costumbristas (1948); el Premio Municipal de Prosa (1966) y el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal (1967).

Aquiles Nazoa falleció en un accidente de tránsito en la autopista Caracas-Valencia el 25 de abril de 1976, dejando un majestuoso legado creativo imprescindible para comprender nuestra esencia cultural y consolidar lo afirmativo venezolano.

En su honor, el pasado 13 de diciembre el presidente de la República, Nicolás Maduro, ordenó la reapertura de la antigua casa presidencial La Casona, como centro de activación cultural para el pueblo venezolano, con el nombre de La Casona Cultural Aquiles Nazoa.

 

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