Regalos para Aquiles Nazoa, por Edgardo Antonio Ramírez

Mural de Aquiles Nazoa en San Juan, Caracas. Foto: Iván Darío Hernández

Comparto los regalos del pueblo para Aquiles, cada día de la semana:

  • Lunes: Los mangos del barrio Guarataro, ya que, degustaba la jalea de mango que cocinaba su madre Micaela, y disfrutaba quitarse las hilachas entre sus dientes.
  • Martes: Lápices y cuadernos, donde escribía las rimas de las poesías conjugando los besos de los verbos atando los labios de las consonantes y el aliento de las vocales; y donde apuntaba las prosas melódicas de las fábulas del cochino, el perro y otros animales. No faltaron los creyones de colores, para pintar las tonalidades cromáticas de los dibujos de los personajes del Credo y sus ocurrencias excéntricas.
  • Miércoles: Decenas de bolitas de metras, con miras a, que exteriorice el niño que lleva por dentro, a fin de, que afine el equilibrio del pulso y la puntería del maravilloso juego en posición de cuclillas o rodilla en tierra, ensuciándose las manos con el polvo de la tierra en medio del alboroto de los niños de los barrios.
  • Jueves: Un par de patines de ruedas de goma que balancean su menudo cuerpo al compás de la velocidad ligera, mientras atravesaba los distintos lugares de la casa.
  • Viernes: Una barra de cacao y leche, endulzado con papelón a fuego lento, de aroma delicioso y sabroso sabor a chocolate, rico en feniletilamina, que le estimula la química de la felicidad, para regocijarnos de su inédito humor.
  • Sábado: Los poderes creadores del pueblo fundidos en arcilla, barro, agua, fuego y aire, provenientes de la energía amalgamada de la tierra, la luna y el sol; hacedores invencibles de las terracotas de un mundo mejor. Una muñeca de trapo, para que se deleite de las conversaciones con seres inanimados, igual, que Armando Reverón. Dos bicicletas, que le animen junto a su padre Rafael, el vuelo aéreo por la vía láctea.
  • Domingo: Una silla mecedora de madera y la hamaca de algodón, con el propósito, de que intercale a su gusto el descanso en los atardeceres en la casa solariega de techo de tejas color rojo de la ciudad natal: Caracas. Las caricias de la brisa que llega del norte de la montaña del Guaraira Repano, que le harán imaginar las algarabías del corcel de Miranda y el caballo que come las flores de Galipán. Así como, recordar las hazañas heroicas independentistas del Libertador Simón Bolívar y las alamedas de Martí y Fidel en América Latina y el Caribe; y vivir el amor infinito de los rebeldes y creadores indios, negros, blancos y mestizos de la Patria Venezuela.
    Aquiles ¡Feliz cumpleaños 100! de infinitas alegrías y esperanzas solidarias.

En tu nombre elevamos la justicia, y la amistad el invento más bello de la humanidad.

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