En China el combate a la pobreza tiene la ternura de un peluche

Bombardeados por el mercadeo occidental del entretenimiento, nuestros mercados están abarrotados de todos los muñequitos que Hollywood ha impuesto como objetos de moda. Los niños son el blanco de todo este condicionamiento cultural, pero a la hora de vender sus mercancías, la producción mayoritaria se encuentra al otro lado del planeta y marca en su etiqueta claramente: “Made in China”.

Texto: Randolph Borges

La industria de los peluches hechos en el gigante asiático es la más grande y poderosa del mundo. Hoy, 5 de cada 10 peluches fabricados en el mundo salen de puertos y estaciones de trenes chinos. En medio de la guerra económica que Estados Unidos ha declarado a China, el país oriental es el mayor proveedor de mercancía de peluches que apoyan la industria cultural estadounidense.

Una de estas experiencias, se encuentra en la ciudad de Ankang, en la central provincia industrial de Shaanxi. La provincia tiene uno de los parques industriales más grandes en materia de peluches, el cual dedica el 90% de su producción a la exportación hacia occidente.

Esta empresa produce unos 100 mil peluches al día, gracias a la labor de más de 600 trabajadoras que operan sus maquinarias en dos turnos. La actividad genera unos 3,6 millones de yuanes al día (530 mil dólares) y tienen los derechos de producción de peluches de las principales figuras de empresas como Disney y Universal, allá mismo donde se fragua el cerco contra la nación asiática.

Desarrollo y combate a la pobreza

Hace unos años, Ankang era una de las ciudades más pobres de la región central de Shaanxi. Sus ciudadanos apenas vivían de una muy rudimentaria agricultura local, que no daba abasto para sus 30 millones de habitantes. Hoy, con más de 39,5 millones de personas y la creación de un parque industrial avanzado, la ciudad se ha convertido en una de las más desarrolladas de la zona.

La fábrica de peluches de la ciudad ha tenido una misión muy especial más allá del desarrollo económico: sacar de la pobreza a miles de madres en situación precaria. Para ello, los procesos de reubicación para familias que vivían en zonas de alto riesgo, vienen acompañados de oportunidades de empleo para estas jefas de familia.

Viviendo en las cercanías de su lugar de trabajo, estas mujeres tienen el beneficio de trabajar entre 3 y cinco horas si manifiestan que deben cuidar a sus hijos y reciben un trato preferencial para obtener trabajo en la fábrica si viven cerca de ella.

Las empleadas ganan un mínimo de 3000 yuanes al mes (440 dólares), pero su salario se incrementa de acuerdo a bonificaciones especiales que vienen dadas por su productividad. Las jornadas máximas de trabajo son de seis horas por turno, ya que la labor que desempeñan exige alta concentración y unos niveles de mecanización que exigen jornadas no tan largas.

Ternura para fortalecer la economía

La empresa de peluches de Ankang es solo una de las tantas que han levantado económicamente a la región del centro de China. Entre las muchas ventajas que desarrolla esta compañía, están las áreas de diseño, con un equipo de profesionales que idean los productos que serán fabricados; el área de producción, que genera su propia materia prima como los rellenos y materiales auxiliares como ojos, nariz y bordados de los muñequitos, y el área de exportación.

Para facilitar esta última tarea, el gobierno ha dispuesto un tren que sale desde la ciudad directo a Europa y a Asia Central, siguiendo parte de la antigua Ruta de la Seda, para llenar de peluches a estas regiones con las que mantienen una fluida relación comercial.

Los materiales utilizados por la empresa de peluches de Ankang, son probados con estudios alergénicos para que sean seguros para los niños. En la fabricación de estos juguetes, se evita el uso de piezas muy pequeñas que impliquen algún riesgo para los pequeños de la casa.

Protección al medio Ambiente

Por su población y demografía, China es uno de los países que más problemas por contaminación tiene, pero también ha sido uno de los más comprometidos en frenar este proceso y tratar de revertirlo. Para ejemplificar lo anterior, la ciudad de Beijing, capital del país, multiplicó sus zonas verdes y retiró todos los parques industriales de la zona metropolitana. Aunque la contaminación no ha desaparecido, hay indicios de que la situación ha mejorado en la ciudad.

En el caso de la fábrica de peluches de Ankang, la empresa sigue los lineamientos estatales de preservación del medio ambiente que rige en todo el país. Para ello, la compañía solo usa materias primas calificadas y certificadas, que reducen al mínimo la contaminación.

Según manifiestan los directivos de esta empresa, se evita el uso de colores oscuros en la confección de los peluches, ya que estos son más contaminantes para las aguas que se utilizan en la producción. A cambio, los colores claros son más utilizados para estar en consonancia con los requerimientos y son menos nocivos para el ambiente.

A pesar de la pandemia, la empresa de peluches no ha tenido mayores problemas con la exportación de sus productos. Los pedidos desde occidente no se detuvieron ni en la época más crítica del confinamiento y la producción siguió su curso con medidas de bioseguridad muy estrictas, para seguir llenando de sonrisas a niños en todo el mundo, y de vida digna a las familias de Ankang.

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