El cuento criollo lleva la impronta de Luis Manuel Urbaneja Achelpohl

El criollismo y el realismo literario venezolano encontraron un nicho en la prosa de Luis Manuel Urbaneja Achepohl, quien naciera en Caracas el 25 de febrero de 1873, hijo del general Luis María Urbaneja, venezolano perteneciente a una familia de gente ilustre y letrada, e Isabel Achelpohl, de ascendencia alemana.

Texto: Prensa IABNSB

En 1888 egresó del colegio Santa María y en 1890 inició estudios de Derecho en la Universidad Central de Venezuela, que no llegó a terminar, dedicándose más bien al oficio de escritor y periodista, tal y como le seguimos reconociendo los venezolanos, al cumplirse 147 años de su nacimiento.

A Urbaneja Achelpohl se le ha caracterizado como un hombre sencillo, de muy bajo perfil, alejado de hipocresías, falsas poses y sitiales de honor, de trato amable y sincero, amante de la naturaleza, de los paisajes rurales y de la vida en el campo, temas que predominaron en sus textos, la mayoría de ellos extraídos de la vida real, con la inclusión de personajes de su propio entorno. Es calificado como el “Padre del criollismo” en la literatura venezolana.

En sus inicios se evidenció una marcada “influencia francesa” en sus textos literarios, por lo que se le consideró un miembro del modernismo venezolano, por ser periodista fundador, junto con Pedro Emilio Coll y Pedro César Dominici de la “Revista Cosmópolis”, vocera del modernismo en Venezuela, cuyo primer número vio luz el 1° de mayo de 1894. Podría decirse que fueron tiempos de juventud, en los que Urbaneja Achelpohl no escapó de los aires modernistas de esa época.

Muy pronto es capturado por el paisaje venezolano, lleno de valles, ríos y montañas, la sublime vida campesina, la ruda faena del campo, el trabajo de la tierra, los intransitables caminos y polvaredas, y decide darle un vuelco a su prosa literaria, impregnándola del realismo de las primeras décadas del pasado siglo XX. Comienza a construir sus personajes con las características propias de nuestro gentilicio, llegando a convertirse en un furibundo criollista en la literatura venezolana.

Luego de desempeñar algunos cargos públicos, en 1910, Urbaneja Achelpohl fue co-director de la revista “Alma Venezolana”, siendo a la vez un colaborador frecuente de “El Cojo Ilustrado”, a través del cual daba a conocer sus relatos y cuentos; en dicha publicación se ganó un premio por su relato “Flor de selva”.

La novela “En este país”, considerada su obra de mayor valor literario, resultó ganadora del primer lugar del “Concurso de Novelas Americanas”, realizado en Argentina en 1916. Este texto que forma parte de la colección Bibliográfica General de la Biblioteca Nacional, narra la historia de amor entre un humilde campesino y la hija de un acaudalado hacendado, como una forma de reiterar que el amor no reconoce fronteras ni clases sociales.

A través de diversos localismos y situaciones reales, el autor evidenciaba muchas de las problemáticas sociales, económicas y políticas que acontecían en la Venezuela de entonces. Con gran dominio del lenguaje y conocimiento del entorno, plasmó situaciones reales de las que nadie hablaba, desde el ascenso de las clases populares hasta la corrupción en el estamento militar. Un libro de lectura obligada para conocer el pensamiento y el credo de Luis Manuel Urbaneja Achelpohl.

En 1922 se publicó “Ovejón”, que junto con “Ojo de vaca”, es considerado uno de sus cuentos más importantes; en 1927 se publicó “El tuerto Miguel”, calificada por el propio Urbaneja como un novelín; y en 1937 vio luz su segunda novela “La casa de las cuatro pencas”.

Su última novela “A la sombra de la negra Juana”, quedó sin editar; mientras que la mayoría de sus cuentos quedaron dispersos en diversas publicaciones seriadas que se preservan en la Hemeroteca Nacional, donde se ha elaborado un catálogo sobre Urbaneja Achelpohl, a objeto de facilitar su ubicación.

Después de su muerte, su viuda, Lola Pelayo, comenzó a organizar su dispersa prosa y a publicarla bajo el título de “El criollismo en Venezuela”. Igualmente, varios sellos editoriales se han preocupado por realizar compilaciones de sus obras. Finalmente, en 1973 se publicaron sus “Obras Completas”, manteniendo vivo el pensamiento de este insigne representante de las letras venezolanas, que falleció en la parroquia El Valle, el 5 de septiembre de 1937.

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