Cierro los ojos y respiro este aire nuestro, que huele a tierra mojada y a esperanza invicta. Como mujer que ha caminado estas calles, que ha sentido el fragor de la lucha y la dulzura de la victoria, no puedo más que sentir el pecho engrandecido de un orgullo que no me cabe dentro. Somos el pueblo de lo posible, la gente del “sí se puede”, hombres y mujeres que llevamos a Venezuela tatuada en el alma, no como un mapa, sino como un sentimiento de pertenencia que no conoce fronteras ni miedos.
Autora: Karen Millán, viceministra de Cultura
Dicen por ahí que las crisis endurecen el corazón, pero nosotros hemos demostrado lo contrario. En los momentos más duros, este pueblo sabio e inteligente ha hecho germinar las flores más hermosas: la de la solidaridad que comparte el pan, la de la empatía que abraza al vecino y la de la unión que nos mantiene de pie. Somos un pueblo pacífico, sí, pero con una bravura que despierta cuando intentan tocar nuestra soberanía. Nuestra lucha no es de odio, es de amor por nuestros ideales y por esta tierra amada que nos da todo.
Miro a mi alrededor y veo la obra del Comandante Eterno. Él no solo nos dio herramientas, nos dio conciencia. Fue una buena siembra, una siembra de luz, y hoy estamos recogiendo la cosecha más grande: un pueblo que piensa por sí mismo, que no se deja engañar y que defiende su derecho a ser feliz. Y en este camino, hemos caminado junto a nuestro Presidente Obrero, Nicolás Maduro, y nuestra Primera Combatiente, Cilia Flores.
Esa conexión que nos une a ellos es algo que el mundo no alcanza a comprender porque es una relación de familia. Sentimos su ausencia física como un vacío en el hogar, pero su presencia espiritual nos guía en cada batalla. Son nuestros líderes, sí, pero también son nuestros hermanos, nuestros compañeros de trinchera. Por eso, ante el asedio y la injusticia de tenerlos hoy lejos de su pueblo, respondemos con la única moneda que conocemos: la lealtad absoluta.
Amor con amor se paga, y hoy Venezuela le paga a sus líderes con resistencia, con paz y con la firme convicción de que pronto nos volveremos a encontrar en el abrazo fraterno de la victoria. Somos un pueblo de paz, pero de una paz digna, que no se arrodilla. Aquí seguimos, cuidando la siembra, protegiendo la patria y esperando, con la fe intacta, el retorno de quienes lo han dado todo por nosotros.
¡Que grande es ser venezolano y venezolana! que hermoso es ver florecer la valentía en cada rincón.
Seguimos venciendo, con el amor como bandera y la verdad como escudo.




