En una reciente emisión del Noticiero “Cultural Al Día” de Alba Ciudad 96.3 FM, la periodista Paola Pertuz conversó con el actor venezolano Abilio Torres sobre su más reciente proyecto formativo: “Sonoro”, un taller de actuación que tiene como eje central la escucha como herramienta fundamental para la creación escénica.
Texto: Alba Ciudad (Jorge Pinillos) / Entrevista: Paola Pertuz / Fotos: Redes Sociales
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La entrevista, cargada de reflexiones filosóficas y referencias a grandes maestros del teatro contemporáneo, reveló las motivaciones personales y artísticas que llevaron a Torres a sistematizar una experiencia que promete transformar la manera en que los intérpretes se relacionan con su entorno, con su cuerpo y con su propia voz interior.
Abilio Torres, actor venezolano con más de 18 años de trayectoria artística y una carrera que incluye más de 50 obras de teatro, así como participaciones en cortometrajes y largometrajes nacionales e internacionales , ha sido reconocido con distinciones como la Mención Honorífica en los Premios Marco Antonio Ettedgui 2019 y el Premio Fernando Gómez 2022 como joven creador . Su formación, sin embargo, no fue la típica de un actor: antes de dedicarse por completo a la actuación, obtuvo una licenciatura en Marketing y Publicidad, trabajando en este campo durante varios años antes de perseguir su sueño . Esta experiencia multidisciplinaria quizás explica su enfoque innovador y su capacidad para conectar el arte actoral con otras áreas del conocimiento humano. Torres se mudó a Los Ángeles para asistir a la escuela de actuación y, poco después, comenzó a trabajar en pequeñas producciones teatrales y películas independientes, hasta lograr un papel importante en la serie “Narcos: México”, donde interpretó al narcotraficante Santiago Medina . Su presencia también ha trascendido al ámbito cinematográfico de festivales internacionales, participando con el cortometraje “La culpa, probablemente” en el Festival de Cannes en 2016 .
La génesis de “Sonoro”: entre la música y una experiencia reveladora
Durante la conversación con Paola Pertuz, Abilio Torres fue claro al señalar las dos fuentes fundamentales que dieron origen a este taller. La primera, y quizás la más visceral, es su condición de “melómano enfermizo”, como él mismo se describe. Para Torres, escuchar música no es un mero pasatiempo, sino una puerta de acceso a dimensiones alternas de la imaginación, algo indispensable para un actor que vive de construir mundos posibles e incluso imposibles. “El escuchar música te permite abrir como otras dimensiones de la imaginación”, afirmó durante la entrevista.
La segunda fuente, y quizás la más reveladora desde el punto de vista humano y pedagógico, fue su experiencia dando clases a una persona invidente. Este encuentro le permitió observar cómo alguien con una discapacidad visual —término que él matiza— podía potenciar todos sus demás sentidos de manera excepcional. Esa persona no solo logró desenvolverse, sino que asumió el protagonismo de una obra con una calidad interpretativa sobresaliente. De allí extrajo una lección fundamental: la escucha no se limita al acto de oír, sino que implica una capacidad de respuesta, de entender y de ser responsable con las propias acciones. Esta reflexión conecta directamente con el símbolo icónico del taller: un caracol, objeto que representa la escucha y la memoria ancestral del planeta. Como él mismo explica, el caracol viene del mar y contiene “toda esta memoria ancestral”, vinculando la escucha con la tradición, la historia y la conexión con la tierra.
La vulnerabilidad como punto de partida
Uno de los aspectos más destacados de la conversación fue la insistencia de Torres en la vulnerabilidad como requisito indispensable para el proceso creativo. En un mundo saturado de estímulos visuales —pantallas, redes sociales, publicidad, información constante—, el actor considera que el principal reto es despojarse de lo convencional. “Vivimos en un mundo que supuestamente nos tiene todo ofrecido, todo ya experimentado, todo está a la mano y todo es entendible y visible a los ojos, porque hay que ver para creer”, reflexionó. Frente a esta lógica, Torres propone desmitificar la primacía de lo visual y atreverse a ser vulnerables con las emociones, los sentimientos y el propio cuerpo.
Para el actor, la vulnerabilidad no es una debilidad, sino una puerta de entrada a lo particular y, desde allí, a lo universal. “De lo particular nace lo universal, lo raro”, afirmó, haciendo de la rareza y de aquello que no se comprende de inmediato el germen del hecho creativo. Esta postura estética se inscribe en una tradición que va desde los teatristas pobres como Grotowski hasta los investigadores del espacio vacío como Peter Brook, para quienes la esencia del teatro reside en la desnudez del actor frente al espectador, sin grandes artificios escenográficos.
La música como partitura viva
Otro de los pilares del taller “Sonoro” es el uso de la música no como un mero acompañamiento ambiental, sino como un motor de la improvisación y el movimiento. Torres citó a la célebre coreógrafa y bailarina alemana Pina Bausch, creadora del Tanztheater (teatro-danza), quien solía decir: “Baila, baila, de otro modo estaremos perdidos” . Para Torres, la música tiene la capacidad de movilizar, de informar, de comunicar y de salvar. De hecho, durante la entrevista compartió una anécdota significativa: momentos antes de la conversación con Pertuz, se encontraba escuchando sus canciones favoritas de Radiohead —banda de la que se declaró fanático— como parte de su preparación emocional para el encuentro.
La música, en la visión de Torres, funciona como una antena receptora. Citando al compositor ruso Ígor Stravinsky, afirmó que “la música está en el aire, solo hay que captarla”. Esta idea convierte al actor en un canal, en un medium que recibe estímulos sonoros y los traduce en movimiento, en palabra y en acción. La propuesta de “Sonoro” es que los participantes aprendan a utilizar la música como una partitura viva, dejando que ella guíe sus desplazamientos, sus emociones y sus decisiones escénicas.
El espacio vacío y la abstracción
Abilio Torres se definió a sí mismo como un estudioso e investigador del concepto del “espacio vacío”, tan caro a la teoría teatral contemporánea. Inspirado por las investigaciones de Peter Brook y Jerzy Grotowski, el actor sostiene que el actor tiene su propia dramaturgia, es decir, que a través de sus acciones puede construir imaginarios completos en la mente del espectador sin necesidad de grandes decorados. “El espacio vacío es un cubo negro, es una metáfora para aludir a que menos es más”, explicó. Esta filosofía minimalista, lejos de ser una limitación, se convierte en una liberación: entre menos distractores haya en escena, mayor es la atención sobre el actor y mayor es la capacidad de este para “volar y dejar su sueño”.
Torres vinculó esta idea con los juegos de la infancia, donde los niños no necesitan escenarios sofisticados ni utilería realista para construir mundos fantásticos y relacionarse con amigos imaginarios. “Si eso era posible y era creíble para uno como intérprete”, razonó, “el espacio vacío es un mundo sin fin de posibilidades”. Esta perspectiva cambia radicalmente la percepción del actor: deja de buscar una representación realista y mimética de la realidad y empieza a habitar el espacio desde la abstracción y la subjetividad, confiando en que su presencia y su voz son suficientes para crear sentido.
Escritura creativa como acto performático
Un componente sorprendente del taller es la inclusión de la escritura creativa como parte del proceso actoral. Lejos de ser un ejercicio de dramaturgia formal, Torres plantea la escritura como una técnica gestáltica: “darte cuenta, reconocer y, por lo tanto, hacerte responsable”. Durante las ocho sesiones de “Sonoro”, los participantes serán estimulados por la música y los sonidos del ambiente para escribir de manera automática, casi inconsciente. “Tu única tarea, tu único objetivo es escribir. Si no sabes qué escribir, escribe: ‘no sé qué escribir'”, instruye el actor.
Esta aproximación busca sortear la trampa de la mente, esa voz interna que juzga, censura y menosprecia. “Muchas veces caemos bajo la primera trampa que es: yo no soy escritor, yo soy incapaz, esto no es bonito, esto no le va a gustar a nadie”, advierte Torres. Para él, la escritura en el contexto del taller no busca producir obras literarias acabadas, sino entrenar “el motor de la tarea escénica”. Escribir se convierte así en una acción performática, en un ejercicio de disciplina y presencia similar a cualquier otro entrenamiento actoral. “Vivimos en un mundo donde todos nos creemos capaces, podríamos poco a poco, paso a paso, hacer un mundo mejor”, concluye.
Caracas: Una escena viva a pesar de las adversidades
Para comprender la importancia de iniciativas como “Sonoro”, es necesario situarlas en el contexto de la oferta teatral caraqueña. Caracas cuenta con una rica infraestructura cultural que, a pesar de las dificultades económicas y políticas del país, se mantiene activa.
Entre los teatros más importantes se encuentran el Teatro Teresa Carreño, uno de los complejos culturales más modernos de América Latina, con su Sala Ríos Reyna (con capacidad para 2.700 espectadores) y la Sala José Félix Ribas.
También destaca el Teatro Municipal de Caracas, inaugurado en 1881, que actualmente es la sede de la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas.
Por su parte, el Teatro Nacional, inaugurado en 1905 por orden del presidente Cipriano Castro y diseñado por el arquitecto Alejandro Chataing, es un monumento histórico declarado Monumento Nacional en 1979, con una capacidad para 664 butacas . Este teatro fue durante muchos años el “templo de la zarzuela venezolana”. En años recientes, estos espacios han sido sometidos a procesos de restauración y mantenimiento para preservar su legado .
En este ecosistema teatral, propuestas independientes como “Sonoro” cumplen una función vital: la formación de nuevos públicos y la actualización de las metodologías de actuación. La mención de Torres a aliados como Teatro Ceres (una agrupación venezolana que ha llevado sus producciones incluso al extranjero, como a Mar del Plata, Argentina ), Teatron VZLA y Teatro de Caracas da cuenta de una red de colaboración entre creadores escénicos independientes que mantienen viva la llama del teatro de investigación.
“Basta de la pantallita”: El llamado a la presencialidad
Hacia el final de la entrevista, Paola Pertuz preguntó a Abilio Torres qué espera que el público se lleve de esta experiencia. La respuesta fue contundente y refleja una urgencia contemporánea: “El teatro te caiga a vida”. En una época dominada por las pantallas —el teléfono, la computadora, la televisión—, Torres hace un llamado a recuperar lo presencial, lo carnal, lo que ocurre aquí y ahora entre actores y espectadores. “Basta de la pantallita, vamos a hacer cosas de carne y hueso, y traseras de espíritu, de lo denso a lo sucio y de lo sucio a lo denso, para vivir un mundo mucho más real”, sentenció.
Esta declaración conecta con una de las funciones más primigenias del teatro: la reunión comunitaria, el rito compartido, la experiencia que no puede ser mediada por una interfaz digital. En un país como Venezuela, donde el éxodo de artistas ha sido considerable y donde las condiciones para la producción cultural son difíciles, la decisión de quedarse y ofrecer un taller de estas características es, en sí misma, un acto de resistencia cultural.
Detalles prácticos para los interesados
Abelio Torres informó durante la entrevista que “Sonoro”, el taller de actuación desde la escucha, se llevará a cabo próximamente en Caracas. Los interesados en participar pueden obtener información detallada a través de sus cuentas de Instagram: @abilio_actor. Asimismo, el flyer informativo está disponible en los perfiles de Instagram de la Compañía Nacional de Circo y de Teatro Ceres, quienes actúan como coproductores del taller.
“Un taller bastante económico”, aseguró Torres, con la esperanza de que se inscriba la mayor cantidad de gente interesada en esta metodología. Aunque no se especificó la duración total de las sesiones, el actor mencionó que el taller consta de ocho encuentros, durante los cuales se recorrerá un camino que va desde la propiocepción (la percepción del propio cuerpo en el espacio) hasta la expresión vocal, pasando por la escucha activa, la improvisación musical, el trabajo en el espacio vacío y la escritura creativa.








