Biblioteca Nacional: 186 años de historia, educación, información, recreación y cultura

El 13 de julio se cumplen los 186 años del Decreto de Creación de la Biblioteca Nacional. Sus antecedentes se remontan a 1811, cuando uno de los próceres de nuestra Independencia, Juan Germán Roscio, propuso a través de una hoja suelta la creación de una biblioteca pública para Caracas, afirmando que era “el único medio de propagar la ilustración”.

Texto: Prensa IABNSB

Roscio fue un hombre culto y preocupado por la educación, por ello ofreció donar su biblioteca personal con más de mil títulos, y conminó a otros intelectuales a que hicieran lo mismo.

No obstante, fue durante la primera presidencia del general José Antonio Páez (1831-1835), cuando a través de un decreto del vicepresidente de la república, Andrés Narvarte, del 13 de julio de 1833, se crea la Biblioteca Nacional.

Lo que al principio fue un lugar para concentrar el fondo bibliográfico y los archivos existentes en la nación, con el pasar de los años se convirtió en una de las instituciones culturales más antiguas y respetadas del país.

Para entonces no contaba con sede propia, normativas, ni personal especializado en la conformación de colecciones, las cuales provenían mayormente de donaciones, con temas de carácter general y universal, incluyendo muchas obras extranjeras publicadas en otros idiomas.

Al celebrar el centenario de la declaración de nuestra Independencia, en 1911, cien años después de que surgieran las primeras ideas de crear una Biblioteca Pública para Caracas, y durante la dictadura del general Juan Vicente Gómez (1908-1935), es cuando se le asigna una sede propia, en el edificio que hoy conocemos como el Palacio de las Academias, frente al Palacio Federal Legislativo.

Una edificación colonial, a la cual se le había destinado una de las 24 manzanas del trazado original de la ciudad de Caracas. Con una larga historia, que data de 1577, concebida en sus inicios para ser el Convento de la Inmaculada Concepción, perteneciente a la orden Franciscana.

Este edificio albergó diversas instituciones oficiales; con el pasar de los años, sufrió varias remodelaciones, ampliaciones y reconstrucciones, hasta adoptar el estilo neogótico que conocemos actualmente, con la torre del reloj en su fachada norte.

Entre finales del siglo XIX y mediados del siglo XX, antes de ser sede de las principales academias del país, funcionó en el mismo la Universidad Central de Venezuela y, a su lado, se instaló la primera biblioteca pública de Caracas. Un lugar que desde sus inicios estuvo llamado a convertirse en el centro cultural de la capital.

Su diseño interior estuvo a cargo de uno de los más prominentes arquitectos de esa época, Alejandro Chattaing. Fue verdaderamente un espacio moderno y privilegiado, dispuesto en la avenida Universidad, entre las esquinas de San Francisco y La Bolsa, en pleno centro de Caracas.

Contaba con buena iluminación y techos elevados, en ella predominaba una gran sala de lectura central, rodeada de dos niveles de galerías con estanterías de libros, que no poseían una catalogación u ordenamiento adecuado; la mayoría de ellos, eran fruto de donaciones de carácter universal, sin mayores criterios, muy distante de lo que hoy podemos entender como desarrollo y conformación de colecciones.

Pese a la dictadura gomecista, este fue un recinto muy popular en el que se daban cita los intelectuales de la época, realizando verdaderas tertulias literarias; y en días festivos funcionaba como sala de conciertos; también se inició el préstamo circulante de libros, tamaña proeza en una sociedad donde prevalecía el analfabetismo.

Nos ubicamos en una época donde la inversión en educación y en libros era casi inexistente. La lectura y la escritura no eran consideradas como una prioridad, cuando paralelamente había que desarrollar la infraestructura del país.

Sin embargo, nunca faltaron los intelectuales o diplomáticos, personalidades que habían tenido oportunidades de viajar y conocer otros mundos, para quienes el tema de los libros y las bibliotecas eran un asunto importante, y así lo hacían saber al gobernante de turno, a objeto de que se invirtiera en ampliar los servicios de información, archivos y bibliotecas de Venezuela.

Con el pasar de los años, y la llegada de la democracia, las funciones de la Biblioteca comenzaron a ampliarse y se avistó la necesidad de una nueva sede, ante el deterioro del viejo edificio en el que una de las colecciones más importantes, como era la prensa del Siglo XIX, entre otras, corría peligro debido a unas deplorables condiciones de preservación.

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