En una edición cargada de tradición, fe y orgullo venezolano, el programa Cultura en Movimiento, transmitido el pasado viernes 15 de mayo por Alba Ciudad 96.3 fm, tuvo el privilegio de recibir a dos invitados de lujo que representan la esencia más pura de nuestras manifestaciones culturales y religiosas. En una primera parte, de manera presencial en el estudio, los conductores dialogaron con Eduardo Maña (primer capitán), Leonardo Carrero Escalona (segundo capitán) y José Gregorio Gómez (asesor), integrantes de la agrupación Vasallos de la Candelaria de Caracas, quienes compartieron el emocionante proceso de su reciente reconocimiento como cofradía oficial en la ciudad. Posteriormente, a través de una llamada telefónica desde los Andes venezolanos, el programa se conectó con el maestro Luis Marquina, guardián de la tradición de “Los Locos de San Isidro” en Lagunillas, estado Mérida, quien narró los pormenores de esta ancestral fiesta que une la fe con la alegría del pueblo.
Texto: Alba Ciudad (Jorge Pinillos) / Entrevista: Luis Miguel Rebolledo y Violeta Ibarra. / Fotos: Cultura en Movimiento – Redes Sociales
Puedes escuchar la entrevista aquí:
Primera parte: Los Vasallos de la Candelaria de Caracas – Cuando un taller se convierte en cofradía
De un taller antropológico a una comunidad de fe
La historia de los Vasallos de la Candelaria de Caracas no comenzó en una iglesia, sino en un espacio de formación cultural. Eduardo Maña, primer capitán de la agrupación, relató el origen de todo: “Comenzamos a finales del año 95 con un taller producto de una visita y un trabajo antropológico que hice sobre los Vasallos de la Candelaria de la parroquia en el estado Mérida. En Caracas, muchos de los participantes no solo aprendieron un baile, sino que se conectaron con la devoción hacia la Virgen”.
Lo que parecía un taller efímero se convirtió en un compromiso anual. Con el tiempo, el grupo fue participando en eventos de proyección cultural, pero siempre con un trasfondo espiritual que pedía a gritos ser reconocido y guiado.
El milagro que selló el destino: la historia de Leonardo Carrero
Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista fue cuando los invitados revelaron que su reconocimiento como cofradía estuvo precedido por un hecho que ellos califican como milagroso. “El mayor milagro que tenemos hoy es que tenemos aquí a nuestro compañero Leonardo”, confesó Eduardo Maña, señalando a Leonardo Carrero Escalona, segundo capitán.
Leonardo es, según sus propias palabras, “producto de la bendición y la conexión con esta devoción”. Aunque no se ahondó en los detalles médicos, la presencia de Leonardo en el estudio fue presentada como la prueba fehaciente de que la Virgen de la Candelaria había estado acompañando el proceso desde mucho antes de que existiera el título oficial.
Más que baile: el salto de lo estético a lo espiritual
Uno de los grandes aprendizajes que dejó esta conversación fue la diferencia fundamental entre ser un grupo de proyección folclórica y ser una cofradía. Leonardo Carrero fue contundente: “Mucha gente se llega a las tradiciones a través de la parte artística: me gusta bailar, me gusta cantar. Pero la tradición va más allá de eso. No es un espectáculo ni un hobby. La parte estética es la forma de expresar la devoción, pero lo más importante es la conexión espiritual real”.
El asesor José Gregorio Gómez complementó: “Eso es lo que te va a hacer trascender en el tiempo y poder dar esperanza a quienes participan. Una cofradía no se debe a la estética, se debe a la conexión religiosa”.
El camino hacia el reconocimiento eclesiástico
Convertirse en una cofradía no es un trámite sencillo. José Gregorio Gómez explicó el proceso que los llevó a ser reconocidos como Asociación Pública de Fieles Laicos. “La Iglesia nos otorga ese título. No entra ningún clérigo ni religioso, pero somos parte de la jerarquía. En Venezuela, ostentamos el título de cofradía. Cofradía, confrater con mi hermano, significa que vamos todos direccionados hacia una devoción y hacia una parroquia”.
Tras haber participado en distintas iglesias (La Candelaria, Los Dos Caminos, La Claret), finalmente encontraron cobijo en la Parroquia San Pedro, en Los Chaguaramos. “La pregunta principal es cómo aportamos nosotros a la parroquia y qué nos aporta ella a nosotros”, reflexionó Gómez.
La presentación formal: una invitación abierta al público
Los oyentes no solo escucharon la historia, sino que recibieron una invitación concreta. “El próximo domingo —dijo Eduardo Maña, refiriéndose a dos semanas después de la entrevista— nos harán la presentación formal como cofradía en la Parroquia San Pedro, la Basílica Menor de San Pedro, en Los Chaguaramos, a las 12 del mediodía. Allí estaremos recibiendo la bendición”.
Un dato curioso: mayoría femenina en Caracas
Un contraste interesante que salió a relucir es la diferencia entre la cofradía merideña y la caraqueña. Mientras que en Mérida la tradición de los Vasallos es abrumadoramente masculina (con grupos de 600 a 700 personas), en Caracas el grupo es más pequeño (alrededor de 40 cofrades activos de todas las edades) y con una marcada presencia femenina. “Lamentablemente o afortunadamente, aquí la mayor presencia es femenina”, comentaron entre risas, destacando la adaptación local de la tradición.
Segunda parte: Conexión con los Andes – El maestro Luis Marquina y los Locos de San Isidro
Un viaje sonoro a Lagunillas, Mérida
La segunda parte del programa fue un viaje a los páramos y pueblos merideños. Por vía telefónica, el maestro Luis Marquina, reconocido cultor y guardián de las tradiciones de Lagunillas, se conectó para hablar de una de las festividades más singulares y llenas de color de Venezuela: “Los Locos de San Isidro Labrador”, que cada 14 y 15 de mayo llenan de música, danza y fe las calles de la población.
Orígenes ancestrales: del fuego indígena al santo español
El maestro Marquina, con la paciencia del que ha dedicado una vida a preservar esta herencia, explicó los orígenes prehispánicos de la danza. “Nace de los indígenas nacidos de La Unidad. Ellos adoraban el fuego, se engrasaban con pieles de animales y bailaban alrededor de él”.
Con la llegada de los conquistadores y los padres doctrineros en los siglos XVI y XVII, se introdujo la figura del santo San Isidro Labrador ante los aborígenes de la zona de Pueblo Viejo. “Posteriormente, un grupo de personas creó los danzantes de los negros de San Isidro, que se pintaban con carbón la cara y el cuerpo”, agregó.
El año clave: 1914 y don Antonio Briceño
La fiesta tal como se conoce hoy tiene un año fundacional: 1914. Fue entonces cuando don Antonio Briceño creó la danza formal, formó las parejas, creó la comparsa de progresantes y le dio un carácter de capitanía a los danzantes. “Ahí prácticamente nace la danza como grupo por pareja, y hasta nuestra fecha preservamos esas tradiciones”, afirmó Marquina con orgullo.
El traje y la máscara: símbolos de identidad
Uno de los aspectos más fascinantes que detalló el maestro fue la indumentaria. El danzante usa sombrero, máscara, maracas y un palo. “Detrás de eso hay una cantidad de gente: uno se encarga de los sombreros, otros del traje, otros de las máscaras”, explicó, destacando el sólido tejido comunitario que sostiene la tradición.
Sobre la máscara, que representa el físico del español durante la colonia, Marquina detalló su evolución: de elaborarse con laza (un material tradicional) pasó a ser de plástico o malla, e incluso de un material usado para cuartos fríos, buscando mayor frescura para los bailadores.
La celebración día por día: 14 y 15 de mayo
El maestro fue preciso en el cronograma festivo:
– 14 de mayo: El santo es sacado de su capilla en un sector de Lagunillas, recorre todo el pueblo y llega a la iglesia Santiago Apóstol.
– 15 de mayo: Se celebra una misa solemne, y luego el santo recorre el pueblo de regreso a su capilla.
– La quema: Al final del regreso, se realiza un acto llamado “la quema”, que representa la purificación del danzante y la culminación de las festividades.
La gastronomía de la fiesta: sancocho que se multiplica
La fe y la danza van de la mano con el compartir comunitario. “El aporte de la parte jocosa —personajes que controlan la disciplina con látigos y hacen reír a la gente— es fundamental. Compartimos sancocho y guisos. Primero comen los danzantes, luego la gente que nos acompaña. Esa comida se multiplica, alcanza para todos”, aseguró el maestro con una sonrisa que se percibió a través de la llamada.
Cifras impresionantes: 10 agrupaciones y 2.000 participantes
La magnitud de la tradición es asombrosa. “La cofradía se creó en 1995. En aquel entonces eran cinco grupos. Hoy tenemos 10 agrupaciones, 10 lanzas que nos acompañan. Cada lanza, como mínimo, maneja unas 200 personas, incluyendo la parte locosa, la vieja, el José y la María”, detalló Marquina. Esto representa alrededor de 2.000 personas movilizadas durante los dos días de fiesta.
El relevo generacional: se nace bailando
Ante la pregunta de cómo ingresar a esta manifestación, el maestro fue claro: “Hay devotos, promesantes, gente a la que le gusta bailar la lanza porque es muy pegajosa. Aquí el niño, desde que está en el vientre de la madre, ya sale bailando”. Una frase que resume la organicidad con la que la tradición se transmite en Lagunillas.
Orgullo nacional: cuando Los Locos de San Isidro llegaron al Poliedro
El maestro Luis Marquina también recordó con orgullo la participación de su grupo en el Poliedro de Caracas durante la celebración de los 50 años de la Polar. “Estuvimos en algunos sitios de Caracas y luego en el Poliedro. Fue un éxito grande. Allí se presentó la representación genuina de los indígenas, con su vestimenta natural, y los danzantes con los trajes medievales de múltiples colores”.
Destacó que, a diferencia de otras presentaciones “maquilladas” o espectacularizadas, ellos llevaron la esencia pura de la tradición.








