Leonor Fuguet: “Llegué a ser invisible para hacer visible a la Madre Tierra; hoy el premio es para las dos”

La cantautora y activista ambiental Leonor Fuguet, reconocida con el Premio Nacional de Cultura y distinguida como Gloria Artística de Venezuela en el marco de sus 50 años de trayectoria, conversó en exclusiva en el noticiero Cultura al Día por Alba Ciudad 96.3 FM. En una entrevista profundamente emotiva, Fuguet reflexionó sobre su medio siglo de lucha a través de la música, su compromiso con la Madre Tierra, el significado colectivo del premio recibido y la necesidad de reposicionar el ego artístico al servicio de la vida. La periodista Angie Vélez condujo este encuentro con una de las voces más coherentes y necesarias de la canción venezolana.

Texto: Alba Ciudad (Jorge Pinillos) / Entrevista: Angie Vélez/ Fotos: Luigino Bracci

Escucha la entrevista aquí:

La periodista Angie Vélez daba la bienvenida a una invitada muy especial. Desde las tierras aragüeñas, donde el canto de la llora aún resuena entre los cañaverales, se conectaba Leonor Fuguet. “Hoy nos acompaña una mujer que ha hecho de la coherencia su bandera y de la música su herramienta de sanación y lucha”, anunció Vélez. Y no exageraba.

Con 50 años de trayectoria, bióloga de formación pero sembradora de conciencias por vocación, Fuguet llegaba a los micrófonos de Alba Ciudad en un momento de celebración y profunda reflexión: había sido recientemente galardonada con el Premio Nacional de Cultura y distinguida como Gloria Artística de Venezuela, justo cuando cumple medio siglo dedicada a cantarle a la Madre Tierra.

50 años: un camino de entrega y emoción

Gracias por volverme a abrir las puertas de esta casa hermosa con ese nombre, el Alba, el amanecer que esta revolución ha traído a la patria”, expresó Fuguet visiblemente emocionada. “Sobre todo en este día que estoy con esta celebración que me tiene tan emocionada”.

La cantautora aclaró con honestidad que es difícil precisar el día exacto en que comenzó su camino hace 50 años, pero que se encuentra en ese marco celebratorio. “Estamos en ese tiempo”, dijo, como quien abraza una totalidad más que una fecha.

La divinidad en un microscopio: El origen de una vocación

Se preguntó a Fuguet cuál ha sido la constante que nunca ha cambiado en su mensaje a lo largo de estas cinco décadas. La respuesta fue un viaje al origen de su conciencia ecológica.

“Yo descubrí la divinidad en un microscopio”, confesó. “Cuando vi una gota de agua y vi todo lo que pasaba allí, y después salí del microscopio y miré el cielo y vi las estrellas, y después empecé a recoger los caracolitos que metí en cajitas bajo mi cama, las piedritas, los palitos… descubrí lo que era la vida con L mayúscula. Yo decidí consagrarme a que otras personas que no la habían descubierto la pudieran descubrir, porque lo que nos estamos jugando justamente es la vida”.

Fue entonces cuando tomó una decisión que marcaría su existencia: ser la cantora de la Madre Tierra. Y sabía que esa elección sería difícil. “De eso no había. La Madre Tierra era invisible, y yo me comprometí a hacerla visible. Lo que ocurrió es que al yo decidir hacer visible a una invisible, pasé a ser invisible yo también”.

Fuguet explicó esta dinámica con una sabiduría profunda: “Así como dice el dicho ‘ojo que no ve, corazón que no siente’, cuando el corazón no siente, los ojos no ven. Nosotros podemos tener delante algo o alguien, y si no estamos codificando ese algo o ese alguien adentro, no le vemos, no le sentimos”.

Risas, burlas y una fe inquebrantable

La artista no ocultó el precio que pagó por su coherencia. “Para mí ha sido un acto de estoicismo, heroísmo y perseverancia. Lloré muchísimo durante muchos años. Yo salía a la calle con mi guitarra, me paraban en una esquina y me preguntaban qué estaba haciendo. Yo decía: ‘soy la cantora de la Madre Tierra’. Risas, burlas, de todo escuché”.

Pero ella tenía una certeza: “Yo decía: ‘un día la van a ver, y cuando la vean, yo voy a estar en la calle con mi guitarra cantándole a ella’. El estar tantos años haciéndolo espero que ayude a que un día la vean. Y eso es lo que yo siento que está pasando”.

El premio: Un reconocimiento compartido con la madre tierra

Para Fuguet, el Premio Nacional de Cultura no es un logro personal, sino una victoria colectiva y, sobre todo, una señal de que la Madre Tierra está siendo vista. “Como yo no he hecho lo que he hecho por fama personal, sino para que ella sea la protagonista, yo siento literalmente que este premio lo estamos recibiendo las dos”.

Con una emoción que no intentó ocultar, relató: “Yo he hablado con mis camaradas ambientalistas estos días y les he dicho: ‘la están viendo’. La emoción que tengo es esa, la están viendo. Porque si habiendo tantos artistas que interpretan la música de manera tan excelsa, me eligieron a mí para darme este premio, es porque está siendo vista ella. Y ella está aquí, de mi mano”.

Recordó una anécdota que ilustra esta conexión: “Una vez me invitaron a un acto y me sentaron con un escudito de Venezuela dorado que decía ‘invitada especial’. Yo le puse ‘la Madre Tierra’ y me senté en la silla de al lado, e insistía en que no sentaran a nadie en esa silla para que se viera que ella también estaba allí”.

Un cuerpo lesionado y un ministerio que protege

Con 68 años recién cumplidos, Fuguet reconoció el desgaste físico de una vida de entrega. “La eco guerrillera, como tú dijiste, ha sido un morral montado en la espalda con equipos de campismo, los equipos musicales y la guitarra. 30 kilos en mi espalda, las botas de campaña por toda Venezuela y parte del mundo para despertar los ojos a que la vean y para protegerla de los desmanes del sistema desarrollista, del modelo que mata la vida, de la cultura de la muerte”.

Ahora, dijo, “mi cuerpo está muy lesionado. Yo me dije: es tiempo de empezar a cuidarme yo. Y mi Ministerio del Poder Popular para la Cultura me dice: ‘nosotros y nosotras te vamos a cuidar a ti también'”.

Una canción que nace del alma

En el segmento musical, Leonor Figuet interpretó un tema dedicado a la Madre Tierra, provocando la reacción emocionada de la conductora. “Es imposible que no se le ponga la piel de gallina con estos temas tan bonitos”, expresó Vélez. La música de Fuguet, como siempre, logró tocar fibras profundas en quienes la escuchaban.

Un premio colectivo: Profesores, familia, compañeros y el legado de Chávez

Al ser consultada sobre si sentía el premio como un logro personal o como una victoria para la canción necesaria y la ecología en Venezuela, Fuguet tejió una red de agradecimientos que dejó claro que su lucha nunca ha sido solitaria.

“Esto no es un logro. Tiene una parte personal y la quiero honrar porque han sido 50 años caminando con 30 kilos en mi espalda. Pero yo no he peleado sola. Aquí están conmigo sentados mi profesor de ecología de la UCV, por allá por 1976, que fue la primera vez que yo abrí los ojos y dije ‘esto es un desastre’ y decidí ser soldada”.

También mencionó a sus padres, “que me llevaron a las playas de Morón donde recogí las piedritas, los caracolitos”, a sus compañeras y compañeros de lucha ambientalista, y a Alí Primera, “nuestro primer cantor ambientalista”.

“Abran la puerta es una canción ambientalista, no es de guerrilla, es de eco guerrilla”, reivindicó. “Él está ahí con el ejemplo que nos dio, con esa apuesta de lo que es el canto necesario. Cuando uno deja de protestar y empieza a proponer, cuando uno empieza a buscar la forma de abrir los ojos y decir ‘esto está oscuro pero esto es lo claro'”.

Y luego, el reconocimiento a la dirigencia política: “Esto no estaría pasando si mi comandante Chávez no hubiera abierto los ojos a la Madre Tierra cuando fue a la cumbre climática de Copenhague en diciembre del 2009 y nos dijo ‘cambiemos el clima, cambiemos el sistema’. Y después, cuando fue candidato de la Patria, nos dio el Quinto Objetivo Histórico del Plan de la Patria, que es al que yo le canto”.

Fuguet continuó: “Llega el hijo de Chávez, nuestro primer presidente ecosocialista chavista, que es mi presidente Maduro, y crea las Siete Transformaciones. La sexta T es la T ecosocialista. Crea la Gran Misión Mujer Venezuela y el séptimo vértice es el Vértice Verde. Crea la Gran Misión Madre Tierra y crea el Parque Nacional de selva tropical más grande del mundo, que es el Parque Nacional Caura, al cual yo le entregué 10 años de mi vida. Ese decreto lo firmó el presidente Maduro”.

Para ella, todo está conectado: “Vamos viendo cómo lo que está pasando, el estar yo aquí, tiene que ver con todo eso. Honro este premio como un premio que tiene una parte personal con una parte muy colectiva”.

Cultura y naturaleza: Un vínculo indisoluble

La cantautora también vinculó el reconocimiento con la Gran Misión Viva Venezuela, Mi Patria Querida. “La cultura es producto de la naturaleza. Se come, se viste, se siente, se habla, se canta, se baila de acuerdo al espacio natural donde uno vive, donde uno crece. Cuando nuestra Gran Misión Viva Venezuela, Mi Patria Querida dice como objetivo ‘vamos a proteger la cultura en nuestra patria’, necesita proteger también a la Madre Tierra, porque de esa naturaleza es que salen esas expresiones culturales”.

Por eso, concluyó, “mi Ministerio de la Cultura, desde el comprender eso, me da este reconocimiento y protege a la Tierra también al protegerme a mí. Y al hacerlo, seguimos protegiendo juntos y juntas la cultura”.

Un legado para las futuras generaciones

Para cerrar, Vélez pidió a Fuguet que resumiera su legado en una sola frase para las futuras generaciones de artistas venezolanas. La respuesta fue una verdadera lección de vida y arte.

“Conectarnos siempre más allá del ego. Que el ego esté al servicio del alma, que esté al servicio de la vida, que esté al servicio de la patria, que esté al servicio del servir a las demás y los demás”.

Fuguet explicó con sabiduría el papel del ego en el artista: “El ego es necesario porque es el que a las artistas y a los artistas nos permite pararnos en un escenario y hacer las cosas que hacemos. Necesitamos tener ese valor. El problema es cuando el ego cree que él se sirve a sí mismo, y convertimos la tarima, el escenario, en el espacio para recibir los aplausos y para que nos sirva el pueblo, nos sirva la cultura, nos sirva la patria a nosotras y a nosotros”.

Y lanzó un llamado transformador: “Desde el volver a decir al ego: ‘mire señor, usted sirve a la vida, no es que la vida lo sirve a usted’. Si podemos reposicionar, y desde la humildad profunda y la dignidad profunda servir con nuestra expresión artística, puede ser que salvemos la vida en la Tierra. Y lo digo en serio, porque nos la estamos jugando”.

Un suspiro y un beso

Vélez cerró con palabras que resumen el sentir de toda una audiencia: “Gracias, Leonor, por 50 años de coherencia y por ser la voz de nuestra tierra. Su legado como Gloria Artística de Venezuela es un faro para todos nosotros. Ha sido un verdadero honor tenerla nuevamente en estos espacios de Alba Ciudad 96.3 FM. Un suspiro y un beso”.

Leonor Fuguet, la cantora de la Madre Tierra, la eco guerrillera, la mujer que hizo visible a la invisible, se despidió con la misma humildad y grandeza con la que ha recorrido el país durante medio siglo: con la certeza de que la lucha continúa y de que, como ella canta, aún estamos a tiempo de cambiar el sistema para salvar la vida.

Publicado por Jorge Pinillos
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