“Lo que es la vida”: Felipe Pirela, luces y sombras de un ídolo

El 4 de septiembre de 1941 nació en el barrio “El Empedrao”, ubicado en Maracaibo, una de las más apreciadas voces del despecho: Felipe Pirela, ‘‘El bolerista de América’’.

Texto: Prensa BN

Al cumplirse 78 años de su natalicio, queremos recordarlo compartiendo algunos episodios de ‘‘Lo que es la vida’’ (Aguilar, 2009), un libro del investigador Luis Ugueto que nos entrega una crónica pormenorizada de lo que fue la vida de este ídolo de multitudes.

Felipe Antonio Pirela Morón fue el octavo hijo de Felipe Pirela Monsalve y Lucía Morón. Heredó la afición por el canto y otras expresiones artísticas de su madre. Aunque le gustaba el béisbol y quiso seguir los pasos de Luis Aparicio, desde muy pequeño ‘‘Pipito’’ mostró vocación por el canto, fue así como con un gran esfuerzo económico recibió clases de canto, iniciando una carrera contrarreloj en la que probaría el sabor agridulce de la fama.

Frenesí

Con 13 años Pirela ya era vocalista de “Los Happy Boys”. La influencia de Alfredo Sadel y Lucho Gatica fueron moldeando el tono de su voz. ‘‘Frenesí’’ fue el tema que eligió para debutar y con el que muy pronto se hizo oír, no solo en locales de Maracaibo, sino en radios regionales. Participa en un famoso programa de televisión en Ondas del Lago Tv, se involucra con el músico español Juan Arteta y llega a Caracas. Le reciben en Radio Caracas Radio como todo un artista. De regreso a Maracaibo, se une a la orquesta Los Peniques.

Billo: ¿Padrino o verdugo?

En 1958, cuando la fama de Pirela va en ascenso, conoce al que será su padrino: Billo Frómeta, que, impactado con la voz del muchacho, le ofrecerle contrato para unirlo a la Billo’s Caracas Boys. Una nueva etapa llena de éxitos llega para Pirela interpretando temas de esta orquesta junto al sin igual «Cheo» García.

Tres años después, en 1961, Frómeta produce “Canciones de ayer y hoy”, primer disco como solista de Pirela, pero en 1963, el bolerista recibe una oferta del sello discográfico Velvet y renuncia a la Billo’s. Inicia su ‘‘exilio artístico’’, pues aseguran que al dejar a Frómeta, pocos productores quisieron grabarlo.

Luis Ugueto asevera que fue el maestro Frómeta quien le abrió las puertas a escala internacional. Aunque ya no estaría a su lado, lo cierto es que el paso de Pirela por la Billo’s fue su bautizo de fuego como artista.

Auge y caída

Pirela llega a México. La tierra de Javier Solís es la primera en recibirle. Allí graba su primer álbum ‘‘Un solo camino’’ y el músico ‘Jesús «Chucho’’ Rodríguez lo bautiza como ‘‘El bolerista de América’’.

Sus andanzas de un escenario a otro con admiradoras y amigos causó el fin de su matrimonio con Mariela Montiel, una jovencita 10 años menor que él. Firman el divorcio en junio de 1966, con lo que pusieron fin a una unión de dos años. Se habían conocido el 18 de junio de 1964 y solo tuvieron una hija, Lennys Beatriz Pirela Montiel.

En lo sucesivo Mariela despotrica de Pirela en la prensa venezolana, le acusa de ser mal padre y de pegarle, incluso pone en duda su hombría. Las influencias gubernamentales de Aminta Montiel, madre de Mariela, logran que Pirela sea tratado como un criminal, tanto que tuvo que salir del país en secreto, nunca más volvería a ver a su hija.

Malquerido y olvidado

En el exilio graba ‘‘Entre tu amor y mi amor’’, uno de sus más exitosos LP, conquista premios en Estados Unidos, Ecuador, Colombia y Puerto Rico, participa en grandes festivales, pero el divorcio, sus escándalos y la poca aceptación de sus temas en Venezuela pesaban en los hombros del artista que, con apenas 25 años, se alza como el primer venezolano en vender un millón de discos.

Casi en la ruina, debido a las demandas de su exesposa, se radica en Puerto Rico. En tierras borinqueñas canta en locales nocturnos de dudosa reputación y comienza a usar drogas como paliativo a su depresión. Planeaba recuperarse lanzando un nuevo disco, pero su estrella estaba por apagarse.

En Puerto Rico se rodea de oscuros personajes, como un tal Ángel Luis Rosado Medina, narcotraficante apodado ‘‘El hombre de los mil nombres’’, que lo involucra en aquel mundo. Paquita Berio, pareja y representante artística de Pirela, declaró a la prensa que en varias oportunidades Rosado Medina había amenazado al cantante.

Sombras, nada más…

Domingo 2 de julio de 1972. “Noche de rondas”: Pirela no quiere estar solo, se le ve eufórico y, a ratos contemplativo, reparte apretones de mano, sonrisas y autógrafos derrochando un carisma con que mal oculta su pena. Le acompañan Paquita Berio y varios amigos, hacia las 2:20 am ésta se despide del intérprete y le deja con el grupo.

Pirela cantó como nunca: interpretó dos veces el tema ‘‘Sombras’’, arranca aplausos del público, como hipnotizado, y ante el desconcierto de los músicos que le acompañan intenta cantarla por tercera vez y recibe abucheos de varios borrachos. Pirela apura su trago, da una calada al cigarrillo que luego aplasta con el talón del zapato y sin prestar atención a las voces que piden otro tema sale del bar, seguido por Carmelo López Ramos, el único amigo de juerga que aún le acompaña.

Esa fue la última presentación del Bolerista de América: minutos después varios disparos llaman la atención de los clientes del Molino Rojo (así se llamaba el bar) que corren a la calle para descubrir que el ídolo del bolero había sido asesinado a balazos. Un carro misterioso se aleja de la escena del crimen, lo conduce un hombre que respondía a mil nombres.

Lo demás es historia, Rosado Medina fue apresado y confesó. La verdad sobre el móvil del asesinato de Pirela ha dado pie a múltiples versiones, lo cierto es que aquel día arrancaron al mundo de la música una de sus grandes promesas. Con apenas 30 años de edad, Felipe Pirela nos legó 40 discos grabados y el recuerdo inmortal de una voz que nunca se apagará.

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