La vida caraqueña late con fuerzas de vuelta a la normalidad

Foto: Vladimir Méndez

El entusiasmo nos llevó a arrancar tempranito desde nuestra sede para iniciar el recorrido hasta los diferentes puntos propuestos en la zona este de la ciudad. Esto, tomándonos la atribución de que ningún comunicador comunitario puede informar únicamente con “fuentes” encontradas en Twitter, ni a través de videos de Instagram, entre otras redes. Estar dispuesto a meterse en cualquier parte sea de su “bando” o no, es fundamental; hay que salir de la zona de confort, darle voz a los más necesitados en cada rincón, sea norte, sur, este u oeste.

Texto: Ciudad Caracas (Natasha Martínez)

Y nos preguntamos ¿Por qué no lanzarnos a hacer una cola en los metrobuses? Y la gente allí estaba muy contenta -y no porque estén todo el tiempo amargados- pero sólo argumentaban “llegan rápido, ojalá las camionetas fueran así todo el tiempo”. Sinceramente, no conseguí quejas de cómo se está llevando el proceso de embarque en ausencia del transporte subterráneo. Y sí se notaba una cantidad considerable de personas. También un equipo de bomberos presente en una de las aceras aseguró que estaban llenando su tanque “porque ya está llegando el agua, no con la presión que esperamos, pero allí en un rato llenamos”; y con calma se sentaron a que terminara de llenarse para estar listos en caso de emergencia, acotando que esta conexión que da hacia una de las salidas de Zona Rental es exclusiva para bomberos y Protección Civil.

Entrando en la cotidianidad

Luego de varias horas desplegados, observé que muchos frecuentaban centros comerciales conocidos. En pleno bulevar de Sabana Grande ya funcionaban puntos de venta, electricidad y semáforos. Es más: ya se compraban hasta las canillas para el almuerzo.

El recorrido de esta zona del municipio Libertador se nos hizo pequeño, y se veía bastante cola hacia la UCV, por lo cual seguimos rodando derechito hasta llegar a Chacao. Allí nos persignamos, pero con la idea fija que nos crearon las redes sociales, sentí que entrar a esta zona era como en la película “Jurassic Park”, en la que más de uno se ha tripeado viendo los dinosaurios rugiendo. Pero aquí la gente circulaba tranquila. Los metrobuses cumplían sus tramos, un solazo y semáforos funcionando.

La sustancia de mi reportaje estaba en la entrevista a los vecinos de este sector, lo que se me convirtió en el juego infantil. “Tin Marín de Do pingüé”, donde al que agarrábamos me torcía los ojos, o me soltaba: “¿Te parece que esto está bien?, no sé si son ciegos”. Pero yo veía luz y hasta ahora muchos comercios ya abiertos. También restaurantes, farmacias y tiendas, de poquito en poquito, estaban surtiéndose de agua. Claro está, en la calle Sucre, dentro del supermercado Luz, no había agua, pero si gente con sus lechugas, pagando sus víveres. No vimos a nadie cargando tobitos de agua.

Llegamos hasta el CCCT, donde en una gran cantidad los locales acataron el llamado a día no laborable, y los cajeros automáticos daban efectivo. Llegamos hasta la Tienda CLAP de este establecimiento y las personas hacían sus compras, con algo de dificultades por las líneas. Y no, pese a la insistencia del público, no aceptan monedas extranjeras. Al entrevistar al gerente de la tienda, este nos suministró información acerca de los lácteos, embutidos, carnes y aves que estaban en peligro por las fallas eléctricas, asegurando que fueron repartidas en otras tiendas para que no se dañaran dentro de refrigeradores y anaqueles.

Y sin esperar, recibí el flechazo directo del comentario malsano de unas mujeres: “Haciendo el ridículo, la reportera chavista”. Les respondí con una amplia sonrisa, ya en este punto se hicieron “las locas” y procedieron a retirarse. Di por finalizado el recorrido, lamentando en serio que sólo esa polarización que existe en la ciudad aflorara (¿a estas alturas?). Pero ya la mayoría tiene luz, poco a poco va llegando el agua y sólo buscan qué escudriñar para satisfacer el ego de “el peluquín rubio”.

Para finalizar, terminé preguntando cuál sería la estructura para la redacción de esta nota, porque realmente quería llegar a todo el público lector. No tan solo a los simpatizantes. Me respondió mi coordinadora: “Echa tu cuento, una crónica”. Así que tras un largo día, horas meditando mis palabras, accidentada en la vía automovilística, con el cabello de punta, puntualizo con la única luz que no se apaga: “¡Venceremos!”

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