Carlos Rosas es embajador del guagancó venezolano en Lituania

Foto: AVN

En Lituania, un país al norte de Europa, se ha ido instalando desde hace algunos años -con el total beneplácito de sus habitantes- una gran afición por la música caribeña. El venezolano Carlos Rosas, quien se ha dedicado por más de una década a llevar el guagancó de este país a oídos de los europeos, es uno de los responsables de este fenómeno intercultural.

Texto: AVN

Rosas, quien aparte de su carrera musical cursó Estudios Internacionales en la Universidad Central de Venezuela (UCV), nació en la parroquia San Juan de Caracas y luego vivió en Los Frailes de Catia donde tuvo la primera influencia de la salsa.

Desde muy pequeño aprendió a tocar el cuatro, luego la guitarra, el bajo eléctrico y percusión latina, conocimientos que obtuvo de forma autodidacta.

“Vengo de una familia donde mi madre canta, mi padre tocaba el bongó. En Venezuela tenía un grupo de rock latino. Me vine a Europa por una invitación y propuesta de intercambios musicales y aquí me quedé. Actualmente estoy tocando percusión, timbales, conga, cantando y haciendo Disc-jockey”, explicó Rosas en entrevista para AVN.

Hace más de diez años este salsero está instalado en Lituania, y desde su arribo a ese país, desestimando cualquier barrera que podría imponer el idioma, el clima o las costumbres, comenzó a trabajar por poner en boga la música que vibra en sus venas. El éxito fue llegando de forma paulatina.

Su iniciativa de llevar la música caribeña a esos lejanos y fríos parajes empezó evaluando la forma de servicios musicales que se prestaban en los locales musicales, y así decidió aventurarse con su talento a promover una más amplia alternativa musical. A partir de ese momento la movida cultural nocturna cobró sentido en espacios donde ahora se alterna la salsa, el merengue, la cumbia, bachata, el mambo y otros géneros latinos.

“Como músico venezolano me ha ido muy bien, he sido bien recibido al igual que mi propuesta, sobre todo porque nosotros musicalmente tenemos la versatilidad de adaptarnos a cualquier ritmo y tocar lo que sea, a diferencia de un cubano, por ejemplo, que se dedica a tocar solo la timba y salsa cubana. Entonces esa es una ventaja para nosotros, y yo empecé a trabajar con todas las salsas, la venezolana, cubana, puertorriqueña, colombiana…”, agregó.

Foto: AVN

Este músico venezolano, que empezó cantando y tocando para grupos pequeños de alrededor de 40 personas, ahora no solo se dirige a un público mayor de 1.000 personas, sino que su show ha hecho presencia en países como Bélgica, Holanda , Polonia y Alemania, tierras que usualmente no se asociarían con la movida salsera.

“La primera fiesta latinoamericana que le mostré aquí a la gente fue con unos cassettes que me había traído de Venezuela -que todavía los tengo- no tenía computadora, no existían los Mp3 ni nada de eso. Con dos cassetteras puse a la gente a bailar, quedaron impactados y con ganas de más música y ahí fue que empecé con esta historia”, detalló.

Su proyecto más reciente es la creación de una orquesta que lleva por nombre Kandanga Latin Live Band la cual está conformada por 10 músicos de Lituania y Rosas por Venezuela, quienes le dan vida a las trompetas, trombón, piano, saxofón, batería y conga para la composición del estilo de música que han venido trabajando.

El carisma venezolano que caracteriza al sonero ha sido garante de su éxito musical. La jocosidad de su desempeño en el escenario sirvió para que se marcara la diferencia, al punto de ser acogido en distintos lugares del continente europeo para ofrecer su repertorio. En todos ha dejado su marca y los aplausos siguen llegando.

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