Discurso completo del embajador ruso en Caracas por el 75º aniversario de la Victoria en la Batalla de Stalingrado

Foto: MPPC

El pasado miércoles 18 de abril se llevó a cabo la inauguración de la exposición fotográfica “La batalla de Stalingrado” en honor a los 75 años de esa gran victoria que tuvo el Ejército Ruso durante la II Guerra Mundial, a la cual asistió el ministro del Poder Popular para la Cultura, Ernesto Villegas y el embajador ruso en Caracas, Vladimir Zaemskiy, quien ante los presentes, dirigió un emotivo discurso. Incluimos a continuación el texto completo.

En el evento, también estuvieron presentes los embajadores de las Repúblicas de Abjasia y de Belarús, el Estado Plurinacional de Bolivia, la República Popular China y las Repúblicas de Indonesia y de Guatemala; así como los agregados culturales de la República Islámica de Irán y la República de Cuba, y el encargado de negocios de la República de India.

Discurso para el acto conmemorativo dedicado al 75º aniversario de la
Victoria en la Batalla de Stalingrado, Moscú

Estimados caramadas,
Amigos, colegas,
Señoras y señores

El presente año está marcado por el 75º aniversario de la victoria de Stalingrado, una fecha memorable que es ampliamente celebrada no sólo en nuestro país, sino en muchas naciones del mundo.

Sin lugar a dudas, la Batalla de Stalingrado, que marcó un punto de inflexión en la Gran Guerra Patria y en la Segunda Guerra Mundial en general, es uno de los acontecimientos clave de la historia universal que supuso un brillante ejemplo de la valentía, la fortaleza y el sacrificio de todos los pueblos de la antigua URSS que frustraron los planes homicidas de los nazis e impidieron una catástrofe global. Todos tenemos una deuda impagable con los héroes.

La hazaña de los soldados soviéticos causó admiración en otros países y afianzó el prestigio internacional de nuestro país, tal como lo muestran los documentos procedentes del Archivo de la Política Exterior de la Federación de Rusia aquí expuestos. Nuestra victoria en Stalingrado tuvo una especial relevancia para el ánimo combativo de los aliados de la coalición antihitleriana.

El 5 de febrero de 1943, tres días después de terminada la Batalla de Stalingrado, el Presidente de estados Unidos Franklin Roosevelt la definió de un combate épico cuyo resultado decisivo celebran todos los norteamericanos. En el diploma de honor que envió posteriormente a Slingrado en nombre del pueblo estadounidense, se destacada que la “fuerza de ánimo y la abnegación” de los valientes defensores de la ciudad “siempre inspirarán los corazones de todas las personas libres”.

El monarca británico regaló a Stalingrado una espada con una inscripción en la hoja grabada en ruso e inglés: “Al espíritu de acero de los ciudadanos de Stalingrado, regalo del Rey Jorge VI en señal de homenaje del pueblo británico”.

La victoria de Stalingrado repercutió en la situación estratégica en otros frentes de la Segunda Guerra Mundial y alentó a los combatientes de la resistencia en Europa que, influenciados por los acontecimientos en el frente soviético, intensificaron la lucha contra los invasores.

Es sumamente simbólico que hoy en día muchas calles y plazas de ciudades europeas lleven el nombre de Stalingrado, en homenaje a la audacia y la valentía sin parangón de sus heróicos defensores.

El servicio diplomático nacional contribuyó al esfuerzo común para lograr lo antes posible la derrota del enemigo, al centrar sus actividades desde los primeros días de la guerra en la formación y consolidación de la coalición antihitleriana y el suministro ininterrumpido de equipos militares, alimentos y otras mercancías necesarias. La labor diplomática se mantenía intensa día y noche. Uno de los resultados importantes fue la celebración a finales de 1943 de la Conferencia de Moscú con participación de los ministros de Asuntos Exteriores y de la cumbre de Teherán de las tres grandes potencias.

Señoras y señores,
Amigos, compañeros,

La principal lección de los sucesos de aquellos años debe ser la compresión de que es necesario hacer todo lo posible para evitar que estas tragedias se repitan. No tenemos derecho a olvidar las catastróficas que pueden ser las consecuencias de la aspiración de algunos a dominar el mundo basada en la convicción de su propia superioridad. El destino del mundo no lo puede determinar un solo país o un reducido grupo de “elegidos”. La seguridad debe ser igual e indivisible para todos los actores de las relaciones internacionales. Poner una barrera insalvable contra la difusión de las ideas de intolerancia, xenofobia, superioridad racial, nacional o de otro tipo es nuestro deber sagrado ante los que dieron su sangre y vida para salvar a la humanidad de los horrores de la ‘peste’ del nazismo.

Lamentablemente, en algunos países se ha bajado significativamente la guardia contra el virus nazi. Hoy en día somos testigos de intentos inmundos de falsear la historia, calumniar a los soldados libertadores e inventarse maneras de justificar a los nazis y sus secuaces. Nos preocupa profundamente la situación en Ucrania, donde campan a sus anchas los neonazis y los radicales. En algunos países europeos se llevan a cabo campañas contra los campamentos a los soldados caídos por la paz y la libertad de nuestro continente que con su hazaña salvaron a muchos pueblos de desaparecer bajo la bota nazi.

Rusia continuará haciendo frente con firmeza a esta política errónea. En las relaciones interestatales, defenderemos la verdad histórica, los ideales de la bondad y la justicia. Son inviolables el honor y el buen nombre de los vencedores, así como los resultados de la Segunda Guerra Mundial.

La experiencia de haber sido aliados y hermanos en armas durante la Segunda Guerra Mundial es especialmente solicitada en las circunstancias actuales, donde la comunidad internacional se enfrenta múltiples desafíos peligrosos, incluido el de los terroristas internacionales que, al igual que los nazis, muestran un desprecio absoluto por la vida humana buscando alcanzar sus objetivos maníacos. Es evidente que atajar esta, así como otras amenazas, sólo es posible en común, en un marco de solidaridad y confianza mutua y desde el respeto al derecho internacional y al papel central y coordinador de las Naciones Unidas.

Quisiera subrayar que Rusia está dispuesta al trabajo en común y la cooperación basada en el respeto mutuo, a la unión de esfuerzos y la búsqueda colectiva de soluciones a todos los problemas pendientes, en interés de la paz, la estabilidad y la seguridad.

Gracias por su atención



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