Edmundo Aray: El periodismo cultural no ha muerto, pero hay que impulsarlo desde adentro

Para ser un buen periodista cultural no basta con ostentar un título universitario. Hace falta tener pasión —especialmente pasión—, tener un plan de lectura, indagar en el trabajo de escritores y poetas venezolanos que durante los 70, 80 y 90 ascendieron en el periodismo como plumas consagradas y, también, escribir historias por y para la gente, historias novedosas, “con gancho”, y llenas de mucha verdad.

Texto: AVN

“Los mejores periodistas son aquellos que son capaces de reflexionar, que no sienten miedo de ser críticos, que saben informar con sensibilidad sobre lo que escuchan y que escriben con pasión porque saben que la pasión se necesita para todo”, expresó el escritor y cineasta venezolano Edmundo Aray durante la ponencia que ofreció este lunes en el Teatro Bolívar, en Caracas, durante el primer día del Congreso de periodismo cultural.

La ponencia de Aray fue la última de una serie de intervenciones que contó con la participación de Freddy Ñáñez, escritor y presidente de Fundarte, la institución que organiza el evento; Lorena Almarza, comunicadora y caricaturista con más de 10 años de experiencia en el periodismo y la creación cultural; y Alberto Rodríguez Carucci, escritor, ensayista y profesor universitario, y quien durante todo su ponencia hizo especial énfasis en la necesidad de crear un archivo de periodismo cultural en Venezuela, que sirva de motivación para las nuevas plumas y que se convierta en referencia para procesos investigativos.

Durante casi una hora de ponencia, un Edmundo muy natural y risueño con el público manifestó con entereza gran parte de sus inquietudes sobre el tratamiento del género, sobre todo: la forma tan abrupta como las páginas culturales cada vez son menos en los medios impresos, y cómo la escritura de un evento cultural se resume a informar sobre qué sucedió, cuándo y por qué, pero nunca reflexiona sobre el mensaje de fondo que en este se transmite.

“¿Me preguntan qué es un acontecimiento cultural?” —expresó el cineasta— “pero la verdad es que todo hecho, sea cual sea, es de tipo cultural porque la cultura es lo que nos define como sociedad. Un reportero que se considere periodista de esta fuente debe reconocer qué debe informar, por dónde debe comenzar un texto, cómo traducir al público la fuerza de un soneto, de una película, de una obra de arte, de un poema, y escribir para que sus letras perduren en el tiempo. ¿Qué se le puede pedir a un periodista cultural? Pues, que cumpla con todo eso”.

Entre las debilidades que el género viene arrastrando desde hace más de 30 años, está el no saber vender lo que hacemos en la cultura.

“Sí, hay que saber venderla”, —explicó el creador, quien además destaca por ser uno de los precursores de grandes revistas como Sardio, cuyos orígenes datan en 1955; y El techo de la ballena, de las más famosas y creada 10 años después de Sardio—. “Pareciera que cuando los periodistas culturales escriben no saben vender lo que hacen, no saben crear notas atractivas que enamoren al lector y que muestren todo lo que sentimos como creadores. Hay que pensar. Hay que leer, leer y leer y después escribir, más y más”.

Su participación en el Congreso de periodismo cultural, evento que este año arriba a su tercera edición con un aforo superior a las 1.000 personas inscritas, aspiró también a transmitir a los periodistas el gran reto que tienen de hacer crecer su pluma a un ritmo tan vertiginoso como lo es el crecimiento de la tecnología.

“Hay que crear otras formas de reproducir contenido cultural no solo para los medios sino para todos los espacios”. Asímismo, hay que generar nuevos contenidos para la televisión, para las redes sociales, y adaptarnos a nuevas plataformas. El periodismo cultural no ha muerto, no. Pero sí hay que impulsarlo desde adentro”, dijo, provocando el aplauso efusivo de los asistentes.

El congreso celebrará este martes su segundo día de actividades con un foro dedicado a la crónica. José Roberto Duque, periodista y escritor; conducirá el evento que inicia a las 8:00 de la mañana, con entrada libre y también en el Teatro Bolívar.

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