La Red de Intelectuales en defensa de la humanidad expresó su apoyo a la Revolución Bolivariana

La Red de Intelectuales, artistas y movimientos sociales en defensa de la humanidad expresaron su apoyo a la Revolución Bolivariana y rechazaron la actitud injerencista de un grupo de pensadores que, a través de un comunicado, tergiversan en torno a la situación en Venezuela. Expresan que la solicitud de intervención constituye toda una declaración de principios de su posición respecto a la coyuntura bolivariana, elaborando diagnósticos, atribuyendo responsabilidades y prescribiendo una salida a la crisis que tiene lugar en el país.

Texto:Red de Intelectuales y movimientos sociales

Especifican en el documento que “bajo la implícita formula del ‘yo acuso’ y unas horas antes de la reunión de la OEA en la que se discutiría nuevamente la intervención en Venezuela, más de una centena de intelectuales y académicos latinoamericanos, europeos y norteamericanos firmaron recientemente una solicitada titulada Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela. Dicha solicitud constituye toda una declaración de principios de su posición respecto a la coyuntura bolivariana, elaborando diagnósticos, atribuyendo responsabilidades y prescribiendo una salida a la crisis que tiene lugar en el país caribeño”.

Expresan los intelectuales que “no ofenderemos la inteligencia ni la moral de los suscribientes (algunos verdaderas vacas sagradas del mundo académico crítico) poniendo en tela de juicio su compromiso político o sus competencias interpretativas. Asumiremos cada afirmación de la solicitada como lo que es, como una tesis errónea sobre el acontecer del proceso bolivariano de Venezuela.

Y como tal, la someteremos a análisis, dando cuenta de que también los acusadores pueden y deben ser acusados. También los intelectuales, además de pontificar desde las encumbradas alturas de las academias, deberán dar cuenta de sus aciertos y sus errores en este dramático impasse continental, que bien podrá significar la clausura conservadora de un ciclo político ascendente, o bien el remanso previo a una eventual segunda oleada progresista y de izquierda en la región. Una derrota de las clases populares latinoamericanas no dejará de salpicar a los intelectuales en su prescindencia orgánica, en su incapacidad pedagógica, o en sus desinteligencia a la hora de calibrar juicios certeros.

“El concepto de “guerra de cuarta generación” o de “guerra de baja intensidad” es mucho más que una hipérbole para señalar la intensidad de una coyuntura específica. Es, más bien, la descripción de toda una estrategia insurreccional del imperialismo norteamericano para roer la joya más dura de la corona: la porfía de una Revolución venezolana que, como ha hecho la cubana, viene a ofender nuevamente las aspiraciones virreinales de Estados Unidos respecto de su patio trasero. Más aún si consideramos la vital importancia económica y geopolítica de Venezuela para la reciente administración republicana de Donald Trump. Demostrada está la capacidad venezolana de religar a las experiencias progresistas y de izquierda y de tensionarlas hacia los límites de lo posible con una audaz política de integración latinoamericana, así como su control soberano sobre importantes recursos estratégicos tan caros a los proyectos de desarrollo de los países centrales como el petróleo o la biodiversidad. Solo Venezuela, partera de este nuevo ciclo histórico, puede, con su caída, sellar su clausura irremediable.

Así lo ha entendido Estados Unidos, mas no así pareciera, algunos de nuestros más prestigiados académicos.

Venezuela parece encontrarse en el preciso y doloroso tránsito entre dos de las etapas analizadas por Antonio Gramsci en sus análisis de situación y correlaciones de fuerza (es decir, en el análisis del grado de organización, autoconciencia y homogeneidad alcanzados por grupos sociales antagónicos). Hace tiempo que Venezuela se desplazó eficazmente de un momento meramente económico-corporativo hacia un momento político, con la formación de una identidad popular común al conjunto de las clases populares (el chavismo) y con su confrontación global con las clases dominantes.

El fallido golpe de estado de 2002, el desbaratado paro petrolero, y la asunción de un socialismo para el siglo XXI señalan este derrotero. Ahora bien, este momento político sostenido hasta el 2013, y su consiguiente empate hegemónico entre bloques sociales, comenzó a desmoronarse con la muerte de Hugo Chávez Frías y se consumó con el cierre del cerco internacional tras la derrota electoral del kirchnerismo en Argentina y con el golpe institucional a Dilma Rousseff en Brasil.

El tercer momento analizado por Antonio Gramsci, el inevitable momento político-militar al que nos estamos precipitando, fue, paradójicamente, alcanzado no solo por la radicalización endógena del chavismo, como por la reacción envalentonada de una derecha local y trasnacional dispuesta al más descarnado de los revanchismos.

Ahora bien, analizar este momento político-militar en ciernes implica considerar que las guarimbas de la oposición, el asesinato de referentes chavistas en el campo y en la ciudad, la infiltración incesante de paramilitares colombianos, la formación de milicias bolivarianas, el fortalecimiento de la unión cívico-militar y el patrullaje militar de las costas venezolanas por las potencias emergentes son mucho más que testimonio de la desbordada pasión caribeña.

Son, en cambio, síntomas de toda una etapa que amerita categorías de análisis específicas, para entender la radicalización militarista del imperialismo norteamericano en su largo pero irrefrenable declive global. En nuestra opinión, ignorar la dimensión de este proceso lleva a análisis superficiales que intuyen derivas autoritarias, presuntos autogolpes, o militarizaciones ociosas de la clase política de los gobiernos latinoamericanos. Siempre bajo la óptica de intelectuales propensos a describir “déficit” de democracia por estas latitudes, siempre con la vara de concepciones eurocéntricas y pretendidamente universales sobre lo que ha de ser lo democrático”.

Suscriben el documento en apoyo al proceso bolivariano los intelectuales Rainer Schlittgen, profesor emérito de la Universidad de Hamburgo; Michael Ramminger, Institut für Theologie und Politik, Münster, Andrej Palacko. Reportero fotográfico – Periodista Independiente, Ricarda Schlittgen, Berlin, Adolfo Pérez Esquibel y Verónica Grondona, entre otros.

 

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