Venezolanos Juan Calzadilla y Alexander Torres disertaron en la Feria del Libro de La Habana

Juan Calzadilla

La tarde soleada y fresca del lunes 13 de febrero dio la bienvenida a dos escritores venezolanos en la XXVI edición de la Feria Internacional del Libro de Cuba, FIL 2017, con sede en la fortaleza de San Carlos de la Cabaña.

Texto y fotos: Prensa Embajada de Venezuela en Cuba

Como venido a tono en este contexto, Juan Calzadilla, se parapetó tras su larga vida para rendir homenaje a sus amigos escritores y grafistas cubanos que conoció en los ya numerosos viajes hechos a la Isla. Casi ninguno de ellos vive y Calzadilla prácticamente se avergonzó por su supervivencia. “Yo soy muy viejo”, advirtió, escondiendo el orgullo de presentar su literatura precisamente en la colonial capilla que lleva el nombre de uno de aquellos colegas: José Lezama Lima.

En 1960, Calzadilla se empeñó en realizar su primera visita a La Habana, emocionado, como muchos intelectuales de su época, con la rebelión triunfante y el hombre nuevo, revolucionario, que estaba formándose en el archipiélago.

Desde entonces y en otros dos viajes, conoció la vanguardia periodística, literaria y plástica cubana que de alguna manera influyó en él y en grupo artístico que cofundó, en 1961, en Venezuela: El techo de la ballena. Esta iniciativa impulsó visiones vanguardistas, enfocadas en el surrealismo, con una militancia activa y contestataria.

Su espíritu innovador lo han convertido en uno de los más grandes intelectuales de su país, destacado como poeta, pintor (“Soy un dibujante gráfico y un preformista”, precisa) y crítico de arte, actividades que lo hicieron ganador del Premio Nacional de Cultura de Venezuela 1996 Mención Artes plásticas.

Venido nuevamente a La Habana, invitado por el Ministerio para la Cultura bolivariano, la FIL le reservó un espacio para la presentación de su libro Golpes de pala, una edición cuidada por la Editorial el perro y la rana.

Mas Calzadilla nuevamente discrepó y prefirió dar a conocer el hombre, dando por sentado que ningún autor es más grande que su obra, pero nadie sabe el esfuerzo que exige conseguirla. Así, dio una panorámica de sus herméticos poemarios, como mismo valoraciones sobre las fronteras casi inexistentes hoy entre la poesía y la prosa. Y aunque negó el valor de la lectura de versos que fueron escritos para ojearse, se rindió ante la tentación y declamó unos cuantos, seleccionados de Golpes de pala y de otros cuadernos.

“La poesía es un lenguaje que se hace abstracción, a favor de la forma de las palabras”, resumió con voz cansina ante un público que, conmovido, le aplaudió.

Miranda, el perfecto desconocido

La cultura y la democratización del libro es la columna vertebral de la Revolución Bolivariana, afirmó el investigador, docente universitario y doctor en Cultura Latinoamericana, Alexander Torres, en la sala José Antonio Portuondo de la Fortaleza convertida desde el jueves pasado en la mayor librería de la Isla.

Alexander Torres

A ese principio se aferró Torres para avivar en La Habana el conocimiento sobre el Generalísimo Francisco de Miranda, el criollo más universal y, a la vez, “el perfecto latinoamericano desconocido” entre los propios venezolanos, quienes tienen al prócer como el precursor de la independencia sin notar que el término le rebaja toda la acción emprendida por él para conseguirla.

Destacó su placer al presentar en Cuba varios libros sobre “el gran trotamundos, el peripatético”, “el pensador ilustrado, avanzado para su época”, “el hombre-circunstancia”, quien visitó más de 200 ciudades y participó en las más importantes revoluciones acontecidas en su ciclo de vida. “Miranda fue un incansable buscador, un revolucionario en el sentido amplio de la palabra”, dijo.

Torres destacó que en la isla se dimensiona el verdadero valor del Generalísimo: en su estatua, junto a la bahía habanera, el prócer desenfunda su espada en actitud de combate, en contraste con el imaginario popular que dejó la pintura de Arturo Michelena: derrotado, tendido en un catre en la Carraca.

“Hablar de Miranda es un encuentro con la grandeza”, aseveró Torres visiblemente comprometido con su objeto de estudio.

Así, abrió las puertas al conocimiento del perfecto desconocido y para ello invitó a leer los textos, presentes en la Feria, del ensayista mayor de Venezuela, Mariano Picón-Salas (Miranda, escrito en 1946 y presentado ahora por Monte Ávila Editores); el Diario de viaje a Grecia y Turquía (Biblioteca Ayacucho) para conocer por sus relatos al héroe; y otros libros escritos por Carmen Bohorque y la recopilación de artículos de Alfonso Rumazo González.

“Un pueblo que no sabe su historia no es un problema en sí mismo; vive con el otro, que se aprovecha de su desconocimiento y lo manipula”, sentenció el profesor del Instituto Pedagógico de Caracas (IPC) de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (Upel) y del Colegio Universitario Francisco de Miranda, así como investigador del Centro de Investigaciones Históricas Mario Briceño Iragorry.

 

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