“¡Todos con flores rojas y puño en alto!”

Aunque en los papeles que les entregaron a Carmen Adela Rossell y Rafael Primera al nacer su sexto hijo está escrito Ely Rafael, su nombre es Alí Rafael Primera, “porque así me pusieron mis padres”, aclaraba tajante el Cantor del Pueblo cuando alguien lo interrogaba. Nació el 31 de octubre de 1941. Su padre era policía en la cárcel de Coro y su madre una mujer campesina, cariñosa y luchadora que le tocó cuidar sola a más de cinco hijos cuando su esposo Rafael, el viejo querendón de Alí, muere en un tiroteo que se generó durante la fuga de varios prisioneros en 1945.

Semanario TodasAdentro (Stivalis Monsalve Méndez)
Foto: Bernardo Padilla / Ilustración: Xulio Formoso

Vivían en condiciones de miseria. Tuvieron que mudarse por varios pueblos de la península de Paraguaná asentándose finalmente en el barrio La Vela, hoy llamado Alí Primera. En ese peregrinar Carmen Adela le enseñó, desde el amor y el cariño, la humildad, la solidaridad, a nunca rendirse pese a la situación y a ser consecuente con la palabra y la acción.

Se desempeñó como limpiabotas a los seis años de edad, limpió cocinas y regó jardines para ayudar a su madre. A los 14 años boxea en el bar “Pico y Palma” y también recibe como regalo un Cuatro, que le permitió tocar muchas canciones de amor a las mujeres durante su adolescencia y adultez. “¡Tuve, muchas, muchas mujeres!”, contó Alí. Como estudiante de química en la Universidad Central de Venezuela (UCV), este instrumento de cuatro cuerdas lo siguió acompañando a levantar su voz contra la dictadura de Pérez Jiménez en Tierra de Nadie, en el Aula Magna y en distintos espacios de su casa de estudios. No basta rezar, presentada en el Festival de la Canción de Protesta del 67, organizado por la Universidad de Los Andes (ULA), lo proyectó a la fama.

Aunque era un autodidacta que aprendió música de ver a su padre tocando el Cuatro y cantando salves en la celebración de la Cruz de Mayo, desarrolló un canto potente que se convirtió en el arma de lucha que le permitió responder a su compromiso con la libertad. “Yo llevo algo en las venas, en la cabeza, yo voy a luchar por mi pueblo pobre”, le escribió a Carmen Adela en una carta después de que decidió irse a estudiar Tecnología del Petróleo en Rumania, becado por el Partido Comunista de Venezuela (PCV), huyendo de las persecuciones de la dictadura.

“Rebeldes, agitadoras y militantes”

“¡Qué arrecho es ser latinoamericano en Europa! ¡Cómo añoré las caraotas y el olor a cafecito de mi Paraguaná querida!”, decía Alí en el 69 cuando tuvo que lavar platos con tal de no vender su canto. Allá participó en distintos festivales y recitales estudiantiles en países como Rumania, Italia y Suecia. Y finalmente, grabó su primer disco, Gente de mi tierra, inspirado en la desigualdad social y el padecimiento que el pueblo venezolano vivía desde el 23 de enero de 1958. También en Europa, se convirtió en padre por primera vez: María Fernanda “Chimpi” en 1973, y un año más tarde, de María Ángela “Marimba”. Ellas lo inspiraron a escribir Los pies de mi niña y La piel de mi niña huele a caramelo.

Muy a pesar de su amor de padre y a punto de graduarse, abandona los estudios y decide regresar a Venezuela porque no quiere someterse a la explotación de las compañías petroleras. Sin embargo, su estadía en aquél continente le permitió pasar por varios países del bloque socialista y tejer redes con personajes de distintos partidos de izquierda que fueron fundamentales para su crecimiento artístico y la producción de varios de sus discos impregnados de canciones diferentes, panfletarias, contestatarias, rebeldes, agitadoras y militantes. “En los 70 salió el grueso de mi producción discográfica”, contó Alí en varias entrevistas.

Guerra Larga, De una vez, Lo primero de Alí Primera, Adiós en dolor mayor y Canción
para los valientes, son algunos de los discos que grabó en esta década. A partir de 1975 produce desde Cigarrón, su propio sello, discos como La Patria es el hombre, Canción mansa para un pueblo bravo y Cuándo nombro la poesía.

“La barba que me hacía cosquillas”

La noche del 10 de marzo de 1977 conoció a Sol Mussett quien se convertiría en su fiel compañera y madre de sus cuatro hijos: Sandino, Servando, Florentino y Juan Simón. Esa noche- relata Musset- después de cantar varias canciones Alí se acercó a mi hermano para que nos presentara. Le había gustado mucho cómo canté y quería impulsar un disco mío. “Sus ojos, su mirada que me pareció sincera, intensa, noble, fue lo que más me llamó la atención de él”.

Ilustración: Xulio Formoso

Desde entonces, iniciaron un romance bajo la mirada constante de su padre que no lo quería por ser un cantante comunista, pero poco a poco, comenzó a quererlo. “Mi madre estaba casi paralítica por su artritis deformante… Alí la peinaba, la besaba, le cantaba, le acariciaba sus manos. Su amor y bondad hicieron cambiar a mi papá”, explica Musset en una entrevista.

El 17 de junio se casaron por civil y siete días después se casaron por la Iglesia. Después de casados Alí no la dejaba sola, “era muy celoso”, asegura. “Tenía un afán de protección, como si temiera perder por un segundo el control de su mundo íntimo”.

También era un padre profundamente amoroso. “Nos tenía mucha paciencia”, expresa Sandino o “Shamango”, como le decía su padre, porque según Alí tenía la sabiduría de un chamán y la dulzura de un mango. “Recuerdo la carretera, los viajes hacia Paraguaná o Acarigua siempre escuchando música. También la barba que me hacía cosquillas, él regañando a mi mamá si nos regañaba a nosotros”, agrega.

“Nadie quería despegarse de Alí”

A partir de los 80 Alí estaba en todos lados. Recorrió toda Venezuela con su canción bolivariana. Aunque lo vetaron de los medios de comunicación decidió hablar con su pueblo, cara a cara, en los conciertos a través de su guataca. “Yo no podía hacerme el ciego ante esta realidad y decidí combatirla con mi canto”, dice Alí. La asistencia a sus presentaciones era masiva y su actividad política en el Movimiento Al Socialismo (MAS) era activa. Más tarde se lanzó como aspirante a diputado al Congreso Nacional con tres puntos claves de combate: ecología, cultura popular y Derechos Humanos.

Alí tenía la sabiduría de un chamán y la dulzura de un mango, expresa Sandino

Con tanto por hacer, tanto por cantar, tanto por luchar la madrugada del viernes 16 de febrero de 1985 el Cantor del Pueblo tuvo un accidente automovilístico de regreso a casa, en la autopista Valle Coche, que lo mató casi de inmediato. “Era una fría madrugada… Estábamos pendientes que llegara papá porque nos íbamos de carnaval a Paraguaná. De repente un alboroto. Tocaban la puerta, alguien entró, dijo algo. Mi mamá se convirtió en polvo sobre la mecedora”, recuerda Sandino.

De ahí en adelante el pueblo hizo un solo llanto. Lo velaron en la plaza cubierta del rectorado y en el Aula Magna de la UCV, para luego partir hacia su Paraguaná amada en la camioneta ranchera de su primo Ramiro Primera. Relata su hijo mayor que rodaron en caravana hacia allá. Por cada pueblo que pasábamos la gente salía a despedirlo. “Llegamos el 18, lo velan en la casa de Mamá Abuela por largo rato –nadie quería despegarse de Alí- pero los viejos nos dicen que ya es hora de sembrarlo”.

Luego -continúa- con la urna montada sobre los hombros del pueblo, caminamos entre siete u ocho kilómetros, hasta el Cementerio de Santa Elena y haciéndole caso a lo que nos dijo en su canción Camarada: Pido que mis camaradas/ Me despidan con canciones/ Flores rojas, puño en alto/ Y me prometan seguir/ Luchando por la alborada (…), ¡marchamos todos con flores rojas y puño en alto! “Esto demuestra que su voz sí fue escuchada”, afirma.

Desde entonces, esta Marcha de los Claveles Rojos se realiza año tras año, convirtiéndose en la concentración más grande y espontánea que ha sucedido en la historia del pueblo venezolano. Este febrero de 2017 Alí Primera, el político revolucionario que cantaba, sigue presente. Su canto es movimiento que estimula conciencias.

 

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