“¡Qué bala tan casual!”: Luis Britto García da detalles sobre su guión para Zamora, tierra y hombres libres

Foto: Cortesía de Zamora, tierra y hombres libres

El reconocido escritor pone en duda el accidente que le quitó la vida al líder de la Guerra Federal, Ezequiel Zamora. Considera que el proyecto de Chávez es continuidad de los proyectos de Bolívar, Chávez y la izquierda de los 60. –Algunas de sus críticas, hechas a modo personal “para que no culpen a nadie”, han logrado el objetivo. Otras siguen pendiente, como “limpiar la casa por dentro”

Texto: TodasAdentro (Mayrin Moreno Macías)

Descubrió que con su cámara puede dibujar. Tiene miles y miles de dibujos. Lo he visto haciéndolos como ponente y como público. De cierta manera, la máquina digital le simplificó esa tarea. No tiene que esforzarse tanto, pero Luis Britto García sabe que de 100 tiros que hace, una o dos fotos son interesantes.

Insistí en verlo para conversar. Disco inferno, de The Trampps, enfiló su sonido entre las matas de lechosa y las enredaderas que envuelven el paso entre una puerta azul, apta para personas de una estatura de hasta 1.60 mts, y la entrada de la casa. Al entrar, el silencio fue derrotado por la música disco en mi cabeza. En su aposento, las sillas revisten los lomos con sus típicas chaquetas de cuero, vinotintas, negras, azules y los libros y sombreros se hacen cavernas.

El rasgueo de su voz me hace recordar la recta de Paraguaná. Sentada en un jeep de lona como copiloto que olvida sus funciones. Sientes calma, se te olvidan las preocupaciones y simplemente te dejas llevar. Claro, atenta a lo que diga. El motivo de la visita es que el pasado 10 de enero se cumplieron 157 años de la muerte de Ezequiel Zamora y Luis Britto García fue quien escribió el guión de la película que dirigió Román Chalbaud: Zamora, tierra y hombres libres.

-Hubo una controversia con el guión…

-Fue un acto delictivo. Alguien escondió el guión que había enviado e intentó meter uno que hizo o se proponía hacer, no de Zamora sino de la Batalla de Santa de Inés desde el punto de vista de los oligarcas.  Afortunadamente eso se desechó. Iba a ser un disparate. El discurso diría algo así: el monstruo allí ganó por chiripa, pero en realidad menos mal que después una bala justiciera acabó con él. Como decía Juan Vicente González, ¡bendita mil veces la bala que acabó con la vida de ese monstruo!

Finalmente la película se filmó con el guión de Britto. También se hizo una adaptación para TV, de ocho capítulos. Con eso no tuvo problemas porque lo había ordenado en módulos y lo que hizo fue extenderlos.

-Chalbaud elogió el guión, ¿Ud. hizo lo mismo con la película?

-Claro. Hay momentos plásticos extraordinarios. El momento en que le van a cortar la cabeza al Indio Rangel. Esa escena, que es terrible por lo menos por el impulso del hombre dando el machetazo, se refleja en el ojo del caballo. En otra escena hay un curandero que acompañó algunas de las huestes de la Guerra Federal. En el momento en que uno de los personajes, el jefe de las 12 fieras, agarra y encuentra que le han matado a su familia, va a ejercer venganza contra los oligarcas y deciden consultarle a este personaje.

Era una especie de iluminado que hacía arengas y prédicas. Este es otro episodio de gran fuerza plástica. Román lo pone en una capillita muy pequeña con una luz extraordinaria y sale cabalgando. Uno de los prisioneros le dice “con el perdón de usted, muchos hemos hecho el mal, hemos sido forzados porque nos reclutaron, algunos de nosotros somos buenos, no es justo que nos maten a todos”.

Este personaje responde: “envíenselos a Dios que él sabrá distinguir los buenos de los malos”. Britto afirma que dejó el guión en manos de un director competente. No estuvo mirándolo sobre el hombro, diciéndole “pon esto” o “cambia ese encuadre”. Aunque maneje “bastante” el lenguaje cinematográfico y piense los guiones en imágenes porque también es dibujante, se abstuvo. A veces coloca PPP o travelling, pero trata de evitarlo.

De los aspectos interesantes de Zamora, cuenta que descendió de un prócer que peleó en la Batalla de Carabobo. Por eso usa el elemento de la espada del padre de Zamora, a la que hace jugar un papel importante en la película como objeto símbolo. Zamora se volvió un llanero porque empezó a hacer comercio de reses, caballos y ganado en Los Llanos. Britto se tomó la libertad de presentar al personaje en un encuentro casual con José Antonio Páez, otro llanero al que no le gustaba la vida de las ciudades. Hay un novillo que echa a correr, se le pega a un jinete atrás, entonces Zamora por instinto lo colea, lo tumba y lo amarra. Él se da cuenta después que a quien le ha ganado la parada es nada menos que a José Antonio Páez y éste le dice: “Bien hecho, me salió adelante”.

Páez, hombre de poder, resolvía de esta manera la relación con los llaneros, que eran confianzudos, en lugar de indignarse por aquello del irrespeto a la autoridad. Es que casi todo lo que dicen los personajes, Britto lo sacó de textos históricos y eso funciona dramáticamente. Se respeta la verdad histórica y se “le da una especie de eficacia dramática o eficacia cinematográfica”.

-¿Cuánto tiempo le tomó escribir el guión?

-Unos tres meses. Tenía tiempo investigando los documentos, memorias de la época, había consultado casi todas las fuentes, incluso datos muy perdidos. Fermín Toro, figura de nuestro panteón intelectual en la época del fusilamiento del Congreso, fue ante la embajada de EEUU, con una carta, a solicitar la intervención de este país a Venezuela. En la serie pongo que él le dice ese texto al embajador.

Revolucionario radical

Para Luis Britto García, narrador, ensayista, dramaturgo, dibujante, explorador submarino, autor de más de 60 títulos, como aparece en su blog luisbrittogarcia.blogspot.com, emprendedor de campañas a las que califico de admirables y también historiador casado con el pensamiento bolivariano, Zamora intentó completar la obra de Bolívar.

“Han dicho que Bolívar le dio la libertad a los esclavos para cumplir la promesa hecha a Petion. No. Desde el año 1813, él había empezado a libertarlos para que se sumaran a las filas de la independencia y comenzó por los de su propia hacienda. La ley entra por casa”, dice.

Añade que en una de sus cartas, Bolívar escribe que en Venezuela a nadie se hace reproche por el tono de su cutis. Él confiscó la riqueza de los realistas, la plata a las iglesias y además hizo decretos para la repartición de los bienes incautados entre los soldados de la independencia y cómo los principales bienes eran tierras. Eso implicó una especie de reforma agraria que fue manejada por la oligarquía.

Britto explica que hicieron unos bonos transferibles a los que Bolívar criticó y dijo “fácil es ver que esos bonos van a caer en manos de unos cuantos usureros que los van a comprar por debajo de su valor y los harán efectivos”, y así fue. Estafaron a los soldados independentistas y al evitar una reforma agraria, sembraron el germen de los alzamientos campesinos del 46 y también de la Guerra Federal. El motivo fue la injusta distribución de la tierra y el latifundio.

Bolívar era muy avanzado. Libertó a los esclavos, a los indígenas de la servidumbre, fue un reformador social, económico y cultural de primera línea, pero su obra la aniquilaron, destruyeron la Gran Colombia, la reforma agraria planteada por él, también las iniciativas educativas como las de nombrar a Simón Rodríguez director de la educación en Bolivia, de casualidad no destruyeron la independencia.

-¿Entonces Zamora es una prolongación del proyecto político de Bolívar?

-Aunque muchos han mostrado a Bolívar como un oligarca, Zamora es un continuador de su obra. Donde Zamora tomaba el mando, establecía que era ilegal el cobro de la renta de la tierra. Decía: la tierra es de todos, así como es el aire y como son las aguas.

Zamora murió trágicamente, poco después de la Batalla de Santa Inés, al hacer una inspección de las trincheras acompañado de Antonio Guzmán Blanco. Misteriosamente una bala acaba con su vida.

“¡Qué bala tan casual!”. En la película Luis Britto hace entrever la posibilidad de que haya sido un complot de Guzmán Blanco, porque Zamora era un ala radical del liberalismo, entonces al convertirse en el principal jefe militar de la República, los liberales quedarían en poder de Zamora, pero anulados éstos, serían libres para hacer una transacción con la oligarquía, que trajo como consecuencia el Tratado de Coche. Las dos oligarquías, la liberal y la conservadora, llegaron a términos para repartirse el poder. Eso llevó a una serie de presidencias posteriores hasta que llegó Cipriano Castro e hizo una revolución llamada Restauradora.

-Pareciera que con la muerte de Bolívar y de Zamora se desdibujaron sus proyectos. ¿Considera que el proyecto de Chávez ha tenido continuidad luego de su muerte?

-Sí, efectivamente ha habido continuidad del proyecto de Chávez. Es más, de otro proyecto, porque siempre hay precursores. En los años 60 del siglo pasado, la izquierda se lanza a una sublevación armada. ¿Por qué? AD perdió la mayoría en el Congreso y en esa época no se andaban con tonterías. ¿Qué hicieron para volver a tener la mayoría? Metieron presos a todos los  parlamentarios de izquierda. Entonces la izquierda dijo “se nos han cerrado los caminos democráticos, vamos a entrar a la guerrilla”. Prácticamente casi dos décadas y media de violencia en Venezuela. De ese proyecto de izquierda, que fue más una izquierda cultural, de cierta manera el bolivarianismo de este siglo realiza una parte importante de sus objetivos. Chávez dedica el ingreso petrolero a cancelar la deuda social acumulada, intenta también la integración latinoamericana.

Caía la tarde y yo le preguntaba quién era el verdadero enemigo en esta “guerra económica”: “El capitalismo mundial y el capitalismo venezolano. Fueron enemigos de Hugo Chávez aún antes de que llegara al poder por elecciones, lo fueron durante toda su presidencia. Lo hicieron prisionero en el golpe, lo difamaron en todas las formas posibles, actualmente son enemigos jurados de Maduro. Todas esas fuerzas están movidas por el gran capital internacional y nacional que en parte es subsidiaria de la otra. Si uno viene a ver desde nuestra Guerra de Independencia, la Federación, la lucha armada y social de los años 60, 70 y 80 del siglo pasado, todos fueron episodios de una lucha de clases. Carlos Marx dice que a veces se vuelve a encender, por un momento se debilita, pero siempre está presente en la historia”.

-¿Sus críticas han incidido en la toma de decisiones?

-No, ojalá, pudiera ser. Cuando el Partido Comunista se dividió y la facción en que yo me quedé se volvió socialdemócrata, me dije que tengo una gran capacidad para equivocarme solo, no necesito equivocarme en grupo. Al día siguiente de la rebelión militar del 92, mi primer artículo se llamó “¡Dios mío, qué solas se quedan las calles!”, para señalar que el pueblo no había salido a defender al populismo adeco y desde entonces he tenido una actitud de apoyo personal a Hugo Chávez y después al proyecto bolivariano sin estar inscrito en ninguno de los partidos y sin estar en un cargo público. Chávez me hizo un honor al nombrarme miembro del Consejo de Estado, pero fue una designación Honoris Causa.

Llanuras admirables

Este hombre de diminutos ojos ha ejercido la democracia participativa y protagónica. Emprendió una campaña contra el sometimiento de Venezuela al CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones) y logró que el país saliera de esa instancia. También alertó sobre la necesidad de rechazar la Carta Interamericana de DDHH. La decisión fue engavetada en la Cancillería, lo descubrió e hizo un artículo: “La gaveta
voraz”. Al día siguiente salió la notificación para la OEA.

Recuerda una ley que intentaba privatizar ríos, lagos y lagunas y llevar la descentralización del país a un nivel extremo. Hizo su trabajo. En un encuentro literario, donde se hallaban Galeano y el padrecito Cardenal, se lo planteó a Chávez. El Presidente ni siquiera estaba al tanto e inmediatamente la ley fue vetada. Otras campañas no han logrado su objetivo. Hoy, junto a Fermín Toro Jiménez, ha emprendido la tarea para que se deroguen los tratados contra la doble tributación.

Foto: M.M.M.

“Cualquiera paga impuestos, pero las trasnacionales, no. ¡Qué maravilla!, ¡qué bonito”. La sentencia del TSJ frente a campaña es que Luis y su amigo no tienen calidad ni interés para intentar esa demanda. “El que persevera, vence”, dice. Esos tratados le cuestan al país un ingreso de aproximadamente 17 mil 500 millones de dólares por año. También propone que el Estado asuma directamente la distribución e importación de los bienes básicos, porque otorgarle millones de dólares preferenciales al empresariado privado no ha funcionado.

Insiste en no repetir la fórmula de los medios de la derecha. Asegura que nuestros medios se ocupan obsesivamente de figuras muy mediocres de la oposición y las convierten en héroes. “Ramos Allup era una persona enteramente olvidada y la campaña nuestra lo llevó a presidente de la Asamblea Nacional. Eduardo Galeano, en una de sus conversaciones me dijo: A Yoani Sánchez (la bloguera cubana de derecha) la fabricaron los compañeros cubanos. Estoy seguro que ni tú ni yo ni nadie ha leído directamente el blog o algún artículo de ella, ni sabíamos de su existencia. A los compañeros cubanos les bastaba con no mencionarla”.

Sostiene que llenan los programas con cintillos, interrupciones, imágenes de inserción que distraen y que cada vez que hay un comunicador bueno, al poco tiempo desaparece. “A mí no me desaparecen porque no estoy en ningún medio público”.

Sobre la campaña por las empresas de maletín, se hace eco de la cifra que da el presidente Maduro. Algo así como 60 mil millones de dólares habrían sido concedidos a empresas de maletín o que hicieron importaciones fantasmas.

Luis Britto se pregunta cómo dan esas magnitudes a empresas que no tienen historial, que no dan garantías de cumplimiento. “Tú le haces un murito a la administración pública, tienes que presentar una garantía por si no lo cumple. ¡Ah, sí! Van a dar 60 mil millones de dólares y después me dices quién eres. Eso es muy extraño. En ese sentido, habría que limpiar la casa por dentro”.

La utopía

Dice el escritor Luis Britto García que la literatura es un juego y ese es el objetivo en última instancia de la vida humana. “Estamos sometidos a una gran cantidad de esclavitudes del trabajo alienante. El ser humano está hecho para el trabajo creativo y éste es un juego. Picasso jugaba. Einstein, Stephen Hawkins, también. Estaban jugando con un modelo, un gran juguete que es el universo para intentar entender su funcionamiento. Oscar Wilde, que se oculta que era socialista y se le presenta como un dandy frívolo, tiene un libro: El alma del hombre bajo el socialismo. Él dice que la tarea del socialismo es hacer con las máquinas todos los trabajos repetitivos, aburridos y duros para dejar libre al hombre para su verdadera vocación que es el juego, la creación y el amor. Ya pasamos el siglo 20 y las máquinas amenazan con ocuparse de todas las tareas que no sean creativas. Eso sigue vigente. No se trata de crear desempleados, es liberar al hombre, todo eso es la utopía. Soy fanático de las utopías. Tengo un libro de narraciones sobre ella: La orgía imaginaria”.

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