Las cámaras de los teléfonos celulares: No es sólo cuestión de megapíxeles

¿Cuál dirías que es el componente de los teléfonos celulares donde más se ha innovado en los últimos años? Es habitual atribuirle este mérito a la cámara. Gracias al fenómeno que han supuesto las redes sociales, los fabricantes han priorizado este elemento sobre el resto. Pero, ¿cómo distinguimos la calidad de una buena cámara? ¿Cuándo sabemos que estamos ante algo superior y cuándo ante un simple reclamo copado de datos técnicos? Cualquiera tiene unas nociones básicas: cuanto más grande es el sensor, mejor. Pero en la fotografía digital no es tan fácil. Este artículo del portal GenBeta trae muchas respuestas a preguntas que todos nos hacemos.

Fuente: GenBeta

No hay comparación de teléfonos celulares que se precie sin su análisis de cámara. Donde hace unos años hablábamos sólo de pantalla, batería y procesador, hoy día se ha convertido en un chorreo de cifras sobre obturación, luminancia del flash, fabricante de la lente, etcétera.

En smartphones, la franja por debajo de los 200 dólares es la conocida gama baja. Teléfonos que compiten por otras categorías: batería, RAM, resolución de pantalla… nunca por lograr la mejor foto. Son los celulares que más suelen conseguirse en Venezuela, dadas las circunstancias actuales por la crisis económica.

Aún bajo el mismo precio, no todos los teléfonos ofrecen lo mismo: hay que saber buscar.

Flash y velocidad de disparo

Este es un elemento que no suele tenerse en cuenta. Los teléfonos montan cámaras compactas y, por tanto, un flash integrado. El problema es que siempre proyectan la luz hacia la misma dirección y siempre con la misma intensidad. En esto es clave controlar la velocidad de disparo y el rendimiento de este flash.

Que una cámara cuente con diferentes tipos de disparo (como ráfaga) es una garantía para aprovechar al máximo las funcionalidades del flash. Por otro lado tendríamos tecnologías como PDAF (Phase Detect Auto Focus). La detección de fase es un proceso mediante el cual se calcula la diferencia de fase en el plano de la imagen, para determinar la distancia entre nosotros, nuestra cámara, y el objeto a enfocar, de manera que el foco y el motor se mueven hacia esa posición.

Por otro lado estaría el popular disparo en formato RAW. ¿Para qué lo necesitamos? En la fotografía digital, cada vez que echamos una foto que después pasará a ser un archivo en JPG, ésta pasa por un montón de acciones que comprimen y limitan la calidad de la foto: balance de blancos, ajustes de enfoque, saturación y contraste. Una captura en RAW es una captura en “crudo”. Es decir: sin compresión sobre los píxeles.

El valor de la “ƒ”

La apertura ƒ es un valor que afecta a la distancia focal y a la cantidad de luz capaz de absorber. Ya sabes que una cámara se comporta igual que el ojo humano: como un túnel, la pupila se dilata para absorber más luz en ambientes más oscuros. Si nos gusta echar fotos nocturnas, este valor es determinante.

Este valor hace referencia a la “flexibilidad” del diafragma de la cámara. Un valor f2,2 es más grueso y, por tanto, capaz de absorber menos luz que un f1,8. Porque, simple y llanamente, deja menos espacio para que entre mayor cantidad de luz.

Y sobre la distancia focal: teóricamente, cuanto menor sea el valor, mejor, porque viene a decirnos que necesita menor distancia focal para enfocar. Si necesitamos alejar nuestro smartphone un mínimo de 30 milímetros para conseguir una foto mínimamente enfocada, mal asunto.

El angular

Si en fotografía el angular determina el ángulo de visión, cuanto mayor es su valor más grados es capaz de mostrar. Obviamente, es imposible mostrar más de los 180 grados que es capaz de ver el ojo humano —además, nosotros contamos con dos ojos, así que hacemos trampa—. Si una foto toma un ángulo mayor, la foto se deforma porque no es capaz de definir correctamente la distancia focal.

Pero cuidado: esto es genial para una panorámica digital, para mostrar una gran foto horizontal. No todos los móviles son capaces de un buen modo panorámico. No, al menos, mostrando el plano tan coherente como lo vemos nosotros.

No es cuestión de megapíxeles

Los megapíxeles no son un baremo de calidad en ningún caso: a mayor cantidad, mayor tamaño de imagen. Es decir, será más grande, por mera resolución, y pesará más, pero aún hay otros factores a tener en cuenta.

En primer lugar, el estabilizador, que depende del software del terminal. El estabilizador opera con la luz: a mayor cantidad de luz en escena, más estable será. Y claro, aquí entra en juego el tamaño de los propios píxeles: cuanto mayor sea, más luz será capaz de captar a través de sus fotodiodos. Esto aporta mayor sensibilidad. ¿Has visto todas esas fotos granuladas en un atardecer? Son un medidor perfecto para determinar la calidad del sensor.

Algunos celulares ofrecen la posibilidad de controlar cada parámetro de manera manual —tiempo de exposición, enfoque e ISO—. Esto permite que una persona con algunos conocimientos de fotografía y un poco de experimentación pueda sacar verdadero petróleo de su cámara.

Cámara frontal

La cámara frontal ha pasado de ser un simple añadido a un imprescindible. Pero no todas rinden igual. En una cámara frontal disponemos de mucho menos espacio. El obturador será más pequeño —con valores de apertura de ƒ/2.6 o similar— y la capacidad de absorber luz también se verá afectada, ya que no cuentan con flash.

Ya hemos marcado algunas directrices básicas: lo que podemos esperar del sensor, de la apertura (entre f/2.2 y f/2.0), la posibilidad de echar fotos en formato RAW, el tamaño de los píxeles o las diferentes tecnologías.

¿Y si subimos el listón otros cien dólares? Ya estaríamos al umbral de la gama media, ya podemos encontrar modelos con doble flash y mejores herramientas de control.

Control total

Tener un control manual de los parámetros de exposición, enfoque y sensibilidad puede ayudarnos a lograr, con el mismo hardware, fotos mucho mejores

En esta franja no es difícil encontrar mejores sensores, pero tampoco esperemos milagros. Como decíamos, si puedes controlar manualmente los parámetros de exposición, enfoque y el ISO (la sensibilidad), es que estás ante un terminal de calidad. La razón es sencilla: lo más cómodo es automatizarlo todo.

También existen aplicación específicas para mejorar el rango dinámico. Poder retocar y guardar cada configuración aporta un extra de control que redunda en la calidad final. Un consejo: sé prudente y empieza usando el valor ISO más bajo. La sensibilidad será mayor y lograrás cambios más sutiles, para compensar la luz según la escena.

Fotografía… y también vídeo

Con un terminal de unos 250 a 300 dólares podemos esperar vídeo en HD, a 60fps. Algunos permiten grabar vídeo a 4K UHD, lo que vendrían a ser cerca de 9 millones de píxeles de resolución o hasta hacer videos con 120 cuadros por segundo, lo que permite hacer videos en cámara lenta. Este es un buen “truco” para probar la calidad de una cámara, una forma de ponerla en un aprieto: si responde a la altura de las circunstancias no lo dudes, tienes una gran cámara en tu teléfono.

Como decíamos en la franja anterior, el estabilizador es esencial para tomar una buena foto.

Selfies

Decíamos que la cámara frontal no puede hacer magia: dispone de poco espacio y de pocos recursos para tomar una gran captura. Algunos cuentan con una función llamada “Face Beauty“, que detecta las caras y modifica la claridad —textura, color, suavidad de tono— para conseguir un efecto más uniforme. Una suerte de Photoshop al vuelo que elimina “impurezas” y artefactos de la captura.

Relación calidad-precio

Para terminar, nos queda un pequeño elemento que no hemos comentado. La verdad es que es sorprendente lo que podemos lograr con los dispositivos actuales. Y no sólo porque el precio de los sensores se haya reducido, que también, sino porque contamos con mayores conocimientos técnicos sobre el procesado de la imagen. Y, al entenderla mejor, podemos captarla con mayor eficacia.

No necesitas gastar grandes sumas de dinero en módulos flash externos, en una DSLR o en un trípode de altas prestaciones. Tus fotos serán mejores, desde luego, pero si eres un usuario que no se dedica profesionalmente a ello, te sorprendería de los bajos niveles de ruido y la calidad de exposición que logran los sensores modernos.

Si no te lo crees haz la prueba definitiva: montones de fotos, en diferentes ambientes y diferentes escenas. Al fin y al cabo la prueba más eficaz es esa: comparar entre el ojo humano y la cámara digital.

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