El neocolonialismo fue desmontado en foro realizado en Filven

img-20161110-wa0005La Oficina de Enlace con las Comunidades Indígenas del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, coordinada por la poeta indígena del Pueblo Kariña, Morela Maneiro, presentó en el marco de la XII Feria Internacional del Libro de Venezuela 2016 el conversatorio “Revolución Bolivariana y Relatos Históricos Neocoloniales”, con la presencia de la antropóloga Carlina Flores Liscano y del doctor en antropología Omar González Ñañez.

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Texto: Prensa MPPC

Flores Liscano desarrolló magistralmente su intervención explicando los antecedentes del neocolonialismo, describiendo la primera época de la penetración imperialista y la segunda del neocolonialismo.

La segunda época del neocolonialismo está comprendida desde la cuarta década del siglo XX hasta nuestros días.

Planteó que el neocolonialismo, como lo señalan Britto García y Negrete, es una etapa más sofisticada del imperialismo y tiene la propiedad de hacer de los países colonizados participantes activos en el mantenimiento de la relación de dependencia.

El neocolonialismo se caracteriza por la toma de decisiones ajenas sobre objetos culturales ajenos y se profundiza el rechazo hacia los objetos culturales propios. La toma de decisiones ajenas se asume como propia y se colabora con el agente cultural ajeno que las toma; además, los objetos culturales ajenos se anhelan como propios.

Manifestó que “antes del dominio del neocolonialismo, que empaña a Latinoamérica, tiñéndola de colores opacos, sin vida, arropadas con el traje de las medidas neoliberales. La Revolución Bolivariana es la bandera que iza nuestro pueblo y que dará alas para el levante de los países latinoamericanos otra vez. Nuestra Revolución Bolivariana, es sin duda alguna, una despedida a los ejecutores del neocolonialismo y una bienvenida al canto de la emancipación”.

Resistencia de los pueblos Maipure y Arawakos

El doctor en antropología, Omar González Ñáñez, esbozó un relato de resistencia indígena de los pueblos Maipure / Arawakos de la Orinoquía como ejemplo de resistencia y ruptura contra el colonialismo europeo.

Recordó algunos episodios olvidados de la historia propia indígena, que demuestran algunas estrategias de resistencia de estos pueblos de la Orinoquía durante la época del colonialismo europeo a finales del siglo XVIII, basados fundamentalmente en relatos de la tradición oral y la práctica religiosa y política de los pueblos Maipure-arawakos de esa región en su afán por oponerse a la asimilación del conquistador y/o del patrón criollo explotador (bien sean misioneros, caucheros, mineros, comerciantes en general).

Estas tradiciones milenarias continúan cumpliendo una función restituidora y actualizadora de la identidad etnocultural de esas sociedades indígenas. Uno de estos episodios refiere a la supervivencia entre los arekena del Guainía, de canciones rituales que continúan siendo usadas en sus rituales a pesar de las políticas misionales etnocidas practicadas en la Orinoquia por los jesuitas durante el siglo XVIII.

Ante este ataque etnocida, resulta casi inconcebible que con los continuos atropellos de los misioneros, soldados y colonos se pudiera mantener la estructura religiosa y cultural aborigen inalterada.

Los daños ideológicos son evidentes por ejemplo en el caso de una divinidad ara-hwaka conocida por, Kúwai. Pues bien, los misioneros le dieron a esta divinidad el nombre de “DIABLO” y así la llaman hasta nuestros días los propios indígenas.

Fue también costumbre que hasta hoy se conserva el que los indígenas tuvieran que realizar sus prácticas religiosas lejos de la reducción misional. Así evitaban el castigo de los misioneros a través de los fiscales y soldados que tenían bajo su cuidado estos menesteres con el respaldo del sermón del misionero quien no dejaba de humillarlos.

De manera parecida, en la actualidad los indígenas se retiran de los pueblos donde conviven con los criollos amazonenses, modernos inquisidores de toda manifestación cultural aborigen, dirigiéndose a sitios ocultos en los caños, donde les es posible dar libre cabida a sus rituales y epopeyas religiosas.

Estableció la comparación un hallazgo muy importante: una de las canciones rituales, llamada MARIE MARI-YE-YA recogida por él en 1970 y 1972, aparece registrada por el misionero italiano Filippo Salvatore Gillij como practicado por los indígenas MAIPURE, del Orinoco Central ¡en 1750! es decir hace 214 años.

Preciosa joya mitológica esta que obedece su duración más al hecho de ser sagrada en la memoria colectiva indígena misma que a la tradición oral profana.

El otro episodio importante ocurrido en la región del Río Negro de la amazonia venezolana y brasilera fue el movimiento milenarista o mesiánico del líder espiritual Kurripako-baniva del Guainía (aldea Tsinápi)) Venancio “Christo” Camico.

Este fue un movimiento de resistencia contra el régimen colonial brasileño en el Alto Rio Negro de Brasil durante el siglo XIX. El movimiento de Venancio fue un ritual histórico de transición a través del cual su gente luchó para reorientar las actividades sociales y económicas de acuerdo con las creencias y prácticas aborígenes.

A nivel individual, el movimiento de Venancio fue visto como un llamado a recapitular sobre la historia de las relaciones con los hombres blancos y también como una búsqueda ritual de purificación al no participar en los planes de desarrollo económico y control político de los hombres blancos; el movimiento de Venancio fue un llamado a decidir colectivamente la permanencia como grupo unificado para actuar en oposición a las fuerzas externas de la dominación colonial que amenazaba con la total extinción de las sociedades aborígenes de la región.

Planteó que aunque muchos de los elementos simbólicos y actividades que conformaron el movimiento mesiánico de Venancio Camico fueron tomados directamente del catolicismo, la estructura subyacente del movimiento se organizó alrededor de conceptos y prácticas rituales aborígenes.

En lugar de observar el milenarismo de Venancio como ejemplo de un sincretismo religioso, argumentó que del simbolismo católico Venancio y sus seguidores eleccionaron sólo algunos símbolos claves, actividades y contextos que tenían sentido en términos de las culturas arawakas regionales y de la experiencia histórica de los aborígenes durante los Siglos XVIII y XIX.

La actividad finalizó con una reflexión colectiva, donde intervino Kelly Pottellá directora general de Interculturalidad y Karol Guevara, directora de enlace con las comunidades afrodescendientes, donde se concluyó que la selección de símbolos y actividades católicas hechas por Venancio no fue tanto un redescubrimiento de las ideologías mesiánicas autóctonas, impulsado por la introducción del simbolismo cristiano, sino que fue más un descubrimiento de que ese simbolismo cristiano de los colonizadores podía ser usado estratégicamente para protestar ritualmente contra los efectos profundamente alienantes de la dominación colonial.

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