Habla la Cota 905

15 julio, 2016

Cota4La Cota 905 se pronuncia con pinceladas propias como protagonistas y testigos de la ciudad que los concibe a diario. Magistrales inventadores de la complejidad que los bordea y los encara. Aquí los sueños se resisten al estigma en la mirada de los niños que significan el espacio transformándolo. Aquí la gente se reencuentra en la intimidad de los rostros, en los tejidos de una historia compartida, esa que reclama el derecho a habitar el territorio que los contiene para cambiar las formas en que fueron pensados.

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Texto y fotos: Prensa El Perro y La Rana

El proyecto que se viene desarrollando en la Cota 905 desde enero para la construcción de una escuela, un polideportivo y un espacio público, partió de la cooperación de quienes creen y apuestan por el derecho a vivir en un espacio para todos y en especial para los niños, cuyo eje esencial es el ejercicio de la participación comunitaria impulsada por el colectivo Taller de Arquitectura y Urbanismo (TAU), de la mano de la Gran Misión Barrio Nuevo Barrio Tricolor, por medio de la Alcaldía del Municipio Libertador y en articulación con el sector Guzmán Blanco.

Además, la Fundación Editorial El perro y la rana promovió el taller literario “La escuela que soñamos” como parte del proceso de diseño participativo, que se consolidó con la publicación impresa de un volumen que recopila los testimonios de las niñas y niños de la Unidad Educativa Guzmán Blanco.

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Sobre la importancia de este proyecto, conversaron con nosotros Camila Estigarribia, del Taller de Arquitectura y Urbanismo, junto a Yasmely Pacheco y Aracelys Delgado, de la Cota 905.

Entrevista a Camila Estigarribia, del Taller de Arquitectura y Urbanismo (TAU)

―¿Cuál es el concepto clave del proyecto? ¿Surgió de una idea, del territorio, de la comunidad?

El proyecto empieza desde el año pasado cuando a la comunidad se le entrega un material, unos planos de unos edificios, y les dicen “esto es lo que se va a construir en el terreno”. La comunidad dice que no quería esos edificios planos, que eso que les proponían no tenía nada que ver con lo que ellos aspiraban y decidieron entonces hacer otra cosa.

Allí es cuando el Taller de Arquitectura y Urbanismo, donde participo, se propone a hacer un proyecto de diseño participativo con la comunidad, que lleva más tiempo porque los planos no estaban construidos, pero era más rico porque era ver a la gente de la comunidad participando en el diseño de su propio espacio.

Se inicia desde enero hasta ahora una serie de talleres con docentes, estudiantes, los niños de la escuela, las chamas del kikimbol, los consejos comunales, los chamos del básket, todas las organizaciones que estaban haciendo vida acá, y se llega a un proceso de cierre hoy con la maqueta, que recoge un poco las inquietudes, las necesidades y los intereses de la comunidad.

―¿Qué representa la maqueta?

La maqueta es como un juego de legos en donde la gente puede venir, participar, meter la mano, decir dónde quiere que esté la escuela, el polideportivo. Es un trabajo muy importante sobre lo local y lo territorial donde la gente pudo reconocer su casa, su hogar, porque creemos que es un punto de anclaje fuerte la posibilidad de hacer una maqueta que sea identificable para ellos.

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No es un plano que solo los arquitectos saben leer sino una maqueta intervenida por todos, está conformada como piezas de lego en base a los modelos que serán el polideportivo, con una cancha multifuncional, una piscina, un módulo para la escuela, donde el espacio se triplica porque lo que ahora existe es un espacio muy reducido, anexos como una biblioteca, y toda la reformulación de un bulevar desde donde la gente pueda acceder al espacio.

―Llevar a cabo un proyecto de diseño participativo en un sector que ha sido estigmatizado tanto, implica cierto grado de acercamiento con los participantes. ¿Cómo ha sido compartir con la gente de la Cota 905?

Por un lado hay un estigma muy fuerte que los medios se dedicaron a construir sobre la Cota. Sí, hay muchas carencias como en otros barrios, pero también pasa que la gente se organiza, trabaja. Hay intención de limpiar esa mirada diabólica de la Cota, y es en este momento donde va a comenzar a construirse desde cero. Esto es un ejercicio político, no es un ejercicio de arquitectura, es un ejercicio político de participación ciudadana.

―¿Qué valor significativo tiene la autogestión como práctica de la comunidad para recuperar sus espacios en un sector como este?

El valor está en hacer un diseño participativo que realmente fuera participativo, un diseño con la gente, tener nosotros la técnica, darla al otro y que se pueda generar realmente un espacio más democrático donde la gente participe decidiendo, poder pensar una construcción autogestionaria real, porque si no sigue siendo un Estado benefactor y la idea es que hay que construir otras cosas, que sea la gente quienes construyan y defiendan su territorio.

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Darnos cuenta de que hacen falta más recursos para la fase de construcción hizo que la gente pensara “bueno tenemos que buscar de dónde sacar dinero, buscar financiamientos, autogestión, ponernos a construir nosotros”. Es ese el momento en el que estamos, los recursos no alcanzan y se vuelve todo más complicado; pero por otro lado se ve el empoderamiento real, es un proceso diferente al del Estado donde no estamos en el derroche del dinero, sino que hay que ir a conseguir los recursos.
Para mí el territorio es clave, que desde el primer día la gente nos haya dicho que no quería un proyecto ajeno a ellos, es clave para que se empoderen del territorio, o sea hay una real apropiación de la gente de la Cota y un nivel de autogestión que pudiera parecer improvisado, pero hay un nivel organizativo muy fuerte, hay algo, hay gente activa, y es el punto clave.
¿Por qué hacer un libro sobre esta experiencia?

Es importante que la comunidad se muestre, que hable. Yo creo que esto esto se va a lograr, que no va a ser utópico, confío en que la gente está comprometida con esto, por ejemplo la articulación con El Perro y la Rana para que ellos tengan un libro que mostrar, que registre la experiencia del diseño participativo, que puedan tener materiales con que socializar el trabajo es importante. Por eso su insistencia, la maqueta está linda pero ¿cuándo estará lista la obra?, y la respuesta es “cuando ustedes decidan gestionarlo”, parece que es un impulso tan genuino, tan de ellos, que lo van a hacer, aunque los motivemos o no, lo van a hacer porque es la motivación de ellos.

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Yasmely Pacheco, niña de la comunidad de la Cota 905

―¿Qué se siente ser partícipe y protagonista del diseño de tu propia escuela/polideportivo?

Yo me siento muy contenta porque es muy importante que nosotros hagamos nuestra propia escuela, porque si otra gente lo hace a su manera después a los niños puede que no les guste, pero si la empezamos a hacer nosotros mismos queda a la manera de nosotros, a nuestro gusto. Tenemos que esforzarnos en lo que queremos, yo me siento muy alegre porque nuestro trabajo, por lo menos el de mamá, que es del consejo comunal, esté saliendo bien, porque nosotros los niños podremos tener nuestra escuela cerca y bonita.

Aracelys Delgado, directora de la Escuela Básica Guzmán Blanco

―¿Cúal importancia de seguir adelante con este proyecto donde la autogestión y planificación comunitaria son ejes fundamentales?

Yo creo que la comunidad debe tener sentido de pertenencia y mucho compromiso para seguir adelante con este proyecto porque en realidad nos sentimos bien contentos con esta iniciativa, yo que formo parte de la comunidad y vivo en esta comunidad y mis familiares y alumnos también estamos muy contentos. Un gran logro seria ver la escuela construida ya que por más de 40 años hemos estado en la espera de esto porque la escuela que tenemos es muy pequeña. Esto es el mejor regalo para la comunidad y para los niños que están super contentos en saber que ellos fueron los que elaboraron con sus ideas la maqueta de la escuela. Ellos diseñaron como querían su escuela, con una piscina, salones grandes, comedor, y eso es lo que se esta visualizando, y esperamos que esto continué, que cuando ellos estén grandes puedan decir que fueron parte de la construcción de su escuela.

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