Pedro Calzadilla: “Estamos en el proceso de resistencia para no volver al control de las élites”

16 mayo, 2016

10052016_DCB9872Pedro Calzadilla, presidente del Centro Nacional de Historia, fue entrevistado para el medio digital Contrapunto por la periodista Vanessa Davies. Sostiene que “hay un proyecto de país reflejado en la Constitución al cual la mayoría de los venezolanos no va a renunciar”. Hace un recorrido sobre los diferentes momentos históricos entre 1830 y 1998 en los que las élites burguesas han fortalecido su poderío. Reconoce los problemas graves que vive la población en este momento, y señala que “estamos en el proceso de resistencia para no volver al control de las élites y la pugna por reconquistar el control de los pobres, que al final es la única garantía que tienen las élites para poder desarrollar su riqueza”.

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Texto: Contrapunto (Vanessa Davies / Fotos: Dagne Cobos)

La conversación con el historiador Pedro Calzadilla, presidente del Centro Nacional de Historia (CNH), se va “calentando” en la medida que el relato de Venezuela se centra en este tiempo presente de colas y escasez: dos problemas atribuidos por el chavismo a la denominada guerra económica y a una conspiración interna con apoyo externo; y achacados por la oposición a lo que percibe como el fracaso y la agonía del proyecto político emprendido por Hugo Chávez desde finales del siglo XX.

Calzadilla, exministro de Cultura y de Educación Universitaria, no se queda callado a la hora de defender las ideas en las que milita ahora y en las que ha militado durante años. Tampoco está perdido entre documentos del ayer y ausente de un hoy que –para nadie es un secreto- cada vez es más tenso y difícil. Como hombre formado en la izquierda, tiene el olfato necesario para saber que en Venezuela hay descontento, que hay malestar; no obstante, lanza su apuesta por el proyecto de Chávez, por la Constitución de 1999 y por la posibilidad de convivencia de todos los sectores aunque piensen diferente. Es justamente la Carta Magna, tal como lo explicó en conversación con Contrapunto, el espacio en el que dos proyectos en pugna pueden coexistir.

-¿Estamos condenados a una guerra civil?

-Para nada. Estoy seguro de que no.

-¿Podemos seguir en esta situación en la que estamos, de una tensa calma?

-Aquí sabemos que la escala de lo que está en juego no es cualquier cosa. Estamos sobre las reservas fundamentales de petróleo del planeta. Ante eso, no hay piedad, no hay clemencia. No hay nada que pueda dejar de hacerse para meterle la mano a eso. Por eso uno no sabe hasta dónde pueden llegar. Todo depende de la sensatez de los venezolanos que están dirigiendo ese movimiento.

-Ese movimiento es oposición. ¿Y el gobierno? ¿No es la sensatez de todos?

-Hay un orden constitucional. Hay poderes establecidos. Hay normas. Dentro de eso, la sensatez. Fuera de eso es la locura. Si no me gusta Capriles Radonski como gobernador, entonces le hago guarimbas. ¿Qué tal? Vamos a quemar, cerramos las calles…

-El revocatorio está en la Constitución.

-El revocatorio está en la Constitución. Es una conquista de este pueblo, de nosotros. No nos van a hablar a nosotros de revocatorio porque es una conquista nuestra, del pueblo bolivariano. Es nuestro logro. Eso tiene una manera de hacerse. ¿O es que fue mentira todo lo que hicieron en el revocatorio pasado (2004)? ¿Fue un invento del sistema de medios públicos? ¿O es mentira que son los mismos personajes? ¿O es que son otros? ¿Son unos extraterrestres que vinieron?

No estoy hablando del pueblo opositor. Estoy hablando de su liderazgo. No me refiero al pueblo opositor, que tiene razones respetadas para tener la posición política que tenga. Justamente por eso hicimos la revolución bolivariana: para que se pueda expresar en libertad todo el mundo, cosa que no ocurría antes. Aquí hay libertades políticas plenas, como no las hubo nunca.

-¿Incluso en este momento?

-Claro. No hay una garantía constitucional suspendida.

-Puede no estar suspendida, pero por la vía de los hechos se suspende.

– Ponme un ejemplo. ¿Qué hay fallas? Sí. ¿Qué hay cosas que no hemos podido concretar para que esa Constitución se haga buena? Montones. Ahora, ¿eso me conduce a mí a decir que voy a impulsar que Primero Justicia arregle esto? ¿Ellos sí van a arreglar esto? ¿Cómo? Ciento ochenta y pico de años dirigiendo esta sociedad, y no pudieron. ¿Qué aprendieron a hacerlo de manera distinta? Está por verse. Tienen que ganar las elecciones. Ganen las elecciones. Si aquí hubiera ganado la oposición estarían gobernando y estarían demostrando cómo ellos acaban con las bandas criminales, como suprimen la pobreza extrema y todas esas cosas maravillosas que ellos ofrecen. Pero mientras tanto aquí hay un orden, hay unas pautas. La diatriba política, la tensión, están. Más allá de eso, más allá del pormenor hay un proyecto de país reflejado en la Constitución al cual la mayoría de los venezolanos no renunciará. Gobierne quien gobierne este país tendrá que hacer buenos los principios que están en esa Constitución.

El pueblo “fuera del corral”

10052016_DCB9915Calzadilla evalúa que en 1830 se instauró un nuevo proyecto nacional que, con algunas variaciones y diferencias -y un tránsito por diversas etapas y diversos matices- se sostuvo hasta 1999. Antes de ese año no hubo un proyecto político “que cuestione radicalmente el proyecto que nace en 1830”, que es el de la “república de los propietarios”. Fue en 1999 cuando, con la nueva Constitución, se dio inicio a un nuevo proyecto de nación, caracterizó el historiador. No obstante, hubo varios momentos en los cuales “el pueblo se les salió de control a los grupos dominantes; es decir, que el pueblo se les salió del corral”.

El primer momento, de acuerdo con su análisis, fue el movimiento popular encabezado por José Tomás Boves en 1814, con las masas de pardos y negros que pusieron en peligro el orden dominante y que sembraron el miedo a perder propiedades y vidas. Le siguió lo sucedido en 1830, cuando José Antonio Páez pasó de ser el líder de los “sin nada” a jefe de la oligarquía. Esto se hizo con base en un “pacto de élites”, que avanzó hacia la Constitución de 1830, describió.

El segundo momento de la salida del pueblo “del corral” está marcado por las rebeliones campesinas de 1840 en adelante, que se “empata” con los años 50, el advenimiento de Ezequiel Zamora y de la Guerra Federal, señala Calzadilla. Pero al asesinato del hombre de “tierras y hombres libres” le siguió, según el historiador, un pacto que conduce a la élite a tomar el poder nuevamente.

El tercer momento, ya en el siglo XX, se extiende desde la muerte del dictador Juan Vicente Gómez e incluye “la aparición de sectores humildes en la política con derecho propio”. Sin embargo, luego del 23 de Enero de 1958 -con la caída del régimen de Marcos Pérez Jiménez, la Constitución y otro pacto, el de Punto Fijo- “las élites recontrolan el país”.

Para Calzadilla, el cuarto momento toma vuelo con la llegada de Hugo Chávez a la Primera Magistratura en diciembre de 1998, luego de sucesos como la rebelión popular de El Caracazo, en 1989. “A mi juicio, el pueblo se sale del control de las élites”, reconstruye.

-¿En qué momento estamos?

-En ese. En el cuarto.

-¿Aunque Chávez falleció?

– Aunque Chávez falleció. Estamos en el proceso de resistencia para no volver al control de las élites y la pugna por reconquistar el control de los pobres, que al final es la única garantía que tienen las élites para poder desarrollar su riqueza.

Con la muerte del expresidente Hugo Chávez “se ha acrecentado la arremetida contra la revolución bolivariana”, ya que Chávez era el centro de gravedad del proceso, “de la espiritualidad política, histórica de la revolución”, puntualiza Calzadilla.

El historiador -quien deja abierta la hipótesis del posible asesinato del exmandatario y opina que, si no lo mataron, su fallecimiento les vino a los grupos de poder como anillo al dedo- expone que la muerte de Chávez “coloca a la revolución bolivariana en otra dimensión”. Es “un desafío enorme”, porque es ver “cómo continuamos con estos ‘amigos’ poderosísimos de aquí y de fuera haciendo lo posible por detener la revolución bolivariana”, sintetiza.

“Estamos en el proceso de resistencia para no volver al control de las élites”, enfatiza

Como en 2002

-Pero el pueblo está pasándola mal. Hay colas, problemas en la vida cotidiana. ¿Resistencia contra quién?

– Ese es el razonamiento y es la razón de un movimiento insurreccional contra este gobierno para provocar su salida. Estas condiciones confirman que “no es que yo quiero tumbarlo, sino que el pueblo está molesto, que este gobierno sí es malo, mira cómo tiene a la gente haciendo cola, yo no estoy haciendo nada”. Pero esto es la acción del paro petrolero (de 2002) sin responsables; absolutamente nadie da la cara.

-¿Le parece que este momento es igual a 2002?

-Sí, en el sentido de que hay una acción de los empresarios, de los grupos económicos, de los sectores políticos, de los sectores internacionales. Siempre es bueno que Obama salga y hable cosas malas de nosotros, porque quizá alguien diga “de verdad como que está metido Estados Unidos conspirando”. Son tan invisibles, que habrá que esperar 20 años para que liberen los archivos y digan que sí, como en Chile: que Estados Unidos estuvo implicado.

-¿Equipararía oposición con élites?

-Estoy hablando de proyectos, no de individuos.

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-¿El proyecto opositor sería la restauración de qué?

– La vuelta a un orden, el restablecimiento del viejo proyecto nacional. Es el proyecto de la burguesía. Es la restauración del proyecto nacional, que es el proyecto de la burguesía. Estoy usando categorías del profesor Germán Carrera Damas, quien define así al proyecto nacional y a los otros proyectos como proyectos alternativos. Siendo coherentes con ese esquema, el proyecto de la revolución bolivariana es un proyecto alternativo, que suprime la conducción y el liderazgo de la sociedad de manos de grupos económicos.

-¿Es este el gobierno más corrupto de la historia, como dicen algunos historiadores?

-En absoluto.

-Hay historiadores que lo dicen.

-Por supuesto. Antes de Chávez se burlaban del intelectual comprometido, del historiador comprometido. Y Chávez volvió a todo el mundo comprometido. Todos los intelectuales, todos, absolutamente todos, desde el que está buscando una rima para completar una égloga o un soneto, todos estamos metidos en un gran debate nacional de diversas maneras. Quienes se burlaban del historiador comprometido me complace ver que son historiadores comprometidos, que señalan que los intelectuales deben salir en defensa del país. Eso es lo que dijimos siempre. Por eso se burlaron de Luis Cipriano Rodríguez hasta el cansancio: lo condenaron en la universidad, hacían mofa de él. Me encanta que mis colegas sean historiadores militantes y que nos batamos por los destinos del país. Tiene que ser así. No puede ser de otra manera. Pero lo importante es que esos historiadores…

-Esos historiadores que dicen que este es el gobierno más corrupto de la historia…

-Qué falta de objetividad. Dicen no solo que es el gobierno más corrupto, sino que ha perseguido la libertad de expresión, que es el que más ataca los derechos humanos. Quienes defendemos la revolución bolivariana tenemos varios récords. Esas son mentiras. No tengo la menor duda de que son mentiras. Se pudiera hacer un escrutinio de dónde venimos y de quiénes en el pasado guardaron silencio y quiénes no guardaron silencio ante las tropelías todavía mayores que las que ellos enuncian que existen. Instituciones académicas de mucho prestigio acompañaron y guardaron silencio ante el horror de una historia y ahora hacen comunicados, se rasgan las vestiduras.

-Pero hay casos de corrupción escandalosísimos.

-Sí. Hay casos de corrupción escandalosísimos y hay, como nunca, funcionarios que están detenidos o en juicio, perseguidos por la justicia. Yo quiero ver la lista de cuáles son los grandes funcionarios destacados, de los gobiernos anteriores, que no fueron ni siquiera investigados. ¿Hablar de la corrupción? Podemos hablarlo. No tengo prurito. Podemos ver cómo existe en la sociedad venezolana, como en otras sociedades latinoamericanas y del mundo, y cómo hoy día esos temas vinculados con la corrupción tienen la preferencia en algunos escenarios comunicacionales, que convierten esos temas en los temas centrales de la agenda, algunos con razón y otros sin fundamento.

Sometida a prueba

-¿Hay revolución en Venezuela?

-Hay revolución. Si no hubiera revolución en Venezuela no hubiera un Obama declarando, no saldrían Rajoy y Aznar declarando como lo hacen. Me encanta que salgan y que digan, porque los que están provocando las guerras en el mundo dicen que están muy preocupados por la situación de Venezuela. Cuando los veo a ellos, digo: “Hay revolución en Venezuela”. Y la primera revolución es el petróleo: no lo tienen, lo quieren recuperar. A ninguno de esos megapoderes les importa el pueblo de Venezuela; lo que les importa es el petróleo, el negocio y la distribución de las divisas. Ahí se resume la historia del siglo XX venezolano.

Calzadilla sentencia que el Gobierno de Venezuela “es independiente”, aun cuando precisa que “nadie es independiente absoluto”. Que el país no tenga que rendirle cuentas a Estados Unidos “para mí tiene un valor, y estoy dispuesto a jugármelas todas con eso”. Tal como lo razona, en Venezuela hay dos proyectos diferentes que siguen en pugna: “El nuestro, que plantea la lógica de la humanidad, contra la lógica del capital”. Y cada quien opta, concluye el historiador.

“En ese sentido entiendo las colas, el desabastecimiento, la circunstancia. Las élites económicas siempre han chantajeado a las élites políticas con el desabastecimiento para conseguir el aumento de precios”, alega.

-¿El pueblo que se fue con Boves en 1814 no puede decir ahora “no quiero nada de revolución”?

-En la historia no está nada cerrado. La política es un juego abierto. Creo que es una pregunta que se están haciendo ellos: ¿Qué ha pasado, dónde están nuestras masas que no salen a derrocar este gobierno? No digo que no pueda ocurrir. Es una situación delicada. No dicho por mí; dicho por el presidente Maduro. Estamos en una situación compleja: la más compleja de la historia de la revolución bolivariana. Creo que el sabotaje petrolero (de 2002) y este son los momentos más delicados. Ahora, ¿qué va a ocurrir? Podemos comenzar a opinar. Yo creo que hay dos proyectos en confrontación y creo que está siendo sometida a prueba la obra del comandante Chávez: la obra de la conciencia, de la organización. El pueblo tendrá que juzgar y saber lo que está en juego. Este es otro proyecto y en 200 años hemos tenido cuatro ocasiones de concretarlo. Esta es la única ocasión en la que el pueblo llega realmente al poder. Un gobierno realmente popular. Eso es lo que está en juego. Si la dignidad, la dignificación de los pobres de esta tierra que hizo el comandante Chávez caló hondo, los derrotaremos.

-¿Y si no?

-Si el espíritu y organización caló hondo, los derrotaremos. Y si no, la historia hablará. Igual que en el año 2002 con el sabotaje petrolero. Era un juego abierto. En el 2002 hubo una convicción política: los vamos a derrotar. Paralizaron la industria petrolera, no entraba un centavo. El pueblo también hizo cola.

-Pero estaba Chávez. ¿Sin estar Chávez el proceso venezolano puede…

-Creo que sí. El proceso venezolano está a prueba. El comandante Chávez sabía que la magnitud de su liderazgo, la conexión con su pueblo era tan profunda, que era como la llave que abrió la revolución, pero su ausencia podía ser la llave que la cerrara. Por eso él insistió en la organización popular, en la conciencia; insistió en la movilización en los distintos escenarios. Es ahí donde estamos, es ahí lo que se va a probar ahorita, Vamos a ver quién más puede.

-A ese “vamos a ver quién más puede”, ¿usted le ve un tiempo?

-Independientemente de los desenlaces políticos que puedan ocurrir, no sé si alguna persona de la intelectualidad crítica de la oposición ha puesto sobre la mesa “qué vamos a hacer nosotros con este país” si les tocara a ellos gobernar. Qué vas a hacer con un poder que tiene limitaciones, que tiene problemas. Hay cientos de miles de venezolanos que se apoderaron a través de la organización social, de la conciencia. Ese es un modelo conectado con el modelo de la revolución bolivariana, e inviable en el otro modelo.

La Constitución, la convivencia

-¿No puede haber convivencia entre los dos modelos? ¿Estamos condenados a matarnos?

-Siempre he dicho, y es lo que uno espera, que la Constitución de la República Bolivariana es el espacio de la convivencia. Chávez lo crea porque es el único espacio posible para que no nos matemos, para que salgamos de donde venimos. ¿O es que El Caracazo fue qué? ¿Un espacio de convivencia? ¿Zamora qué fue? Lo que ellos plantean no es un espacio de convivencia.

-Tampoco lo es la Constitución. ¿O sí?

-Sí. Creo que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que gracias a Dios todos hoy día defienden -porque no siempre fue así-, esa Constitución es el marco donde podemos todos encontrarnos y vivir.

-¿Lo dice por ambos sectores?

-Lo digo por la oposición. Hay que ser leales a esa Constitución. Nos toca jugar con lealtad a un conjunto de ideas, valores y principios que están allí.

-¿Sectores del Gobierno Nacional no están vulnerando esa Constitución?

-Habría que ver cuáles son los casos. Habría que ver caso por caso, puntualmente. Todo eso entra dentro de la historia. Los procesos históricos son así: son un enredo, una complejidad. No es una línea. En todas partes hay de todo: hay individuos, hay grupos. Ahora, el proyecto que está allí compendiado, no tengo la menor duda, es el único camino a la paz.

-¿La Constitución es el único camino a la paz?

-Sí. No tengo la menor duda. Esa Constitución, profundamente democrática como nunca, aprobada además en referéndum. Lo que pasa es que se nos olvida de dónde venimos…

-¿Lo dice por los 17 años?

-Claro. Se nos olvida todo lo que hemos hecho y todo lo que nos han hecho. Podemos ir año por año. Me pregunto cuánto hubiera durado el gobierno del Pacto de Punto Fijo si hubiera tenido en contra, además de la insurgencia interna, conspiración de grupos económicos, conspiración de poderes internacionales.

En perspectiva histórica, opina Calzadilla, la revolución “es viable”, aun cuando, como todo proyecto político, “está sometido a las adversidades”. El historiador tampoco es un funcionario público que vive en Narnia o en Disneylandia, y esto queda claro con sus mismas interrogantes y aseveraciones: “¿Errores? Muchos. ¿Fallas? Muchas. ¿Hay que hacer ajustes? Yo creo que sí. Se han hecho algunos, algunos están por hacerse”.

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Pero a pesar de este panorama complejo, mantiene su posición: “No pedimos tregua. No nos van a dejar quietos nunca, y el día que nos dejen quietos, diremos que algo ha pasado que nos dejaron quietos”.

Acoso externo, errores internos

Para nadie es un secreto que buena parte de la juventud venezolana protagoniza un éxodo. Calzadilla, como exministro de educación universitaria, piensa que el Gobierno les abrió las puertas de las universidades a los sectores más pobres del país. “Un tercio de la población está en las aulas de clase”, reivindica el historiador, quien hace un recuento de los estudiantes humildes a quienes pudo conocer y que tuvieron acceso a las aulas en estos 17 años.

Sin embargo, no escurre el bulto de un asunto espinoso. “El de los jóvenes que se van en busca de mejores condiciones es un tema, una inquietud, porque la situación en Venezuela es una situación difícil. Actualmente no hay una vida regular en Venezuela. Nosotros no estamos en una situación regular. Es una situación conmocionada”, considera. El de la marcha de las y los jóvenes “es un tema de inquietud” y “nadie puede ignorarlo”. No solo eso: a su juicio, debe ser atendido “como tantos otros problemas”, igual que la criminalidad y las bandas delincuenciales.

-Que no son culpa de Obama. ¿O sí? ¿Es un problema del imperio o es un problema de gestión aquí?

-Tiene un componente de gestión aquí. Ahora, la revolución bolivariana no gobierna México, la revolución bolivariana no gobierna Centroamérica, la revolución bolivariana no gobierna Colombia. Este es un fenómeno que tiene explicaciones dentro, pero que es un fenómeno, incluso, en Estados Unidos. El Estado nuestro, que hemos tratado de fortalecer y que se ha fortalecido, es un Estado desmantelado por el Pacto de Punto Fijo, debilitado al máximo. ¿Cuándo aparecieron las empresas de seguridad en este país? ¿Cuándo aparecieron los guachimanes?

-Eso se podía decir en 1998, pero estamos en 2016. ¿El Estado sigue desmantelado?

-El Estado fue desmantelado. Nosotros lo hemos fortalecido. Lo desmantelaron antes en una acción terrible. Creo que es la peor herencia que nos dejó Punto Fijo.

El presidente del Centro Nacional de Historia remarca este punto: que el Estado fue privatizado, que poco a poco se lo liberó de sus responsabilidades.

-Pero son 17 años de gobierno, de gestión de la revolución.

-Son 17 años de gestión y 17 años de una acción concertada de todos los poderes. Podemos ir año por año para que veamos a qué se dedicó la oposición año por año.

Es del chavismo es “un gobierno remando a contracorriente de los poderes fácticos”, defiende el historiador. “No pedimos tregua. No la pedimos. Seguimos en batalla. Asumimos los errores, asumimos la autocrítica, pero estamos convencidos de que es una epopeya humanitaria lo que está en curso en Venezuela”. El de la revolución bolivariana es “el único proyecto viable que nos puede hacer vivir” en paz, reflexiona.

-¿La Constitución?

-Este proyecto es el único proyecto que puede hacernos vivir más o menos en paz.

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