César Vallejo nació un día que Dios estuvo enfermo

vallejo23834984César Vallejo, a quien Nicolás Guillén describió como: “Un hombre silencioso, magro, indio de pelo atesado y liso”, escribió sobre el indigenismo, el humanismo, el existencialismo, el comunismo, el capitalismo, los conflictos armados; así como el dolor, la compasión, la muerte, Dios, la represión, la justicia social, la exclusión y el hambre. Indiscutible fue su desgarradora ternura, su melancolía y también su llamado a la rebelión. Sin duda, la poesía de Vallejo constituye un proyecto social y político, donde están presentes sus orígenes, los paisajes, características geográficas y culturales de su tierra y su gente; así como la realidad latinoamericana, su posición contra la guerra, y su convicción por la causa revolucionaria.

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Autora: Lorena Almarza, CiudadCCS

Para Vallejo, la poesía era un acto de comunicación a través del cual cuestiona, deja ver y nos hace sentir. Su poesía nos conecta con la realidad y cuando dice dolor, hambre, lo hace de forma tal que su dolor, su hambre es también nuestra, y de todos. Mariátegui refirió sobre la obra de Vallejo: “(…) señala el nacimiento de una nueva sensibilidad. Es un arte nuevo, un arte rebelde que rompe con la tradición cortesana de una literatura de bufones y lacayos”. Destaca igualmente que “es el poeta de una estirpe, de una raza (…) es un creador absoluto (…)”.

Según el Amauta, la genialidad de la obra de Vallejo está en su carácter o “actitud indígena”, la cual logra no por tomar de manera artificiosa palabras en quechua, sino que emerge de su propia esencia: “(…) Uno de los rasgos más netos y claros del indigenismo de Vallejo me parece su frecuente actitud de nostalgia. Valcárcel, a quien debemos tal vez la más cabal interpretación del alma autóctona, dice que la tristeza del indio no es sino nostalgia. Y bien, Vallejo es acendradamente nostálgico. Tiene la ternura de la evocación. Pero la evocación en Vallejo es siempre subjetiva (…) Vallejo es nostalgioso, pero no meramente retrospectivo. No añora el imperio (…) Su nostalgia es una protesta sentimental o una protesta metafísica”.

BIOGRAFÍA MÍNIMA

César Abraham Vallejo nació el 16 de marzo de 1892 en Santiago de Chuco, en Perú, en el seno de una familia tan numerosa como humilde. En su casa tenían la única biblioteca existente en el pueblo, herencia de los dos abuelos sacerdotes, pero muchos libros eran por supuesto religiosos. En 1905 terminó sus estudios primarios y fue a Huamachuco a estudiar en el Colegio Nacional de San Nicolás donde terminó la secundaria en diciembre de 1908, cuando tenía 16 años. En 1910, tras cuatro días de viaje a caballo, llegó a Trujillo y se inscribió en la Facultad de Filosofía y Letras. Al año siguiente, se fue a Lima con la idea de estudiar medicina pero en breve abandonó esa idea y regresó a Trujillo. Para poder sustentarse se empleó en una hacienda azucarera, donde fue testigo de la más cruda explotación.

Allí apenas despuntaba el alba, más de cuatro mil peones salían al campo hasta el atardecer sin descanso. Luego de un año de presenciar vejámenes y sometimiento físico y espiritual, decidió regresar a Trujillo y retomar sus estudios de Letras. Se inscribió también en la Escuela de Derecho y trabajó como profesor en el Colegio Nacional de San Juan. Con su tesis: El Romanticismo en la Poesía Castellana, obtuvo en septiembre de 1915, su título en Filosofía y Letras, y el reconocimiento entre artistas e intelectuales. Participó en el Grupo Norte, antes conocido como La Bohemia de Trujillo, donde compartió con el periodista y escritor Antenor Orrego, el escritor y periodista José Eulogio Garrido, el poeta educador y político Alcides Spelucín, el poeta Juan Espejo Asturrizaga, y el pensador y político Víctor Raúl Haya de la Torre. Ganó incluso, el primer premio en un concurso poético local y publicó sus primeros versos en la revista Cultura infantil.

VALLEJIANDO

En 1918 se instaló en Lima y trabajó como profesor en el Colegio Barrós, donde luego se hace director. A mediados del año siguiente, animado por Abraham Valdelomar y Manuel González Prada, publicó Los Heraldos Negros, una obra que tiene la herencia del modernismo, debido a la influencia de Rubén Darío en Vallejo, pero que expone una nueva forma de creación poética.

En esta época también publicó con regularidad poemas en la revista Suramérica, del periodista Carlos Pérez Cánepa. En 1920 visitó su tierra natal y resultó injustamente acusado de participar en una revuelta. Fue encarcelado del 6 de noviembre de 1920 al 26 de febrero de 1921, donde ocupó sus horas leyendo y escribiendo.

Tras salir en libertad regresó a Lima y publicó en 1922 Trilce, su segundo libro, más vanguardista. A los pocos meses ganó el certamen literario organizado por la Sociedad Cultural Entre Nous con el cuento titulado Más allá de la vida y la muerte.

SUFRIMIENTO Y RENACER MILITANTE

En junio de 1923 partió a Francia, donde estuvo una temporada que alternó con viajes a la Unión Soviética, España y otros países europeos. Su estancia en París fue una época de extrema pobreza y gran sufrimiento tanto moral como físico.

Participó junto a Huidobro, Gerardo Diego, Juan Larrea y Juan Gris en actividades de vanguardista para luego encaminarse hacia el marxismo. También publicó crónicas y relatos en la revista Amauta, dirigida por José Carlos Mariátegui, y en El Comercio, donde la necesidad de crear una gran patria para los peruanos fue tema constante. Fue un militante muy activo y escribió diversos artículos para periódicos y revistas, piezas teatrales, relatos y ensayos de carácter político. En 1931 se inscribió en el Partido Comunista de España y publicó su novela Tungsteno. Apoyó decididamente al Ejército republicano y fue nombrado corresponsal durante la Guerra Civil en España. En 1937 asistió al Congreso de Escritores Antifascistas en Madrid, con el fin de sumar esfuerzos en la lucha contra el fascismo y reafirmar su compromiso como intelectual con el pueblo. Al Congreso también asistieron Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Ernest Hemingway, Octavio Paz, Ramón Gómez de la Serna, Rafael Alberti, Miguel Hernández André Malraux, entre otros. De vuelta a París, fue elegido secretario de la sección peruana de la Asociación Internacional de Escritores.

El 15 de abril de 1938 “murió en París con aguacero”. Juan Larrea, quien presenció su muerte, escribió: “Murió sin aspaviento alguno, dignamente, con la misma dignidad con que había vivido”. Su poemario, España, aparta de mí este cáliz, representa el más hermoso ejemplo de la poesía comprometida y de concepto estético, circuló póstumamente en 1939, impreso por soldados del Ejército republicano. Esta obra, junto a España en el corazón de Neruda, son considerados los más grandes escritos hacia el pueblo español.

Igualmente, Poemas humanos fue publicado luego de su muerte, y lo conforman escritos que publicó en diversas revistas, los cuales eran ricos en elementos históricos, reflejaban la realidad y la lucha por la justicia y la solidaridad social.

DE NERUDA A VALLEJO

“(…) Viejo combatiente de la esperanza, viejo querido. Es posible? Y qué haremos en este mundo para ser dignos de tu silenciosa obra duradera, de tu interno crecimiento esencial?

(…) eres el espectro americano, –indoamericano como vosotros preferís decir–, un espectro de nuestra martirizada América, un espectro maduro en la libertad y en la pasión.

(…) Eras grande, Vallejo. Eras interior y grande, como un gran palacio de piedra subterránea, con mucho silencio mineral, con mucha esencia de tiempo y de especie”.

LOS HERALDOS NEGROS

[Fragmentos]

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo [no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si [ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
[se empozara en el alma… ¡Yo no sé!
Son pocos; pero son… Abren zanjas
[oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo
[más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros [Atilas;
o los heraldos negros que nos manda
[la muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos
[del alma
de alguna fe adorable que el Destino
[blasfema.
Esos golpes sangrientos son las
[crepitaciones
de algún pan que en la puerta del
[horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve
[los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos
[llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en
[la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo
[no sé!

MASA

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él [un hombre
y le dijo: “¡No mueras, te amo tanto!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
“¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la
[vida!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil,
[quinientos mil,
clamando “¡Tanto amor y no poder
[nada contra la muerte!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: “¡Quédate
[hermano!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces todos los hombres de la
[tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste,
[emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a
[andar…

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